
Cada uno puede pensar lo que le dé la gana sobre cualquier cosa y el número de los necios es infinito. Con esos presupuestos no es de extrañar que haya personas que nieguen la pandemia, la vacuna y hasta los muertos.
Y que en apoyo de sus fantasías se traigan un médico, un biólogo, un cura o cualquier indocumentado, todos absolutamente desconocidos y sin el menor prestigio personal. Como si no hubiera médicos, biólogos, curas o indocumentados que donde deberían estar es en Ciempozuelos.
La pandemia es una realidad espantosa que ha causado ya varios millones de muertos y en España más de cien mil. Eso es una realidad innegable.
Contra le enfermedad hay tratamientos paliativos y preventivos. En ambos se ha avanzado mucho y con buenos resultados. Aunque no sean cien por cien efectivos ni bastante menos. Pero se ha conseguido que entre los que han contraído la enfermedad haya menos muertos y se hayan reducido los tiempos de hospitalización y de UCI y que las vacunas reduzcan el número de contagiados y la gravedad de los mismos estando el problema en estos momentos en la falta de vacunas.
Vacunas que no son infalibles en todos los casos y que pueden producir algún efecto secundario, incluso mortal en un reducidísimo número de casos. Y ya me dirán que racionalidad existe n oponerse a la vacuna porque pueda causar diez muertes por cada millón de casos, en realidad muchos menos, cuando el Covid puede matar a treinta por cada mil casos y si se trata de ancianos a doscientos.
Pues eso es lo que hay. Y el que no se quiera vacunar, que no se vacune aunque se puede encontrar que sin carnet de vacunado no le permitan acceder al transporte público, a un centro comercial, docente o de trabajo y hasta a un hospital. Para que no contagie a los demás.
Y propagandas negacionistas en el Blog, tampoco.
Lo que no quiere decir que no haya decisiones estúpidas como la de llevar mascarilla por el monte, suprimir o limitar ridículamente los actos religiosos una vez establecidas lógicas medidas de seguridad o las comparecencias del doctor Simón o del ministro Illa que no pocos piensan debían haber sido llevadas a los tribunales.