El polémico ex Arzobispo de Los Ángeles, acusado de encubrir a sacerdotes pedófilos, representará al Santo Padre en una Misa Pontifical en la Catedral de Stranton, Pensilvania, para celebrar el 150 aniversario de esa diócesis.
En medio de la tormenta levantada por el famoso ‘affaire’ de la carta de la víctima de abusos sexuales clericales que fue/no fue leída por Su Santidad, ha sorprendido a defensores y críticos de Francisco el nombramiento del Cardenal Roger Mahony como enviado especial del Papa.
No es que la misión sea excesivamente transcendental: representará al Santo Padre en una Misa Pontifical en la Catedral de Stranton, Pensilvania, para celebrar el 150 aniversario de esa diócesis. Aun así, la elección del polémico ex Arzobispo de Los Ángeles, unos de los obispos acusados de encubrir a sacerdotes pedófilos durante décadas en la Gran Purga que amargó los años finales del pontificado de Juan Pablo II, parece llegar en un momento especialmente inoportuno y enviar un mensaje que no hace sino aumentar la confusión y que muchos fieles se pregunten qué significa exactamente ‘tolerancia cero’.
Mahony fue ‘liberado’ en 2013 de todos sus cargos y obligaciones públicas, que pasaron a manos del Arzobispo José Gomez, tras conocerse que no había hecho nada por impedir que sacerdotes que estaban abusando de niños entre 1985 y 2011 pagaran sus crímenes o, al menos, fueran apartados de sus tareas pastorales.
Este mismo mes sabíamos por Los Angeles Times que Mahony, forzado a pagar millones de dólares para indemnizar a las víctimas, recurrió incluso a los fondos para el sostenimiento de los cementerios diocesanos sin informar del desvío de dinero.
¿Cómo es posible que Francisco se sirva de un prelado marcado por un escándalo tan doloroso y presente para que le represente en cosa alguna?
No nos es posible meternos en la cabeza de Su Santidad, pero hay al menos dos factores que permiten adelantar especulaciones razonables. En primer lugar, Mahony representa la tendencia contraria a esa ‘resistencia’ que mencionaba el Papa en sus coloquios peruanos recientemente publicados.
Mahony ha sido siempre, hasta que estalló el escándalo, uno de los prelados favoritos de la prensa progresista americana, entusiasta de la inmigración masiva, de las iniciativas de izquierdas y de las reformas en profundidad de la doctrina y las estructuras eclesiales. No es, en definitiva y por decirlo con palabras del Papa, un hombre al que asusten en absoluto los cambios.
Por otra parte, se ha mostrado desde el anuncio de la decisión del último cónclave como un resuelto y entusiasta partidario de Francisco, llegándole a comparar favorablemente con los ‘conservadores’ Papas que le precedieron. Así, poco después de la elección del papa Francisco puso un comentario en la red social Twitter en el que decía literalmente: “¡Hasta siempre armiño papal y encaje de fantasía, Bienvenidos simple sotana y, optimistamente, zapatos negros normales y corrientes. San Francisco debe estar rebosante de alegría!”.
San Francisco quizá rebose de alegría en el Cielo con la elección de Francisco como Papa, pero es dudoso que las numerosas víctimas de abusos clericales que Mahony encubrió puedan estarlo de su elección como enviado papal.