Sonreír… en la impunidad

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El 30 de septiembre, los medios informativos vaticanos dieron cuenta del nombramiento de nuevos miembros para la Comisión Pontificia para la Protección de Menores, instituida en 2014, para prevenir y erradicar los abusos del clero, ahora con un equilibro en la paridad, con diez son mujeres y diez hombres abarcando a los cinco continentes.

La comisión es comandada por el arzobispo de Boston, cardenal Sean O`Malley quien aseguró que los designados son otra de las apuestas del Papa Francisco, según para dar un paso más y hacer de la Iglesia un lugar seguro para los niños y las personas vulnerables, destacando que los nuevos integrantes tienen un background impecable además de la pasión común por el bienestar de los más vulnerables.

En esa comisión están víctimas de abusos, como el chileno Juan Carlos Cruz, cercano al Papa Francisco, uno de los de Fernando Karadima, pero las últimas designaciones fueron como sacarlas a la luz para que pronto se apagaran. Quienes se enteraron acusaron recibo de perplejidad e indignación, al saberse que en ese paquete está la psiquiatra Patricia Espinosa quien ocupará un asiento es ese consejo hasta 2027.

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En Infovaticana, el vaticanista Specola no dejó cabo suelto y, con agudeza, hizo un serio cuestionamiento del nombramiento, bien lo dijo: menos conocido y no deja de ser desastroso. Patricia Espinosa, afirma Specola, “se vende con un abultado curriculum académico y profesional con formación en medicina, psicoanálisis, teología, filosofía y prevención de abusos en ambientes eclesiales”.

Irma Patricia Espinosa Hernández es una verdadera devota de Hibris, maestra de la adulación, orgullo y revancha. Su ascenso hasta el Vaticano fue gracias al pragmatismo psicologista de la adulación, pisando peldaños, endulzando oídos y maniatando a sus enemigos. Echó raíces en la Universidad Católica Lumen Gentium al amparo del rector Federico Altbach. Esa mancuerna llevó al desastre la formación de los seminaristas en el Conciliar de México tanto que las secuelas han llevado a que el otrora glorioso Seminario viva una de las peores crisis de su historia, ni siquiera comparada comparada con los años posconcilares, decadencia que el obispo Luis Manuel Pérez Raygoza busca revertir.

 El nombramiento de Espinosa no puede, como afirma Specola, atribuirse a la ignorancia, es una decisión consciente y discernida. ¿De quién?

Los antecedentes se han contado. En la Lumen Gentium,  «Patricia, la encantadora»  fue acusada de jugar con las conciencias e infundir temor incluso usando prácticas inmorales como jugar con el papel de profesor y  manipular como terapeuta con irregulares prácticas en las que prescribía medicamentos controlados a los alumnos.

Patricia Espinosa, decían las víctimas, encabezaba lo que ellos calificaron una secta de psicólogos con la marca Leguel-Gelover Terapeutas. Se valieron del nepotismo en el Seminario Conciliar para que sus familiares fueran pagados por la institución o lo que es lo mismo, del dinero del pueblo de Dios. Gozaron de desmedida protección que resulta incomprensible especialmente por el manejo y chantajes contra los alumnos quienes admiten que la personalidad de Espinosa “enamora y convence”.

Usó las armas que le dan la ventaja de conocer a los alumnos con el manejo de información  sensible y personal. Sus subjetivas apreciaciones eran ley en las reuniones de formadores para acabar con las vocaciones a su antojo.  Su herramienta era el chantaje contra los alumnos para impedir la expedita tramitación de sus papeles y títulos.

¿Por qué? Según los estudiantes, Patricia Espinosa y su secta de terapeutas estarían haciendo de la Universidad una auténtica minita de oro para hacer negocio con medicamentos controlados y terapias, una clientela cautiva, manipulando expedientes e incluso pruebas.

Pero hay más. Los testimonios aseguran que Espinosa y su secta de psicólogos apostarían por la detonación de la formación sacerdotal. Una jugada fue el desafortunado tendedero del día de la mujer del 2020. Sus ideas feministas abrieron estigmas levantando acusaciones sobre acoso que, ahora, se sabe fueron calumnias en contra de seminaristas y formadores que no fueron ciertas y de las Espinosa se lavó las manos.

Ganó las confianzas de la Universidad Pontificia de México para ser integrante del Consejo Consultivo Científico de Centro de Protección de Menores de la Universidad Pontificia de México -CEPROME- Tras la partida del director, el padre Daniel Portillo, a Roma como profesor de tiempo completo en la Pontifica Universidad Gregoriana, se rumoró que Espinosa podría salir de la Lumen Gentium por la puerta de atrás con un nombramiento que representase un cambio seguro y discreto. Al poco tiempo, se incorporó a esa universidad como asistente en el instituto de antropología como parte de la curricula del diplomado en protección donde da clases de identificación y trabajo con abusadores, no sin antes agradecer a Claudia Sheinbaum su vacunación para salir del país. 

Pero la pregunta no ha tenido la conveniente respuesta. Hasta donde se conoció, tras la exposición pública de los testimonios, hubo persecución y descrédito de los estudiantes. En el nombramiento a la Pontificia Comisión para la Protección de Menores de la psiquiatra se palpa el aterciopelado encubrimiento de potenciales fechorías que no han tenido la pertinente aclaración ni se ha sabido si las denuncias tuvieron el adecuado desahogo. El asunto llegó hasta la nunciatura apostólica en el tiempo de Franco Coppola, desafortunadamente sin respuesta. Nadie tuvo la comedida responsabilidad de investigar tan infausta calaña y se fue. Ahora, Espinosa sonríe… inmune e impune.

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