
Tras su evidente caída en desgracia en la corte papal, que derivó en que lo ignoraran totalmente a la hora de repartir cargos en el episcopado argentino, algunos obispos se preguntan si el arzobispo de Buenos Aires, monseñor García Cuerva, no corre el riesgo de tener que dejar su diócesis, como le ocurrió a Gabriel Mestre, en La Plata. «Como Mestre -observó un influyente prelado-, tomó medidas de modo muy independiente. Que no solo no se consultaron con Roma, sino que además van contra los deseos de Santa Marta. El mismo Francisco, ante dos jóvenes sacerdotes argentinos que lo asisten, manifestó su desagrado con los cambios de García Cuerva en el Seminario, y en otros nombramientos de párrocos. Al Papa no le gusta tanta autonomía de los ‘propios ‘, y hasta le agrada que lo consulten frente a las decisiones mínimas. Prefiere él darles la libertad de elegir, y no que se la tomen a la fuerza. Pues sabe que lo hacen pensando en sus casi tres décadas menos. Y que, en principio, lo sobrevivirán»