El mismo día, pero de 1920, hace exactamente cien años, el Papa Benedicto XV publicó la encíclica ‘Pacem Dei munus’: consecuencia de la situación económica y social causada por la Primera Guerra Mundial agravada por la pandemia ‘española’ que causó decenas de millones de muertes en todo el mundo. En la encíclica, el Papa deseaba un período de paz ejercido en nombre de la caridad: “Si a veces es demasiado difícil obedecer esta ley, para superar cualquier dificultad, el divino Redentor de la humanidad no solo nos ayuda con su gracia, sino también con su admirable ejemplo, ya que mientras colgaba de la cruz excusó a los que lo atormentaban vil e injustamente, y dijo esas palabras: ‘Padre, perdónalos porque no saben lo que están haciendo’. Ante la catástrofe humanitaria causada por la guerra, el Papa propone la ‘visión’ del buen samaritano: “Aquellos que contemplan esta imagen de miseria, en la cual la humanidad es oprimida, el recuerdo de ese caminante evangélico, quien yendo de Jerusalén a Jericó, se encontró con los bandidos que, desnudándolo y cubriendo sus heridas, lo dejaron medio vivo en el camino.
Una Iglesia «hospital de campaña», la trazó el Papa Benedicto XV: «Este es precisamente el trabajo y la tarea que la Iglesia reclama para sí misma como heredera y guardiana del espíritu de Jesucristo digamos, la Iglesia, cuya existencia entera está completamente entretejida con una admirable variedad de beneficios … Estos rasgos caritativos cristianos, al aliviar los espíritus, son extraordinariamente efectivos para devolver a la gente a la tranquilidad «. Esperaba que la naciente ‘Liga de las Naciones’ se fundara en la ‘ley’ cristiana de la hermandad: “Y una vez que esta Liga de las Naciones se funda en la ley cristiana, por todo lo que concierne a la justicia y la caridad, no será seguro la Iglesia que rechazará su contribución válida, ya que, siendo el tipo más perfecto de sociedad universal, por su misma esencia y propósito, es de una eficacia maravillosa para unir a los hombres, no solo para su salvación eterna, pero también para su bienestar material de esta vida; es decir, los conduce a través de bienes temporales, para que no pierdan los eternos.» Las palabras del Papa no fueron escuchadas y después de unos años ocurrieron dos momentos trágicos de crisis mundial: la Gran Depresión, que comenzó en 1929 y la Segunda Guerra Mundial (1939-45).
Los libros de historia están llenos de relatos creados que interpretan la historia a gusto de vencedor. Ya las crónicas antiguas lo hacían y no hemos cambiado mucho. Hoy lo llamamos el ‘relato’ y pretendemos que los tercos hechos no nos estropeen un buen relato. La epidemia que estamos viviendo es un hecho de tal magnitud que está destruyendo todos los relatos posibles y superándolos, es imposible vivir, o pretender vivir, como si la peste no existiera. Si queremos conocer la verdad hemos de partir siempre de los hechos contrastados y probados. La autoridad la tiene el que une a sus palabras la perfecta correspondencia con los hechos. Cuando hablamos cosas de la fe, los que tienen la verdadera autoridad con los santos que han probado con su vida la sinceridad de sus palabras, el martirio es el sello máximo de esta congruencia que lleva a no temer por la propia vida terrena esperando la Vida Eterna.
Hoy tenemos demasiado miedo a la muerte porque no creemos en la Vida. Estamos entrando en una espiral del absurdo y terminaremos muriendo de hambre, espiritual y física, por pretender alargar unos días nuestra existencia terrena. En el fondo, no lo que remos reconocer, hemos dejado de creer en la vida eterna. Nos montamos nuestro relato y pretendemos que los hechos se sometan a nuestras absurdas pretensiones. La ideología llamada de ‘género’, la teoría del calentamiento global son una buena muestra de todo esto. En 1927 se estrena la película ‘Oktyabr (October) Año 1927’ dirigida por Sergei Eisenstein en la que se crea el ‘relato’ de los acontecimientos ocurridos desde febrero hasta octubre de 1917 en la que siguiendo la filosofía comunista no había personajes principales. La tenemos en abierto en la red y es de visión inexcusable para entender lo poco que hemos cambiado en estos cien años y cómo seguimos intentando hacernos nuestras películas intentando que la realidad desaparezca.
La agenda del Papa Francisco para el año 2020 está vacía, todo suspendido, no es previsible que se puedan organizar actos ‘con pueblo’ mientras el virus habite entre nosotros. Todo un cambio de estilo impuesto por la cruda realidad que nos recuerda al papa de ficción Pio XIII del insuperable Sorrentino.
Audiencia del Papa Francisco a Zingaretti que ya es presentado con el candidato a la sustitución de Conte en Italia, parece que el papa ya ha dado su visto bueno. Interesante artículo de Gotti Tedeschi sobre la actual situación social y económica y la presencia social de la Iglesia. El día uno de junio reabren los museos del Vaticano con mascarilla, con cita previa y con detector de temperatura.
Sharon Stone se nos presenta como una ‘groupie’ del Papa Francisco. En la serie de ficción The New Pope, la famosa actriz protagoniza uno de los diálogos más conocidos con un sorprendete Juan Pablo III. Las ficciones de Sorrentino siempre son demasiado reales.
«Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos.»
Buena lectura.
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