PUBLICIDAD

“Para que la basura salga de la Iglesia católica”. Nueva denuncia contra sacerdote de la curia del cardenal Aguiar Retes

Padre Juan Carlos Ávila Reza es responsable de la pastoral de ecología del arzobispado de México. Anteriormente fue denunciado por abusos de poder.
|

Abusos de poder, chantajes, promiscuidad, defraudación, mentiras, solapamiento, invenciones, tráfico de relaciones, padrinazgos… eso parecen ser tan sólo algunas de los hechos más lamentables de otro caso que surge desde las mismas entrañas del clero de la arquidiócesis de México y nada menos de quien está enquistado en el equipo curial y pastoral del gris y disminuido arzobispo Carlos Aguiar Retes.

Como fue documentado por este bloguero, en diciembre de 2020, la denuncia de Adriana Martínez Estébanes se hizo pública contra el presbítero Juan Carlos Ávila Reza. En un típico caso de abuso de poder y explotación que existen al interior de las estructuras eclesiásticas, particularmente en parroquias y comunidades, el asunto ha escalado hasta llegar a la misma Congregación del Clero que habría ordenado una investigación del caso.

A raíz de lo anterior y hacerse del conocimiento público a través de Sursum Corda, aparece una nueva víctima de Juan Carlos Ávila Reza quien narra a este blog en Infovaticana lo que, en pocas palabras, fue una relación destructiva y malévola del sacerdote nacido en 1983, protegido por el supuesto poder clerical que ahora lo arropa al seno del gobierno curial del arzobispado de México.

Por tratarse de una persona con condición de VIH, José prefiere reservar su identidad. Su conversación va al grano. Convencido de que su testimonio servirá para denunciar y advertir de las atrocidades cometidas por el presbítero quien goza de la confianza del vicario de pastoral, Álvaro Lozano Platonoff, y de los preferidos del arzobispo Aguiar, su narración profundiza en la raíz de las cosas, de lo que ahora lamenta como una relación que jamás debió darse.

José es sincero y su testimonio fluye sin tapujos o decorosas palabras. La crudeza de los abusos que padeció podría estremecer a cualquiera con un mínimo de conciencia, pero no para el sacerdote Ávila Reza quien ha desarrollado la conciencia cínica y un modus operandi casi mafioso que podría involucrar a un presunto lobby gay al seno del arzobispado de México. José fija la vista tratando de traer al presente el más mínimo detalle, sabe que el caso es uno más y quiere impedir que otros sean víctimas. Sincero, sin tapujos, ha aceptado su condición de persona con VIH exponiendo el dolor superado y da la valentía para hacer público lo que nadie debe sufrir a manos del supuesto servidor de Dios.

Desde el Seminario. Ficha.

José tiene ahora 49 años y vive de un negocio propio. La trama de esta complicada historia se remonta cuando él conoció al seminarista Juan Carlos Ávila Reza en el 2000 en la catequesis de la rectoría de Santa María Malinalco en Azcapotzalco. Pronto José y su señora madre tuvieron una relación con el estudiante cuyo carisma hizo ganar “la amistad y confianza de muchas personas”, según recuerda.

No obstante su arrolladora personalidad, el seminarista fue expulsado de los estudios. Ávila Reza dijo que fue expulsado por no haber consentido insinuaciones del “director del seminario” para hacer cosas indecorosas; sin embargo, era mentira.

José recuerda: “Supe por un vecino que esto no había sido así. Me comentó que lo habían expulsado del Seminario porque se metía a los dormitorios de otros seminaristas y lo habían encontrado en una situación comprometedora con otro padre”.

-Entonces, el argumento que Ávila dijo sobre su salida no fue verdad…

Exactamente. En ese entonces yo tenía la amistad de Juan Carlos y lo defendí, pero escuché otras versiones que apuntaban otras causas de su expulsión…”

José siguió en contacto telefónico con el expulsado quien presumió tener influencias para seguir adelante con los estudios sacerdotales. Sería el entonces obispo auxiliar Antonio Ortega Franco quien lo protegería. En no pocas ocasiones, usaría este supuesto padrinazgo para ser intocable de sus conductas inmorales y contrarias a la ley canónica.

“Al paso del tiempo, me dijo que estaba en la parroquia de San Miguel Arcángel en el metro Pino Suárez del centro de la Ciudad. Me invitó a que fuera a saludarlo, ahí platicamos y me dijo que monseñor Antonio Ortega le había apadrinado para estudiar en la Universidad Pontificia y terminar los estudios sacerdotales. Eso me dio gusto puesto que, decía, era su sueño”.

José y su madre asistieron a la ordenación de quien fue expulsado por supuestas conductas inmorales. Aunque mantuvieron alguna comunicación telefónica, fue hasta que cayó la desgracia laboral y económica lo que empujó a buscar de nuevo al sacerdote: “Trabajé en Emyco como administrador por 12 años hasta que comenzaron a despedir colaboradores porque la empresa presentó problemas financieros. Fui despedido y, al mismo tiempo, me enteré de una delicada situación personal de salud”.

Obispo auxiliar. Padrino
Obispo auxiliar. Padrino.

 

Surgió la posibilidad de trabajar con el cura. La antigua relación amistosa fue propicia para que, en la parroquia de la Inmaculada Concepción, Tequipehuacan, de la colonia Morelos, Ávila Reza diera un empleo de sacristán a José. Fue el comienzo de la pesadilla. Sin conocer bien el oficio, tomó en serio el trabajo y no sólo fue sacristán, era afanador, atendía asuntos diversos y procuró el templo aun cuando estaba en malas condiciones. Sin embargo, José vivía en la frustración profesional que Ávila Reza pronto conoció.

Agradable y atento, el sacerdote extendió la mano y expuso más que sinceros sentimientos de ayuda ante esta depresión profesional. José así recuerda que esa ocasión platicaron muchas cosas: “Recordó la última vez que nos vimos en Azcapotzalco. Me dijo que había sido muy güey. Yo le dije ¿Por qué? Me respondió que si no me había dado cuenta que ese día se me estaba insinuando, que yo le gustaba, estaba enamorado de mí… Eso me dio un levantón emocional”.

Abusando de su papel, invitó a José a confesarse lo cual aceptó y ahora reconoce como el más grande error cometido en la relación con el sacerdote. José admitió sus preferencias homosexuales además de que, en esa confesión, dijo ser una persona con la condición del virus de la inmunodeficiencia humana (VIH).

Ávila Reza correspondió y asumió un papel de protector sobre su empleado. “Esa confesión -admite- hizo que me volviera como de su propiedad”, eso fue causa de manipulaciones y de chantajes.

Al punto, el sacerdote asumió actitudes celosas, posesivas y de denigración. José señala que no hubo abusos sexuales, él admite haber consentido relaciones íntimas con el cura: “Efectivamente, accedí. Un día tuvo una reunión de decanato y llegó alcoholizado. En la oficina parroquial empezó el cortejo… a decirme que me quería mucho y tenía muchas ganas de hacer el amor conmigo. Emocionalmente me sentía solo y eso me hizo ser halagado. Cerró la puerta y tuvimos relaciones en la oficina parroquial”.

-¿Aun sabiendo de la condición del VIH?

“Él lo sabía, sólo me dijo ‘hay que cuidarnos’ para que las cosas no vayan a llegar a más porque es por los dos. Sin embargo, él tuvo un cambio. Fue más intrusivo en mi trabajo, me exigía más”.

Ávila Reza. Absoluciones sacrílegas.

En conciencia, José tenía un remordimiento, Ávila Reza lo usaba para satisfacer sus instintos. El sacerdote realizaría su chantaje. La familia de José no conocía sus preferencias personales y menos de la condición del VIH, además debería estar agradecido con el cura por el trabajo porque, como le dijo, nadie contrataría a un sidoso: “Me sentí acorralado, tenía vergüenza de que mi familia e hijo se enteraran…. En ese entonces veía al VIH como algo malo, no había aprendido a vivir con esa situación. De hecho, estaba tomando terapia para manejarlo… por eso toleraba los chantajes”.

-¿Lo chantajeó religiosamente?

“Sí, él me decía que en ese momento no era sacerdote ni yo sacristán. Éramos personas con deseos. Incluso me hizo un comentario que me dejó pensando: ‘¿Tú crees que Nuestro Señor Jesucristo no tuvo algún deseo como persona, como humano?’ Para que estés más tranquilo, ¿quieres que te confiese? Él me absolvía del pecado, me decía que no tenía culpa alguna y nada pasaba. Así me acerqué a comulgar, pero ignoraba todas las consecuencias de ese hecho”.

Las condiciones laborales pronto se volvieron pesadas y al punto insoportables. Incluso conoció de otras relaciones que el sacerdote pudo haber sostenido de forma promiscua. En alguna ocasión, una persona de nombre Josué, el cual Ávila Reza presentó como su compadre, reclamó al sacerdote sobre la presencia del sacristán: “¿Y quién es ese güey? Juan Carlos le dijo: ‘Es el sacristán’. -No me vayas a ver la cara de pendejo porque te rompo la madre’ diría el personaje quien frecuentaba la parroquia como si fuera su casa. Un día José pudo ver al sacerdote besando a ‘su compadre’ en la oficina. “Ahí pude reflexionar muchas cosas”, señala.

Juan Carlos Ávila además incurrió en acoso laboral imponiéndole vigilantes o acusándolo de faltantes y presuntos robos: “Me sentía vigilado, incómodo… Él divulgó todo lo que dije en secreto de confesión… Me dijo que yo debía hacer todo lo que él quería”.

-¿Cómo supo que había divulgado lo dicho en la confesión?

Tiene una peculiaridad. Es muy sarcástico… Es el mismo diablo. Su mirada cambia cuando quiere hacer daño… Un día salí de la oficina de Juan Carlos con un profundo sentimiento de coraje e impotencia. Me encontré con un joven llamado David quien me preguntó qué pasaba. Fuimos a comer, quería platicar conmigo. Me preguntó si era homosexual y si tenía sida sin comprender la diferencia entre VIH… Juan Carlos le había advertido que no se metiera conmigo…”

David admitió tener una relación con el sacerdote. Su preocupación era del potencial contagio de VIH, Juan Carlos Ávila no arriesgaría su ministerio por ninguno y por la irresponsabilidad en caso de algún contagio entre ellos: “David estaba enamorado de él y, al mismo tiempo, tenía relaciones conmigo, también las tenía con él. Me ofrecí a acompañarlo para hacerse una prueba rápida de VIH, tenía mucho miedo, afortunadamente fue negativo… Ahí se destapó la situación”.

José admite que la situación era muy complicada. Junto con David decidieron pedir consejo a un sacerdote mercedario quien apoyaba al padre Juan Carlos. Se confesaron pensando tener un apoyo y ese sacerdote dijo que ambos deberían irse y alejarse del padre Ávila. De nada valdría denunciar porque “estos temas no son tomados en cuenta en la arquidiócesis” dijo el mercedario. “David sí dejó la parroquia, él desapareció”, cuenta José.

Fue la gota que derramó el vaso. Incluso Juan Carlos Ávila reclamó a José por platicar con el mercedario: “Era su palabra contra la mía. Me advirtió que tendríamos una junta por la tarde con todos presentes… Ese mismo día, en la sacristía, le dije que no era justo todo lo que había aguantado y ahora hasta de criado terminaría. Cerró la sacristía, nos quedamos adentro y gritando me dijo que tendría que hacer todo lo que dijera. Según se había cansado de mí y que si no quería que mi familia y la comunidad se enterara que yo era homosexual y tenía sida, entonces tenía que hacer lo que me dijera, si debía besar el piso, lo besaría; si me decía que me bajara los calzones y me empinara, lo debía hacer, de lo contrario me atendría a las consecuencias…”

Como un verdadero energúmeno, acusó a José de tenerlo secuestrado en la sacristía ante algunas feligresas. Eso fue el fin. El sacristán se fue de la parroquia sin la correspondiente liquidación laboral que, posteriormente, pudo obtener, pero le fue disminuida debido a que el padre Juan Carlos Ávila se cobró ventajosamente por supuestos faltantes parroquiales y recuperar el monto de regalos que hizo a José.

El altercado llegó hasta el mismo auxiliar de la IV Vicaría, Antonio Ortega Franco, padrino de Ávila Reza: “Le describí todo, me había amenazado y corrido, me levantó falsos testimonios. Le dije de mi situación de VIH que divulgó violando el secreto de confesión… Me escuchó. Juan Carlos dio su argumento volteando las cosas, me acusó de acoso sexual. Llevó cartas de testigos falsos… ¿Cómo era posible que un sacerdote mintiera de esa forma? Ante el obispo, la víctima era él. Fue una decepción muy grande escuchar a monseñor. Me dijo, ‘puedes hacer denuncia, pero esto no va a proceder. Lo mejor es que hagan las paces y este capítulo se cierre’. Le dije que era injusto, la situación no debería quedar impune”. Fue así que, ante lo que parecía imposible, José decidió cerrar ese capítulo que duró un año y tres meses.

Con el vicario general. Complacencia.

-¿Por qué cree que esto sea importante? ¿Por qué estima que todo esto deba ser del conocimiento público?

Algo me motivó. Leí la entrevista que le hicieron a la señorita Adriana Martínez en el blog de Sursum Corda. Reconocí su valor, sus agallas por hacer algo que yo no hice. Cuando leí su relato, supe que era el momento para decir que yo no mentí, de decir que la víctima fui yo. Tuve mis errores, los acepto. Como católico no me acerqué a la comunión, lo que había hecho era una falta muy grave para la religión que me inculcaron mis padres. Era increíble que yo no me acercara a la comunión del Cuerpo y la Sangre de Cristo y una persona que hizo tanto daño a la señorita Adriana, a David y a mí, no sé a cuántos más, pueda consagrar y comulgar. Se me hace hipócrita recibir la comunión de una persona que no le importa a quién dañar. No pienso obtener nada de esto, simplemente quiero que la Iglesia vea las necesidades de nosotros, los laicos. Que los altos mandos de la Iglesia nos protejan, nos crean, porque todo esto queda impune. He leído de muchos casos de pederastia o de abusos a las mujeres y quedan en el aire. Si la señorita Adriana levantó la voz y mi testimonio sirve para respaldar su dicho, es para demostrar que Juan Carlos no es la persona que aparenta. Verlo en los medios expresando amor y honestidad, cómo lo elogian, es una verdadera burla para la gente de la que ha abusado. Por eso me atrevo hablar. Doy mi testimonio para que todos se enteren de que hay más. No sé hasta dónde mi declaración sirva como acusación directa. Yo tenía miedo a las represalias. Se lo comenté a monseñor Salvador González Morales (actual obispo auxiliar de México y vicario general). No sé hasta dónde pueda llegar Juan Carlos, pero no dudo que pueda hacer cualquier cosa. Con este testimonio me enfrentaré a algo muy difícil, pero si algo pueda hacer para que la basura salga de la Iglesia católica tan dañada, si de algo sirve mi declaración, adelante. No sé cuándo vaya a morir”.

Denuncia. Hasta la Santa Sede.

A pesar de las solicitudes a las autoridades de la curia, las cosas no han prosperado para tener, siquiera, un trato digno y de perdón. Gozando de sus palancas en el núcleo aguiarista, Juan Carlos Ávila Reza ocupa cargos estratégicos como la dirección de la pastoral de Ecología de la arquidiócesis de México. El clérigo, actual párroco de la comunidad de Apóstol San Simón Ticumán en la alcaldía Benito Juárez e impulsor de las llamadas Misas Ecofriendly, continúa con el mismo modus operandi de chantajes, manipulación destructiva y relaciones que pueden involucrar a un lobby gay. Mientras Adriana Martínez Estébanes y José ya escalan su lucha a niveles de la Santa Sede, Juan Carlos Ávila Reza es el cura depredador con piel de oveja cuyas influencias le llevan a tomarse la foto complacido al lado del arzobispo de México, el cardenal Carlos Aguiar Retes. Hasta ese nivel llegan sus nefastas influencias.

 

 

 

 

Ayúdanos a seguir informando

10 comentarios en ““Para que la basura salga de la Iglesia católica”. Nueva denuncia contra sacerdote de la curia del cardenal Aguiar Retes
  1. Iñaki cómo bien dices si no conocemos a las personas no debemos emitir opiniones, soy una mujer católica y e tratado en Muchas ocaciones al padre Juan Carlos y me ec onfessdo con el y jamás me a tratado de chantajear de la Sra Adriana si te puedo decir que es una persona con un problema de egocentrismo y resentimiento cuándo gusten muestro mensajes que que me a envíado, por último Dios es el único que puede juzgar las acciones del Padre pero para mí es un gran Ser humano y un digno servidor de Dios, del señor José no opinó por qué no lo conozco pero curiosamente cómo dice él refrán a Río revuelto ganancia de pescadores bien por su mal minuto de notoriedad, pudo denunciarlo judicialmente

  2. Es lamentable leer este tipo de hechos, Juan Carlos se formó conmigo en el SCM yo no seguí solo hasta filosofía, es difícil para mí enterarme de esto, haré oración por las víctimas y por el Padre Juan Carlos pues creo que ha perdido el rumbo y espero en Dios que lo encuentre.

  3. Asquea. No se puede leer ésto.
    No se debe poner así como así, la blasfemia contra Cristo que este dice que se dijo.
    ¿Cómo probará? Si no lo puede hacer, ¿ para qué hablar de cada palabra que se dijeron?

    1. Por pensamientos como el tuyo es que estos tipos abusan, aquí se nota que respaldará la palabra del sacerdote contra la víctima, cuantas personas por tus comentarios no alzan la voz? Porque o q te hace pensar que en realidad el sacerdote si a faltado? O a caso vives en otros tiempos donde era una figura de respeto pese a que eran de lo peor se les permite todo sólo por traer sotana? A caso tu eres cura y defiendes tu gremio porq como laico te hace ver como un fanático más que se endiosan con tipos manipuladores como el mentado Juan Carlos.

      Por eso estamos como estamos …

  4. Señor Gazanini, por favor escriba sobre la deriva del Seminario Conciliar de Mexico, que ha quedado en manos de un hereje formado en alemania

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *