El ‘arreglo africano’ sobre Fiducia supplicans es una bomba de relojería

El ‘arreglo africano’ sobre Fiducia supplicans es una bomba de relojería

El reciente comunicado de la Iglesia africana, que reitera su negativa a aplicar Fiducia supplicans, esta vez con el permiso expreso de Doctrina de la Fe y el Papa, se ha recibido con un suspiro de alivio en el mundo católico. La unidad está a salvo. A largo plazo, sin embargo, podría ser el peor resultado posible.

“Por esta razón, nosotros, los obispos africanos, consideramos inapropiado bendecir uniones homosexuales o parejas del mismo sexo en África porque, en nuestro contexto, esto causaría confusión y estaría en contradicción directa con el ethos cultural de las comunidades africanas”, reza el comunicado del cardenal Ambomgo, presidente del Simposio de conferencias episcopales de África y Madagascar. “El lenguaje de Fiducia supplicans sigue siendo demasiado sutil para que la gente común lo entienda. Además, sigue siendo muy difícil convencer de que las personas del mismo sexo que viven en una unión estable no reclaman la legitimidad de su propio estado”.

¿Hace falta ‘traducirlo’ al lenguaje común o es suficientemente claro? Lo que los africanos están diciendo aquí viene a ser: “Aceptamos que Fiducia supplicans es un magisterio impecable, pero, entiéndannos, nosotros estamos aún muy atrasados y nuestra gente no lo entendería. Permítannos quedar fuera de esta innovación que nos supera”.

Y a quienes llevan ya años empeñados en cambiar la doctrina sin tocarla, por el provechoso método de “lo pastoral”, de “abrir procesos”, que tan eficaz se ha demostrado, les importa más bien poco si los africanos bendicen o no parejas gays. Ese no es su objetivo en absoluto, por más que se pongan líricos hablando de “las periferias”, una coartada tan grande como la supuesta ‘sinodalidad’.

No: ellos apuntan a Alemania, a Estados Unidos, a Europa. Ese es el mercado al que atienden con esta declaración a todas luces innecesaria e inoportuna, en el mejor de los casos.

Pero lo que consiguen con esto es lo que el padre Santiago Martín llama “una Iglesia de dos velocidades”, exactamente el resultado que se consiguió y comentó con la exhortación postsinodal Amoris laetitia: que lo que es lícito y aun loable en un territorio sea pecado en otro. De hecho, esto, lejos de salvaguardar in extremis la unidad de la Iglesia garantiza su división.

Tan preocupante o más es el aspecto de ‘sociologización’ de la doctrina, la idea de que el pecado lo es solo por ‘cuestiones culturales’, porque en determinados territorios todavía no han avanzado lo suficiente.

Así tenemos al arzobispo electo de Bamberg, nombrado por Francisco, que pide ya que se dé un paso más y la Iglesia decrete que la sodomía no es ya un pecado grave. ¿Por qué no? Sin duda algo así no “estaría en contradicción directa con el ethos cultural de las comunidades alemanas”.

La Iglesia en África dice no rotundo a las bendiciones a parejas homosexuales con el aval del Papa

Ayuda a Infovaticana a seguir informando