El Semanario de Guadalajara.- En la euforia y entusiasmo que provoca -muchas veces sin pasar por la razón-un evento como es el Mundial de Futbol, no podemos ni debemos ignorar cómo quisiéramos quedar cuando esto termine, porque se trata de algo efímero (¿qué tanto son siete semanas?). Por supuesto que no despreciamos y respetamos lo que una inmensidad de fanáticos experimenta por un acontecimiento de esta naturaleza, que para eso ha sido creado.
No dejamos de pensar lo que algo así nos puede o nos debe dejar. Quizás algunos dirían que lo que hay que hacer en este momento es “disfrutar”, solo “dejar hacer”, que no hay que preocuparnos de otras cosas.
Hay que decir que los publicistas, “los dueños del balón”, los gobiernos y los que manejan la tecnología ya han pensado qué sigue después del certamen, todo para provecho propio.
Eso sí, ojalá que después del Mundial, después de no hablar tan bien del mismo, nos taparan la boca a los ciudadanos que no nos hemos fijado tanto en lo deportivo de este certamen, y quedáramos sorprendidos de “todo lo bueno” que algo así nos puede dejar, empezando por la tan cacareada derrama económica que, por lo menos, a comerciantes y restauranteros locales, no les ha dejado.
Ojolá que nos taparan la boca, y que los grupos de la delincuencia que en estos días no están tan activos (no sabemos por qué, quizás porque también, como las masas, están entretenidos viendo los partidos de futbol), y que alteran el orden de la sociedad, poniéndola en vilo, que esos grupos ya no estuvieran más, que dejaran de intervenir en las elecciones, sin corromper autoridades, y éstas sin dejarse corromper.
Ojalá que nos taparan la boca y que, después del Mundial, las autoridades siguieran poniendo atención no sólo en los lugares donde pueden pasar turistas, sino en todos aquellos espacios en los que no pasó el Mundial.
Ojalá y nos taparan la boca, y las autoridades que han puesto tanto empeño en el Mundial, nos dijeran que la prostitución infantil, además de que no se incrementó en este tiempo veraniego de la competencia futbolera, ya no va a existir más en las ciudades de nuestro Estado.
Que fueron cesados los policías cómplices de tan detestable, que no solo aparecerán en las redes sociales oficiales los niños bañándose alegremente en las fuentes del centro de la ciudad, sino que desaparecerán las bandas de criminales que controlan el tráfico de infantes, y que serán vistas las criaturas que, hasta el momento, están invisibles, porque nadie las ve, nadie las atiende, nadie les ha puesto ni siquiera un nombre.
No detestamos el futbol, es maravilloso, en el sentido que lo describió León XIV, como un deporte que “nos recuerda algo que no debemos olvidar: la vida no es una carrera para lucirse en solitario, sino un camino que aprendemos a recorrer juntos. Quien no sabe pasar el balón, aunque tenga talento, todavía no ha entendido el juego”. La vida se juega en equipo, buscando el mismo fin.
Lo que detestamos en torno al futbol es cuando se parece a un juego en el que no hay competencia justa, y solo los que están de un lado ganan.