A los sacerdotes…

A los sacerdotes…

Pbro. José Marcos Castellón Pérez / El Semanario de Guadalajara.- El pasado 12 de junio, solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, el Papa León XIV envió un mensaje con motivo de la Jornada por la santificación de los Sacerdotes.  Tal mensaje está fundamentado en la exigencia de Dios al pueblo elegido: «Sean santos, porque yo, el Señor su Dios, soy santo» (Lev 19,2), por tanto, la santidad no es algo optativo ni un ideal abstracto ni un privilegio del mérito propio, sino la participación de cada uno de los bautizados en la vida del Resucitado, de manera especial los Sacerdotes, ungidos por el Espíritu Santo para santificar al Pueblo de Dios.

El Papa recuerda que la santidad no es la corona de la disciplina ascética ni del esfuerzo voluntarista, sino la participación de la santidad de Dios, que se nos ha revelado en el corazón humano de su Hijo como una santidad amante, como un amor santificador, porque en el corazón de Jesús el amor de Dios llega al paroxismo mismo de un amor «que se entrega hasta hacerse herir y puede, por tanto, ser manantial de misericordia y vida». Por esa razón, el Sacerdote se santifica unido al Corazón de Jesús en donde puede encontrar seguro refugio, consuelo en sus luchas cotidianas, perdón en sus caídas, fortaleza en sus debilidades, luz en medio de sus oscuridades. El Papa afirma que el corazón del Sacerdote, como el de todo ser humano, no está sectorizado sino que es al mismo tiempo un corazón manchado por el pecado y debilitado por la concupiscencia, pero a la vez es el mismo corazón humano el que es reconciliado por la sangre redentora de Cristo y que aspira a trascenderse en el amor; es el mismo corazón sacerdotal pecador el que es santificado por la gracia y capacitado por el sacramento del Orden para santificar “in persona Christi”. Es por ello, que el corazón herido y pecador de cada Sacerdote puede encontrar en el Sagrado Corazón de Jesús el lugar propio de su santidad.

Es del Corazón herido de Jesús, traspasado por la lanza de Longinos, del que brotan los sacramentos, de los cuales, especialmente de la Eucaristía se nutre el Sacerdote, pues es el ministro ordinario de este sacramento, al participar del sacerdocio capital de Jesús. En ella, en el la Eucaristía, cada Sacerdote nutre su vida espiritual, junto con la lectura orante de la Palabra de Dios y la caridad pastoral, por la que «difunde el buen olor de la santidad de Cristo».

La santidad a la que está llamado el Sacerdote debe ser, por esa misma caridad pastoral, una santidad comunitaria, que se nutre de la comunidad y nutre a la comunidad, que se profundiza y acrecienta en la fraternidad sacerdotal, por la que entre los mismos hermanos Sacerdotes hay siempre un corazón que escucha y una mano que sostiene. Termina el Papa su mensaje citando una frase sumamente impactante de san Juan María Vianey, el Santo Cura de Ars: «el sacerdocio es el amor del corazón de Jesús».

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