Estamos en un mundo de locos y la Iglesia católica no es ajena a la locura colectiva que se va adueñando de nuestras sociedades. Al Papa Francisco no le gusta nada que los ingleses estén en la isla remota de Chagos pero no sabe ni dónde está Gibraltar, Serbia tiene que estar en la Unión Europea pero su vecino Kosovo no existe. Unos que sí, otros que no, otros que ya veremos, serán las cosas del discernir. Podemos poner muchos más ejemplos, y si entramos en la política italiana, la locura llega a límites increíbles entre rosarios enemigos y eutanasias amigas.
Si miramos lo que estamos viviendo en el interior de la Iglesia Católica la locura no es menor. El Papa Francisco tiene como principal oficio la unidad de la iglesia y por eso está siendo muy comentado su desinterés por un cisma. Aparte de la frivolidad absoluta de la afirmación nos hace ver el caos irracional en el que estamos instalados.
La noticia de hoy es la carta del presidente de la congregación de obispos a sus colegas alemanes sobre los límites de los temas a tratar en el próximo sínodo alemán. A buena horas se enteran del problema, y además tenemos la impresión de que lo hace con la boca muy pequeña. El Papa Francisco quiere obispos revolucionarios , o al menos eso dice, pero cuando se le revolucionan de verdad ya no le gusta, o le gusta, pero tiene que hacer como si no le gusta para al final aceptar una parte del presunto disgusto con gran gusto. Ciertamente un mundo de locos en donde nada es lo que parece y solo interesa la estrategia del momento para que esto siga tirando de mala manera.
El todavía patrono de los sacerdotes, el Santo Cura de Ars nos decía: «como el buen soldado no tiene miedo del combate, así el buen cristiano no debe tener miedo de la tentación. Todos los soldados son buenos en el campamento, pero es en el campo de batalla que se ve la diferencia entre corajudos y cobardes.» Hace pocos años, muy pocos, no se nos ocurría ni pensar en la posibilidad de un cisma, nos parecía algo que quedaba en un pasado superado, o eso creíamos. Lo cierto es que estamos viviendo desde hace décadas en un ‘estado de cisma’ y ahora estamos asistiendo a su traca final. Al menos por nuestra parte, no tenemos ninguna duda del resultado. La historia de la Iglesia demuestra que la verdad, y es este caso es la Verdad, con mayúsculas, se abrirá paso y terminará con los tiempos de incertidumbres. Es evidente que muchas cosas desaparecerán, los sarmientos que no dan fruto es necesario cortarlos, y bien cortados están. No hablamos aquí de una vuelta imposible a presuntos pasados felices. Será la misma cepa, la de siempre, Jesucristo, la que suscitará brotes nuevos llenos de vida que encerraran toda la fuerza y sabiduría de un tronco milenario con la belleza de la eterna juventud de Dios.
Podemos pensar que Dios abandona a sus hijos en medio de las dificultades, el terrible silencio de Dios, y nada más alejado de la realidad. El Cura de Ars, con su maravillosa sencillez nos asegura: «Una Santa se quejó a Jesús después de la tentación, preguntando a Él: “¿dónde estabas, mi Jesús adorable, durante está horrible tempestad?” A lo que Él le respondió: “Yo estaba bien en medio de su corazón, encantado en verla luchar”.
«¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo?»
Buena lectura.
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