Tercer Via Crucis sin el Papa Francisco, Vance en el Vaticano, la verdad y la opinión pública, la reforma de la Semana Santa, el peligroso «estado de seguridad», ¿el fin Woke?, la Santa Sabana.

Tercer Via Crucis sin el Papa Francisco, Vance en el Vaticano, la verdad y la opinión pública, la reforma de la Semana Santa, el peligroso «estado de seguridad», ¿el fin Woke?, la Santa Sabana.

Sábado Santo, día de silencio y oración  junto con Santa María esperando la Resurrección. En el mundo de los medios tradicionales estos días lo eran de vacío informativo, todo se paraba, hoy ya no es así y tenemos otro día lleno de noticias, en un mundo que parece que ha acelerado el ritmo, esperemos que en la buena dirección.

Tercer año de ausencia del Papa Francisco en el Via Crucis del Coliseo con la asistencia habitual de fieles. En otros momentos la presencia del Papa era un estímulo para sumarse al Via Crucis romano por excelencia, hoy ya no es así, y parece que a los fieles les mueven cosas más serias. Los textos que habitualmente lee el papa, este y todos, están preparados por un equipo de redactores  de Secretaria de Estado como base, sin excluir momentos concretos en los que se encargan a otras personas. Los textos se preparan con mucha antelación, el día que se pronuncian ya están traducidos a los principales idiomas y preparados para su publicación, esto no se hace en una tarde. Hay papas y papas, los hay mas escritores y menos, un Benedicto XVI estaba habituado a escribir sesudos tratados y a impartir miles de conferencias antes de ser elegido, otros no tienen esta capacidad y esto no se adquiere por ciencia infusa.  El Papa Francisco, a pesar de la progresiva recuperación de sus fuerzas y de un cuadro clínico casi estable, está tratando de elegir el camino para  gestionar la Semana Santa sin exponer su cuerpo a demasiados riesgos: ¿Pascua? La viviré lo mejor que pueda». Lo que ya tenemos claro es que refiere arriesgar a desaparecer y en eso complicado equilibrio nos encontramos.

Las meditaciones del Via Crucis de este año son de firma del Papa Francisco, da igual quien las haya trabajado, el papa las ha hecho suyas.  En el texto del Via Cruscis, desde la primera estación -Jesús es condenado a muerte- el Papa Francisco no se limita a narrar: denuncia las injusticias del poder, el miedo al cambio, la tendencia a lavarse las manos. Pilato, Herodes, la multitud: son figuras que siguen habitando nuestra historia. “El Vía Crucis es una oportunidad que ya hemos dejado escapar demasiadas veces”.  Las tres caídas de Jesús –tradicionalmente en la tercera, séptima y novena estación– son meditadas como una metáfora de nuestras fragilidades, de nuestros fracasos, pero también de las posibilidades de levantarnos de nuevo. «Caer y levantarse; caer y levantarse. Así nos enseñó Jesús a leer la aventura de la vida humana».  En la décima estación, Jesús es desnudado: «Y si hoy la Iglesia se te presenta como un vestido rasgado, enséñanos a rehacer nuestra fraternidad, fundada en tu don. Somos tu cuerpo, tu túnica indivisible, tu Esposa. Estamos juntos. Nos ha tocado un lugar hermoso; nuestra herencia es magnífica».

La tarde de ayer el pequeño territorio de Estado Ciudad del Vaticano fue tomado literalmente por una flota de 30 vehículos de todo tipo, todos carísimos y enormes entrando por la puerta cercana a Santa Marta, era la escolta del Vicepresidente de los Estados Unidos que decidió algo tan normal para un católico como asistir a los Oficios de Viernes Santo, y estando en Roma, que mejor que hacerlo en San Pedro.  Dos horas de liturgia con cantos en latín, lecturas y sermones en español e italiano. Un acontecimiento espiritual intenso para quienes tienen fe, una experiencia difícil para quienes no lo conocen y entienden muy poco sobre ella. Con él, toda su familia: su esposa Usha, de fe hindú, y sus tres hijos, incluida una niña que estuvo en sus brazos durante casi todo la celebración. Vance, que se convirtió al catolicismo siendo adulto, quiso participar con toda su familia  en el rito del Viernes Santo.  Los presentes observaban la escena con una mezcla de respeto y compasión: mientras el vicepresidente de Trump escuchaba absorto, su esposa trataba de entretener a los niños superados por un contexto que no era para nada infantil. Sin duda algo está cambiando, no es normal ver un político de alto nivel, de muy alto nivel, hacer algo tan normal como rezar con su familia y que no lo oculte.

Entrevista al cardenal Kurt Koch, Prefecto de Unidad de los Cristianos. «Muchas iglesias están atravesando situaciones muy difíciles, especialmente a causa de la guerra. Pienso en la guerra en Ucrania, donde hay cristianos matando a cristianos. Una tragedia para todo el cristianismo. Pienso entonces en los cristianos de Oriente Medio. Pero veo cómo estos cristianos sufrientes tienen una gran esperanza de que el Viernes Santo no sea el final de sus vidas. Está la Pascua, el gran misterio pascual. Tenemos el Viernes Santo con todos sus gritos de dolor y la noche de Pascua que en cambio es muy serena. Estas comunidades, que están sufriendo, ven todas las cosas nuevas que crecen en la noche de Pascua. Ésta es la gran esperanza de los cristianos».  Sobre el Sábado Santo:  «Es el día del silencio de Dios, en el que el Señor está sepultado y en silencio. Benedicto XVI ha dicho varias veces que éste es el signo de nuestros tiempos porque en la época contemporánea tenemos la impresión de que Dios guarda silencio. No es así, pero tenemos esa impresión. El Sábado Santo es la transición hacia la Pascua. Benedicto XVI fue el primero en ser bautizado la mañana del Sábado Santo de 1927. Este fue siempre un signo muy significativo para él».

El  médico del Papa Francisco que atendió sus pulmones, habla: «Momentos dramáticos, siempre está tranquilo» El neumólogo Luca Richeldi rompe el silencio, es director de Neumología Torácica, es el experto que más ha luchado por defender los pulmones del Papa Francisco.  Pocas palabras: «Me impactó porque incluso en momentos dramáticos, siempre encontré serenidad en el Santo Padre y en quienes lo asistieron. Una forma de ser extremadamente humilde, gente serena capaz de mantener la calma». Richeldi respondió a la pregunta que todo el mundo se está haciendo: ¿hubo un momento en el que el Papa Francisco parecía incapaz de hacer frente a la situación ? ¿Tenías miedo de perderlo ? Y Richeldi suspiró y respiró hondo: “Yo no, quizá mis compañeros”.

En la época actual la Iglesia católica parece cada vez más preocupada por responder a las exigencias de la opinión pública, como si su credibilidad dependiera de una declaración oportuna más que de la coherencia de su testimonio en el tiempo. Es una actitud que delata un  miedo: el de ser incomprendido, atacado, explotado.  Lo que realmente debería hacernos temblar no son los titulares de los periódicos, sino la renuncia a la verdad.  Como recordaba el cardenal Joseph Ratzinger, «la Iglesia no puede configurarse según las expectativas del público o de las encuestas de opinión, sino sólo a partir de su Señor» . Sin embargo, hoy parece que la autoridad eclesiástica se mueve con la ansiedad de quienes temen más el juicio de la prensa que el de Dios.  

Cuando se trata de un sacerdote acusado de un delito, el relato mediático se apoya demasiado a menudo –y con demasiada prisa– en lo que dice el Ministerio Público, como si ese acto fuera en sí mismo una verdad definitiva . Pero el Ministerio Público es, en el proceso penal, parte : no es el árbitro imparcial, no es la voz de la verdad absoluta. Es como si se adoptara como verdad el punto de vista de la presunta víctima, ignorando que el proceso mismo sirve para distinguir entre hechos y narrativas . En un sistema de justicia que se mueve en direcciones opuestas, cada acto tiene una intención y una estrategia. Y muchas veces, por desgracia, incluso el Ministerio Público -que por vocación debería estar al servicio de la verdad- se deja arrastrar por la corriente mediática, sacrificando la imparcialidad en el altar del consenso. Algunos fiscales están más interesados ​​en ver su nombre en los periódicos que en la verdad.

En un mundo dominado por el relativismo y la espectacularización de la información, el sacerdote se convierte en el culpable ideal : hace más noticia que un padre que maltrata a su hija, genera más indignación, atrae más clics . Pero la verdad , como recordó Benedicto XVI, no puede someterse a encuestas ni medirse por la fuerza de las emociones : hay que buscarla con rigor, paciencia y justicia. Y la Iglesia debe tener el coraje de no dejarse llevar por este viento , sino permanecer anclada en la verdad , incluso cuando el mundo grita lo contrario.           

Estamos llenos de terapeutas a quienes confiamos a nuestros sacerdotes. ¿Son acaso los psicólogos que coleccionan doctorados en facultades eclesiásticas y que, bajo la apariencia del discernimiento, imponen a los jóvenes clérigos visiones del ministerio carentes de todo fundamento concreto, científico y espiritual? ¿O esos sacerdotes-psicólogos que se presentan como maestros del equilibrio y luego no logran vivir relaciones sanas? ¿O son ellos quienes mezclan confusamente psicología y espiritualidad , foro interno y foro externo, generando sacerdotes incapaces de relacionarse de forma madura y libre? ¿Son esos expertos en formación los que verdaderamente están convencidos de que basta con echar al mundo sacerdotes que se rodean de gente irresoluta , sacerdotes que señalan con el dedo a los demás cuando en realidad están tristes , insatisfechos por dentro porque no son libres de ser ellos mismos?

En un contexto cultural donde dominan las teorías de la conspiración, donde la verdad ya no interesa sino que se ha convertido en objeto de sospecha, responder a cada acusación corre el riesgo de convertirse en un juego perverso . El ataque no se detiene, se alimenta.  Como escribió Georges Bernanos, “la Iglesia es la única realidad que sobrevive a todos sus funerales”.  La Iglesia debe saber discernir los tiempos, hablar cuando es necesario , pero también callar cuando el clamor es sólo ruido. La verdad no necesita ser defendida cada vez : se defiende sola, en la coherencia de la vida cristiana, en la transparencia de los gestos, en la fidelidad a su misión.  La Iglesia no necesita el aplauso del mundo, sino la verdad que salva. Y esta verdad, a veces, habla más fuerte cuando está en silencio.

Los hay que se meten en charcos sin necesidad y cabrean al ya encabritado rebaño.  Franco Giulio Brambilla es el obispo de Novara , apoya esta afirmación y en un congreso organizado en Casale Monferrato ( Alessandria ) con ocasión del 1700 aniversario del Concilio de Nicea: “En Val d’Ossola no tienen ni una sola persona sana que pueda ser padrino: porque o uno es corrupto, o irregular, o divorciado, o separado, o casado tres veces: imaginaos quién podrá hacerlo”. Inmediatamente a pedir disculpas : «No quise ofender, solo dar un ejemplo: es difícil encontrar personas que puedan hacer el papel de padrinos». «Les aseguro que de ninguna manera pretendí ofender a la gente y las familias de Ossola, a quienes pido disculpas y a quienes reitero mi estima y respeto, que ya he tenido la oportunidad, en estos años de episcopado, de demostrar varias veces en cada ocasión en que he visitado las comunidades de Ossola».

Subasta de un solideo llevado y firmado por el Papa Francisco. Se acompaña de un certificado oficial firmado por el secretario personal del Papa, Don Fabio Salerno, y de un sello en relieve de la secretaría papal.  Con un valor estimado de entre 30.000 y 40.000 euros, el zucchetto no sólo representa una pieza única para coleccionistas y creyentes, sino también una oportunidad concreta de apoyar a los más necesitados. Donado a History Life Onlus, una organización sin fines de lucro comprometida con la promoción de la cultura y el apoyo de proyectos educativos y sociales.  «El solideo nos fue entregado directamente en el edificio de Santa Marta, dentro del Vaticano, después de que el Papa expresara su deseo de apoyar nuestra labor. Fue un momento muy emotivo»,.

Desde hace tres días, el periódico Domani analiza los mensajes que se intercambian los dos principales acusadores del cardenal Angelo Becciu (condenado a cinco años y seis meses por malversación de fondos). En ellos, la Chaouqui y la  Ciferri coinciden en las acusaciones para incriminar al cardenal. Están trabajando y apoyándose mutuamente de acuerdo con el promotor de justicia (el fiscal) Alessandro Diddi y los jefes de la gendarmería vaticana. Comienzan a llegar a acuerdos cuando la investigación aún está en sus primeras etapas. Las damas tienen a su disposición información  secreta para este propósito. Saben de antemano lo que harán los magistrados y a quién pretenden absolver y a quién pretenden condenar. El proceso no fue sólo un error judicial, todo es fruto de manipulaciones que arruinaron la investigación y sobre todo engañaron y lo triste es que esta forma de proceder no es un excepción, es lo habitual en el pequeño estado papal.

Estudio del Dr. Peter Kwasniewski , realizado sobre los cambios litúrgicos introducidos en el siglo XX ya bajo los pontificados de Pío XII y Juan XXIII.  Los ritos de la Semana Santa, con sus magníficos cantos gregorianos, sus profundas oraciones, su denso simbolismo y sus elaboradas ceremonias, se desarrollaron a lo largo de siglos, desde la Antigüedad hasta la Edad Media. Los elementos centrales de estos ritos se derivaban de la antigua tradición romana y de la tradición gala (o franca). Estos dos ritos se unieron a finales de la Edad Media para dar forma al ahora maduro rito romano que dio lugar al Misal de San Pío V de 1570. Como todo rito litúrgico cristiano de origen apostólico, el rito tridentino alcanzó un estado de perfección, una belleza de forma y una plenitud de contenido.  Pío XII se dejó persuadir de la necesidad de una “revisión” de la Semana Santa, un tiempo litúrgico que no había sufrido ningún cambio notable durante más de 500 años. Con el pretexto de «restaurar las ceremonias del Triduo Sacro a sus tiempos originales».  En 1951, Pío XII inauguró una Vigilia Pascual experimental y en 1955 promulgó nuevos ritos litúrgicos para el resto de la Semana Santa. La antigua liturgia del Domingo de Ramos la primera oración de bendición después del Prefacio tiene una sorprendente afinidad con la Consagración Eucarística:  «Señor Santo, Padre todopoderoso, Dios eterno, dígnate bendecir  ✠  y santificar  ✠  estos brotes de olivo, que hiciste brotar del leño y que la paloma llevó en su pico al regresar al arca; para que quien lo reciba, obtenga protección para el alma y el cuerpo; y que este sacramento de tu gracia sea, oh Señor, remedio para nuestra salvación».

El Jueves Santo anterior a 1955, una cosa que inmediatamente me llamó la atención como bastante novedosa fue la omisión del Lavatorio de los Pies (o  Mandatum ), una ceremonia que recién se introdujo en la Misa a mediados del siglo XX, causando una avalancha de debates y distracciones. En realidad, la Lavanda se celebraba como una paraliturgia  después  de la Misa, en la planta baja de la iglesia, donde se había instalado un altar temporal.  Después de que los altares del piso superior fueron despojados de sus lienzos sagrados, a imitación de la humillación sufrida por Cristo durante la Pasión, todos bajaron al piso inferior.

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