El inicio de cursos de la Universidad Pontificia de México (UPM) 2021-2022 fue propicio para el relevo de autoridades académicas donde llegaron a su término nueve años consecutivos de la rectoría encomendada al Pbro. Mario Ángel Flores Ramos.
La mañana del 16 de agosto, ante un reducido auditorio debido a las medidas sanitarias, el Pbro. Dr. Alberto Anguiano García, del clero de la arquidiócesis de Monterrey, prestó su profesión de fe y recibió la venera y birrete de su encargo de manos del arzobispo Carlos Aguiar Retes, gran canciller de la Universidad Pontificia de México, siendo testigos los obispos Adolfo Miguel Castaño Fonseca de la diócesis de Azcapotzalco, Alfonso Miranda Guardiola, secretario general de la Conferencia del Episcopado Mexicano, Héctor Mario Pérez Villarreal, auxiliar de México, Juan Manuel Mancilla, de la diócesis de Texcoco, representantes de la nunciatura apostólica, del consejo financiero, de profesores del claustro universitario, bienhechores y alumnos.
Claro y sin ambages, lo que se considera el discurso programático del nuevo rector del trienio 2021-2023 tuvo presente los aspectos urgentes que México y la humanidad sufre desde la pandemia por el covid-19, pasando por la migración, la escalada de violencia y la degradación del medio ambiente.
Anguiano García señaló que el ciclo escolar y la nueva etapa que inicia en la UPM se da en medio “de una más virulenta ola de contagios a causa del SARS COV 2 que además de cobrar la vida de millones de personas ha trastornado nuestros hábitos de trabajo de estudio de recreación y de convivencia, pero además iniciamos en medio de una segunda epidemia que desde hace más de 15 años afecta a los mexicanos y consiste en esa ola de violencia aún más letal que el coronavirus y que el día recientes ha escalado nuevas cifras récord; sin embargo, los problemas que caracterizan nuestro presente no son solo locales sino que alcanzan también las fronteras tal como lo muestra el drama de una migración que crece de modo alarmante…”
Consciente de la herencia que recibe y haciendo eco de las palabras del Papa Francisco en la visita a México de 2016 donde exhortó a hacer de la Universidad Pontificia, el centro del conocimiento cristiano, Anguiano afirmó que un maestro nunca deja de aprender: “Sólo se educa bien cuando se evangeliza, es decir, cuando nos esmeramos en enseñar a otros con el ejemplo, a ser tan humanos como sólo Dios es humano, no por nada enseñar es una obra de misericordia pues Dios es misericordia…”
Aunque en los últimos años de la rectoría saliente se dio una ampliación de las instalaciones de la UPM, el nuevo rector reconoció que “la Universidad es mucho más que sus edificios” y exhortó a alzar la mirada hacia ensanchamiento del horizonte en este período para que, haciendo eco de las palabras de Francisco en ese 2016, “la Pontificia Universidad de México esté cada vez más en el corazón de los esfuerzos eclesiales para asegurar aquella mirada de universalidad sin la cual la razón, resignada a módulos parciales, renuncia a su más alta aspiración de búsqueda de la verdad…” misma que tiene por respaldo una amplia tradición de pensadores cristianos protagonistas de “una bellísima e invaluable historia de educación humanista”.
Teniendo en cuenta los orígenes de la historia de la Universidad Pontificia y del laicismo impulsor de la educación ajeno o agresivo a la religión, el nuevo rector refrescó la memoria de los presentes con aquellos dichos de quienes vieron a la educación religiosa como “la principal rémora que frena el progreso de México”; sin embargo, estimó que la sana laicidad “debe caracterizar a nuestra sociedad y sus instituciones educativas y políticas, pero no es menos verdadero que la educación no puede ser secuestrada por una parcial visión tecno-pragmática positivista y antirreligiosa carente de fundamento del fundamental horizonte humanista”.
En lo que se dio como la línea de ruta para el próximo trienio, el Dr, Anguiano animó a la consolidación de la institución universitaria advirtiendo que la operación de la UPM debe superar subjetivismos y visiones parciales para labrar “una mentalidad corporativa comprometida con el interés común de esta Universidad” para evitar “la improvisación y la ocurrencia”.
El nuevo rector apeló así a suscitar la conciencia de “desarrollo organizacional… y ser conscientes de que nuestra histórica responsabilidad consiste en eslabonar las próximas generaciones con una larga tradición de educadores cristianos para transitar hacia el futuro acrecentando la riqueza humanista la Iglesia mexicana de hoy”.
En un duro reclamo y advertencia, el también fundador de la Asociación Mexicana de Teología Dogmática señaló que las facultades eclesiásticas no deben subsistir “como parásitos, al margen de la investigación universitaria y a expensas de las rentas de facultades civiles…” Para el rector, la UPM debe impulsar la educación en la fe con un compromiso concreto que, de no hacerlo “se convertirá en un grave peso para la Iglesia y la sociedad del futuro… hoy existe una ciencia sin escrúpulos eco-éticos que sobreproduce gases de efecto invernadero, será tal vez porque hemos invertido muy poco en invernaderos donde la ciencia crezca sobre un suelo éticamente abonado. Urge promover un catolicismo pensante y socialmente comprometido…”
En este sentido, la apuesta en este período, mismo que puede ser renovado por otro de igual término, es la del saber misionero para que los programas académicos y pastorales de la UPM incidan en la transformación de la realidad destacando, por ejemplo, la labor del “Centro de Protección de Menores, el Centro de Estudios de Familia, Bioética y Sociedad así como el Centro de Escucha Ruaj”, y evitar las tentaciones mezquinas de intereses comerciales privilegiando “el deseo misionero de enriquecer a la sociedad con el tesoro de la sabiduría cristiana”.
Al concluir las líneas programáticas, y citando al Libro de la Sabiduría cuyo fragmento fue leído al inicio del acto académico, el rector Alberto Anguiano apeló a tener “toda la prudencia y la habilidad para actuar” en este nuevo año escolar y tener el “conocimiento correcto para hacernos amigos de la sabiduría amigos entre nosotros para que así también en su nombre pensemos amemos y trabajemos por el bien de todos y de nuestra casa común…”
Por otro lado, en ese mismo acto, investidos como decanos el Dr. Luis de Jesús Hernández Mercado, de la diócesis de Texcoco, y el Dr. Ricardo González Sánchez de la diócesis de Zamora, Michoacán. Igualmente se dieron nombramientos como profesores estables a los presbíteros Antonio Cano Castillo, Antonio Ernesto Palafox Cruz y Ricardo González.
El Pbro. José Félix García Benavente, de la diócesis de Torreón, ocupará el cargo de secretario general de la UPM, mientras que el Pbro. Marco Antonio Hernández Huijón, de la arquidiócesis de Morelia, será director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas; el Pbro. Walter de la Cruz Jiménez Hernández, de la diócesis de Ciudad Guzmán, coordinará la Teología Espiritual y el Pbro. Jorge García Guevara tendrá la responsabilidad de la administración general de la Universidad Pontificia de México.