Vallejo Balda usaba un móvil para preparar su defensa, y no para contaminar pruebas

Vallejo Balda usaba un móvil para preparar su defensa, y no para contaminar pruebas

El prelado, que teme por su vida, logró hacerse con un móvil para hablar con personas de su máxima confianza y preparar su defensa, ante la indefension a la que le ha sometido la Gendarmería vaticana. Nunca intentó contaminar pruebas.

La sala de prensa de la Santa Sede ha comunicado que «Vallejo Balda vuelve a prisión acusado de violar la prohibición de comunicarse con el exterior». Según la agencia ANSA, el prelado estaba en semilibertad pero ha vuelto a la celda.

La realidad es muy diferente, pues Vallejo Balda nunca recuperó su libertad y su situación en el palacio de los penitenciarios se parecía más a una prisión preventiva que a un arresto domiciliario.

Desde su surrealista detención en Prato, cerca de Florencia, en octubre, hasta el 22 de diciembre, Vallejo no se movió de una celda en la Gendarmería, en la que estaba vigilado por una cámara de seguridad las 24 horas, incluidos los momentos más íntimos de higiene personal y necesidades fisiológicas, y con iluminación permanente.

Poco antes de nochebuena, el promotor de justicia dio la orden de que fuera trasladado a otro lugar, dentro de la Ciudad del Vaticano, pero siempre en un régimen muy estricto. Lo anunciaron como un «arresto domicilario», pero con multitud de restricciones, a saber:

  1. Vigilancia externa y continua de la Gendarmería Vaticana
  2. Prohibición de comunicación informática y telefónica
  3. Control de la correspondencia
  4. Limitación de las visitas al abogado defensor, los familiares hasta segundo grado de consanguinidad, al director espiritual, el confesor, el personal diplomático de la embajada de España, el personal médico y paramédico, siempre con autorización previa.
  5. Posibilidad de deambular por la Ciudad del Vaticano bajo control de la Gendarmería y con prohibición de entablar contacto con terceros
  6. Posibilidad de celebrar diariamente la Santa Misa

Hay que recordar que Vallejo Balda no pudo elegir abogado, sino que le fue impuesta por la procura vaticana. Después de rechazar los tres nombres propuestos por Vallejo para defenderle, el tribunal le encomendó la defensa a Manuela Bellardini, a quien Vallejo no conocía de nada.

En esas circunstancias, y sintiéndose en absoluta indefensión, Vallejo Balda logró hacerse con un teléfono móvil desde el que contactaba con su círculo más próximo para preparar su defensa y estar informado, algo que para el promotor de justicia se trata de un intento de “contaminar pruebas del proceso”, y que ha llevado a Giusseppe della Torre a devolver a Vallejo Balda a la celda del sótano de la Gendarmería.

Sin embargo, en las semanas en que Vallejo Balda ha tenido un teléfono móvil ha podido contactar con gente en el exterior que le ha ayudado a preparar su defensa y ha tenido ocasión de dar a conocer detalles de su vida como único preso pontificio, unos detalles que acreditan que la Ciudad del Vaticano está comportándose, con el único preso que tiene, como lo hacen los déspotas de Cuba o Venezuela.

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Imagen de las constituciones de la Orden Franciscana donde Vallejo Balda guardaba el móvil con el que preparaba su defensa

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