Estamos terminado el día de Pentecostés y nos enfrentemos a cientos de páginas de información que llenan los diarios nacionales italianos. Los temas de hoy son múltiples y de gran importancia que nos dan pistas de la gravedad del momento que vivimos.
El caso Zanquetta sigue en su máximo esplendor. Muchas noticias nos informan de las novedades en su situación procesal argentina. El hecho fundamental es que no puede salir del país terminado así con la protección romana. El Papa Francisco no es muy querido en su amada patria y este caso nos tememos que será utilizado para incrementar, aún más si esto es posible, los amores de sus hermanos argentinos. En este caso es evidente que el Papa Francisco ha intentado proteger al amigo de una forma descarada. El mismo nos lo ha explicado. Nos han querido convencer que nadie sabía nada cuando la asquerosa situación del amigo Zanquetta era muy conocida. El Papa Francisco no sabia nada de nada, como de McCarrick y compañeros mártires, y esto nos le tenemos que creer como dogma de fe con pena de excomunión y el que no que reviente.
Los tradicionales controles que tenían las diócesis sobre sus obispos has desaparecido. El Vaticano II nos vendió el obispo pastor, abierto, hermano y demás bellezas. Lo cierto es que es una de las etapas de la historia en que los obispos se han convertido en verdaderos monarcas y sus curias en cortes a medida. El caso Zanquetta, como el de Texas y tantos otros, nos hace ver que los controles no funcionan y que un obispo puede abusar de vidas y haciendas siendo cubierto y protegido por el mismo papa. Actuar como sí la diócesis fuera su patrimonio personal sin control de ningún tipo y haciendo callar por todos los medios las voces contrarias se ha convertido en norma. Debemos de estar infinitamente agradecidos a la prensa libre y a la justicia civil que son los únicos que está verdaderamente haciendo algo. Los sacros palacios solamente se activan por presiones externas cayendo en el más burdo encubrimiento en el caso contrario. El caso Zanquetta es un paradigma pero no es el único ni mucho menos. Con estos amigos no necesitamos enemigos.
No han gustado nada de nada los resultados de las últimas elecciones en Italia. La sede de Pedro ha estado ocupada durante siglos por obispos de origen italiano. El italiano curial es toda una referencia de elegancia y tradición. Los hay que defienden que si el papa comete un error en la lengua de Dante la culpa nunca es del papa y hay que modificar a Dante. Todavía tenemos obispos que piensan que los italianos tiene que votar quién se les diga y que en caso contrario se equivocan. Se confunden los fieles con los electores y los candidatos con los pastores. Ya no son tiempos de excomulgar al que vote lo que no gusta pero en este mundo de locos todo lo posible puede ser real e incluso el contrario.
Otro tema que surge con frecuencia es el desplome del número de católicos sobre todo en Europa y Estados Unidos. Estos días veíamos algunas preocupantes estadísticas que, en números generales, reducen la iglesia católica en Norte América a la mitad. En España se habla de desplome. Italia no queda atrás y los años del Papa Francisco nos dan unos resultados alarmantes y que apuntan en la dirección. Mientras el Papa Francisco se dedica al ecologismo, al cambio de paradigma en la economía planetaria, a las solteronas estériles y a los pepinillos en vinagre, los indios abandonan la nave a un ritmo que presagia catástrofe. Ayer se suprimieron las misas en las parroquias romanas para intentar llenar la cada vez más vacía plaza de San Pedro en la vigilia de Pentecostés. Ni forzando la máquina llegamos al maldito obelisco. En tiempos recientes se pensaba que Bernini se había quedado corto por la pequeñez de la plaza en breve veremos cómo se vende por parcelas. El Papa Francisco nos pide escuchar el grito de Roma pero Roma no perece tener mucho interés en cruzar el Tiber.
Las posiciones demasiado católicas no gustan y esta es la interpretación que algunos dan a lo que sucede en Lourdes. El cardenal Sarah se ha convertido en una pesadilla, los progres no entienden que un negro y africano diga las cosas que dice y se ponen muy nerviosos. Las ordenes religiosas tradicionales, únicas con vocaciones, se misericordian sin causas aparentes, se dice que rezan mucho, que lo justifiquen. Sus religiosas prefieren la disolución que la intromisión en sus vidas. Los «elegebetes» toman posiciones en la universidad católica de Milán con demasiados silencios de complicidad.
«Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo…»
Buena lectura.
“LA BUONA BATTAGLIA” UN LIBRO DI CORRADO GNERRE. IMPORTANZA E RITORNO DELLA SANA APOLOGETICA.
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