La policía americana registra la sede arzobispal del Cardenal DiNardo

La policía americana registra la sede arzobispal del Cardenal DiNardo

Una cincuentena de agentes ha entrado en la oficina del cardenal DiNardo, presidente de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos y arzobispo de Galveston-Houston, cuya cancillería han empezado a registrar en busca de «archivos secretos» relacionados con casos de abusos sexuales del clero.

«Esta mañana, el Fiscal del Condado de Montgomery acató una orden de registro en busca de información relacionada con una investigación en curso», informaba en su página la sede arzobispal de Galveston-Houston, en Texas, de la que es titular el cardenal DiNardo, presidente de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos. «La Archidiócesis de Galveston-Houston sigue colaborando en este proceso como lo hemos hecho desde el principio. De hecho, siguiendo el compromiso de colaboración plena del Cardenal DiNardo, la información deseada ya se estaba reuniendo», añade.

En la redada, iniciada a primera hora del miércoles, participaron agentes de los Texas Rangers y del Departamento de Policía de la comunidad de Conroe, según el portavoz de la Fiscalía, Tyler Dunman.

El caso que ha justificado este registro por parte del fiscal del Condado de Montgomery es el de Manuel La Rosa López, sacerdote acusado de cuatro cargos de indecencia con un menor. La Rosa López fue detenido el pasado 11 de septiembre acusado de presuntos abusos a dos menores de ambos sexos que se prolongaron a lo largo de tres años en la Parroquia del Sagrado Corazón de Conroe a finales de los noventa.

Desde la detención de LaRosa López, las autoridades han ejecutado órdenes de registros tanto en la Iglesia del Sagrado Corazón como en St. John Fisher y el Centro Shalom, un centro de terapia en el que LaRosa pasó una temporada tras la primera acusación.

Un reportaje de la cadena local KHOU informa de que ambos denunciantes «acusan al cardenal Daniel DiNardo, titular de la Archidiócesis de Galveston-Houston, de no tomar las medidas adecuadas para neutralizar a La Rosa Lopez». Y añade que «la mujer dijo que DiNardo le prometió que el sacerdote sería apartado de cualquier contacto con niños, solo para descubrir más tarde que La Rosa Lopez se mantenía en el ministerio activo en otra parroquia, St. John Fisher, en Richmond».

DiNardo sale apenas de una plenaria celebrada este mes en Baltimore que pretendía centrarse en dos propuestas para combatir casos de abusos clericales y de encubrimiento de abusos y que, solo 24 horas antes, quedó frustrada por la prohibición vaticana de tratar dichas medidas, con enorme estupefacción entre los obispos y decepción entre los fieles.

La plenaria acabó aún peor de lo que había empezado, cuando una mayoría holgada de obispos votó en contra de sugerir a las autoridades vaticanas la publicación de los documentos en su poder relaciones con el caso McCarrick, y el detalle final que acabó por irritar a un gran número de fieles fue el nombramiento por Roma del cardenal Blaise Cupich, nombrado arzobispo de Chicago por recomendación del propio McCarrick, para dirigir el equipo de cuatro obispos que organizarán la cumbre episcopal contra los abusos que se celebrará en Roma en febrero.

 

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