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Las eternas negociaciones con Lefebvre, catedrales desacralizadas, el obispo diputado, Socci y su último libro, el twiter pontificio.

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En todos los ámbitos de la sociedad las cosas se están polarizando. No hace mucho tiempo era impensable en España un partido como ‘Podemos’ y la popularidad de ‘Vox’. En Italia nadie podía imaginar un gobierno como el actual y unas posiciones tan claras en temas que hasta hace poco calificaríamos de impopulares y que hoy parecen populares. La popularidad de movimientos pro vida y anti LGTB está más que en aumento. Es evidente que las cosas están cambiando y a un ritmo muy rápido. No podemos valorar las consecuencias de todo esto pero sin  duda que estamos viviendo momentos de un hartazgo monumental en muchos ámbitos sociales que se está reflejando en cambios importantes.

Los rumores que circulan por el Vaticano es que a los seguidores del Lefebvre les está yendo muy bien en la situación actual y que no les interesa mucho llegar a un acuerdo. Prefieren vivir en la situación de negociación sin conciliación. Están siendo muy reservados sobre las adhesiones que reciben por parte de sacerdotes y religiosos jóvenes que ven en ellos una isla en donde la ‘revolución profética’ – en palabras de Bassetti – no puede entrar. La Misa llamada extraordinaria es para muchos nuevos clérigos y religiosos más que ordinaria.

En el mar de contradicciones que vivimos, hoy sabemos que uno de los obispos cismáticos Chinos, que han sido reconocidos por el Papa Francisco, continúa con su oficio de parlamentario. Es impensable que otro punto del planeta se pueda dar está situación que, después de los acuerdos, suponemos conocida y autorizada directamente por el papa.

Concierto de música profana y con sustanciosas entradas, se habla de 600 euros, en el Duomo de Milán. En muchas ciudades europeas sus catedrales son centros culturales y museos y han perdido su carácter sagrado. Las justificaciones benéficas no hacen sino justificar lo injustificable.

En Bélgica se plantea abiertamente la ordenación de casados y de mujeres. Hace pocos días conocíamos los datos de una iglesia en extinción. Todo apunta a un intento de solución desesperada ante el fracaso repetido de las imposiciones de los últimos decenios.

El último libro de Antonio Socci  ya está en las librerías y empieza a ser un suceso editorial con grandes cifras de ventas. Los tiempos que vivimos tienen un hecho central que en muchos aspectos está lleno de preguntas sin respuesta: la renuncia de Papa Benedicto XVI. Por mucho que intentemos buscar antecedentes históricos no los encontramos. El libro de Socci nos presenta con gran abundancia de datos y citas todos los hechos que rodean este momento de la historia de la Iglesia. De lectura imprescindible, es sin duda lo más completo hasta este momento. El autor intenta suscitar preguntas en el lector y analiza con gran profundidad una de las decisiones más complejas de la historia de la Iglesia.

El Papa Francisco ha confesado en muchas ocasiones que no utiliza los nuevos medios de comunicación, aunque cuente creerlo, no utiliza la computadora ni el teléfono digital.  Las cuenta abiertas en Facebook y Twitter se supone que no las administra personalmente sino que son dirigidas por la secretaria de estado que introduce frases seleccionadas de sus intervenciones. En una de estas entradas hablaba de ‘los grandes de la tierra’ y ha desatado una cascada de agrias respuestas en los lectores. Las redes son muy vivas y los lectores intervienen de modo inmediato. Les podemos asegurar que es maravillosa la interacción que se produce pero hay que estar dispuesto a la crítica y no siempre gusta.

La entrevista al cardenal Müller sigue provocando reacciones.

El día 12 de diciembre es la Virgen de Guadalupe y el Papa Francisco preside la Misa en San Pedro.

“Y todos os odiarán a causa de mi nombre.”

Buena lectura.

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7 comentarios en “Las eternas negociaciones con Lefebvre, catedrales desacralizadas, el obispo diputado, Socci y su último libro, el twiter pontificio.
  1. La liturgia dominicana y el renacimiento de sus tradiciones
    Web ryt dominikansky de la Provincia Dominicana de Polonia

    Hace aproximadamente un año, anunciamos el concurso “¿Por qué el rito dominicano hoy?”
    Hubo una avalancha de intervenciones en Facebook tras la pregunta formulada por uno de los dominicos del Convento de Katowice.
    Se ha resuelto el concurso, han llegado brillantes y alentadoras respuestas y se han otorgado los premios pertinentes.
    Sin embargo, no nos separamos de esta pregunta y todavía la hacemos a diferentes personas. Marcel Pérès, famoso musicólogo francés, experto en canto gregoriano buen creyente, escribió una respuesta, especial para el portal rytdominikanski.pl. – Todo el artículo. Te invitamos a leer!

    LA LITURGIA DOMINICANA Y EL RENACIMIENTO DE SUS TRADICIONES.
    MARCEL PÉRÈS

    Un Rito no es sólo un conjunto de gestos, palabras y cantos. El rito es ante todo una expresión y fuente de espiritualidad, una forma concreta de entrar en una relación con el Espíritu.
    Este método encaja en un largo recuerdo, conectándonos con la gran cantidad de hombres y mujeres que nos precedieron en la reunión con la Palabra y en la contemplación de la misma.
    El rito santifica el espacio y el tiempo que se abren a la gracia y activan su dinamismo.
    En tales categorías, debemos ubicar el tema de la tradición litúrgica dominicana.
    ¿Qué es lo que le dio fuerza, cuál fue la naturaleza de su energía interior, a través de la cual, durante casi ocho siglos, fue la fuente de la espiritualidad dominicana y el germen de una constelación de Santos y Beatos?
    Las generaciones postconciliares no se han iniciado en este rito y está plenamente justificado que algunos jóvenes dominicos intenten conocer y comprender la naturaleza y la forma de los rituales que construyeron su pensamiento y espíritu a lo largo de la historia de la Orden.
    Estos jóvenes comienzan a darse cuenta de que una actitud radical, que exige olvidar los viejos ritos los hace sentirse ajenos a la liturgia de sus predecesores, una liturgia que fue el centro de su experiencia religiosa.
    El rito es desconocido para ellos y les gustaría aprender a descubrirlo específicamente, imitando su práctica.
    E inmediatamente sobreviene una fuerte oposición que pone fin a un noble ideal, con el pretexto de que un cambio podría amenazar con romper la unidad de la comunidad.
    Es obvio que existe una confusión entre unidad y uniformidad. La hipótesis de que uno puede permanecer en unidad espiritual, practicando diferentes formas de expresión litúrgica, es a priori rechazado.
    Esta variedad se entiende inmediatamente en términos de exclusión. Se cree que a las personas que aprenden a practicar viejos ritos les gustaría imponerlos a los demás.
    Sin embargo, se trata de una atribución de malas intenciones que no corresponde a la realidad.
    Incluso si en algunos círculos conocidos como “tradicionalistas,” uno se encuentra a veces con actitudes intolerantes, la mayoría de las personas que comienzan a sentir la atracción por los ritos tradicionales de hoy comprenden perfectamente que otros no entiendan su verdadera naturaleza.
    De este modo, actúan por amor, sin intención de imponer nada, sino sólo queriendo dar acceso a la experiencia del antiguo rito a aquéllos que no lo conocen.
    En la fobia a los viejos ritos, es necesario notar la consistencia de la forma en que se impuso la nueva liturgia después del Concilio: Excluyendo la Tradición.
    Los “modernistas” siempre temen que el retorno a las tradiciones litúrgicas sea tan excluyente, violento y radical, como fueron las reformas postconciliares.
    Los agentes de estas reformas nunca han querido ver que las viejas formas litúrgicas podrían enriquecer la experiencia espiritual generalizada.
    Paradójicamente, mientras sigan los cantos en lengua vernácula, se alentarán todas las innovaciones, que a veces transforman la celebración litúrgica y hacen que trascienda los límites de un estricto marco canónico.

    Desde el Concilio Vaticano II, la noción de patrimonio litúrgico está prácticamente ausente en la reflexión sobre la acción litúrgica.
    Algunos, incluso los rechazan categóricamente. Quienes se llaman a sí mismos modernos, consideran el principio de que las antiguas formas litúrgicas no sólo carecen de interés para los presentes, sino que incluso les pueden ser dañinas.
    Y, sin embargo, la noción de herencia litúrgica, ausente en el discurso litúrgico contemporáneo, debería ocupar un lugar central en el mismo.
    La palabra “patrimonio” ( patrimonium ) se refiere al origen del padre ( pater ), y por lo tanto a algo que involucra la transmisión de la vida.
    Negar o ignorar los vínculos con el patrimonio, o intentar destruirlo, significa reconocer a priori que los tesoros de la civilización, creados durante siglos de intensa y fecunda plegaria, no tienen valor para la sociedad moderna. Es la negación del amor filial, que es, después de todo, un valor fundamental en la construcción armoniosa del mensaje del conocimiento y la experiencia de la vida, principalmente en el campo de las cuestiones religiosas.
    La convicción de que los tesoros creados gradualmente por las generaciones anteriores a nosotros contendría el tipo de veneno que debe evitarse hoy día, es una forma de oscurantismo severo, que en esencia revela una forma de fundamentalismo de la modernidad.
    Es una verdadera paradoja que se observa en personas que dicen ser opositores al integrismo religiosa.
    Los modernistas, que se consideran a sí mismos la única esperanza y afirman que sólo ellos son el futuro, representan un tipo de intolerancia básica, que excluye todo pensamiento y cualquier modo de acción que no sea el suyo.
    Esta actitud es profundamente destructiva y, lo que es más, ajena a los textos del Concilio Vaticano II, que formularon por primera vez en la historia de la Iglesia la necesidad del verdadero amor filial referido a la herencia litúrgica en términos generales, y no se limita a la Iglesia latina.
    La intolerancia de los “modernistas” se expresa en algo que podríamos llamar la “idolatría de la amnesia”. Todo se debe hacer para que las generaciones actuales no tengan ningún contacto con cualquier elemento, por insignificante que sea, que pueda relacionarse con la liturgia anterior al último concilio.
    Esta actitud cierra la percepción de la liturgia en un tiempo puramente lineal y aleja al hombre moderno de la experiencia del tiempo vertical, que gracias a la liturgia le permite conectarse con la experiencia espiritual de las generaciones anteriores.
    Además, la obsesión de que “todo se haga en el idioma nacional,” encierra a los católicos de hoy en guetos lingüísticos y se cae en el tribalismo eclesial.
    Esta “prisión modernista” crea un universo espiritual ilusorio y hace que los católicos se limiten a la cultura religiosa, artística e intelectual del cristianismo.
    Los más motivados se ven privados del acceso al mismo, por haberlo reducido a una pieza de museo.
    Las formas de arte que llevan a los antiguos al umbral de la trascendencia han sido esterilizadas por la liturgia contemporánea, que, llevándolos al status de objetos de museo o temas universitarios, ha alejado al hombre moderno de su propia herencia: El legado que tenía derecho a recibir y del que la Iglesia y no la sociedad secular, debe ser el garante.
    A pesar de los esfuerzos del Papa Juan Pablo II y los textos clarísimos de Benedicto XVI, invitando a los católicos a la verdadera fluidez litúrgica, los viejos hábitos y las fobias irracionales de los “modernistas” hacia el patrimonio litúrgico continúan reprimiendo la llamada a revivir las liturgias antiguas.
    Seamos humildes, miremos el legado que nos han transmitido las generaciones anteriores con el mayor respeto. No digamos: “No tenemos tiempo, estas antiguas liturgias son demasiado largas.”
    No entremos en el juego del ilusionismo contemporáneo. Tenemos mucho más tiempo que nuestros antepasados. Tenemos herramientas que nos permiten movernos más rápido, escribir y comunicarnos con una intensidad con la que nuestros predecesores ni siquiera podían soñar.
    En un mundo que se precipita, a menudo hacia el deterioro, la Iglesia es un signo tangible de que hay realidades eternas en el hombre. La tradición litúrgica es su expresión más consistente.
    Nos abrimos a la experiencia personal de la oración de nuestros antepasados en un mundo, que pierde sus referencias.
    Un deber de la Iglesia es la clara confirmación de la durabilidad y el poder de sus ritos. Hacer esto reintroduciendo las formas tradicionales abre el acceso contemporáneo a la experiencia cultural y espiritual profunda, que el mundo moderno nos ha prohibido. Éste es un desafío fundamental de la civilización, y la Iglesia es la única institución que puede encararlo.
    Es necesario un cambio radical de actitud. Detengámonos en percibir a quienes sienten la llamada a aprender viejos ritos, considerándolos, no como nostálgicos atrapados en el engaño de la tradición, cuya memoria debe perecer.
    Al contrario, es necesario aprender a ver en este movimiento una verdadera manifestación de la presencia del Espíritu Santo y hacer todos los esfuerzos posibles para garantizar que pueda existir. Es una necesidad urgente no sólo para la Iglesia, sino también para nuestra civilización.

  2. He estudiado con detenimiento el caso de la FSSPX y la obra obra de monseñor Lefebvre. Conviene quedarse con la Tesis del Padre Geral Murray The Canonical Status of the Lay Faithful Associated with the Late Archbishop Marcel Lefebvre and the Society of St. Pius X: Are they Excommunicated as Schismatics, en la que el autor demuestra como la excomunión contra monseñor Levfbre se trató de una excomunión inválida porque se basó en la figura del “acto cismático” y no en la figura del cisma porque la cisma es una figura concreta dentro del derecho canónico que implica además de una ordenación sin el placet de Roma, la concesión adicional de jurisdicción en las diócesis de otros obispos nombrados por Roma, compitiendo con ellos. El objeto de estas ordenaciones “inválidas” era la preservación del Santo Sacrifico de la Misa toda vez que el Novus Ordo ofrece serias dudas sobre su validez tal y como expuso el Cardenal Ottaviani a Pablo VI en su Breve análisis crítico. Una profecía o un análisis crítico suele ser valido cuando el tiempo le da la razón. Y lo cierto es que el tiempo no es que le ha dado la razón a monseñor Lefebvre, es que se ha quedado corto. Cuando Benedicto XVI promulgó la Sumorum Pontificum y luego la Universae Ecclesia se iluminó una pequeña luz al final del túnel, pero lo cierto es que tal y como están las cosas no está nada claro que la situación pueda avanzar y no por falta de voluntad de la FSSPX sino por el desnortamiento general del Papa Francisco no sólo en materia de Fe y costumbres sino en su propia situación canónica, porque por no respetar ni siquiera respetó las normas del Conclave que regulan la sucesión apostólica, bastante más grave, la Univerase Dominici Greguis de Juan Pablo II, como puso de manifiesto el Cardenal Daniels cuando se jactó ante la TV bélga de haber derrocado a Benedicto XVI, con un grupo de cardenales reunidos en la abadía de Saint Gallo en Suiza. ¿Con quién debería negociar la FSSPX? ¿Quien tiene autoridad para qué? Por otro lado en la caso de la FSSPX veo que se está dando más importancia a una cuestión disciplinar más que a una cuestión sobre el mantenimiento del dogma de la Fe y la moral cristiana. Eso suele ser típico del progresismo son muy liberales pero cuando mandan se fijan en si te huele el aliento, son como los hipócritas de los que habla Cristo que se fijan en que la copa esté limpia por fuera, pero no limpia por dentro. Hemos visto cantidad de escándalos relacionados con la masonería desde las dos listas: La de Mino Picorelli, que le costó la vida y la de Licio Gelli que confirma la primera. Escándalos que hacen referencia a la colonización de la alta jerarquía católica por la francmasonería de forma tal que como muy bien apuntaba monseñor Schneider en entrevista a un medio polaco “el problema de la Iglesia es que muchos de sus príncipes ya no profesan la Fe de Cristo” Y desgraciadamente dice la verdad. Se puede acusar a monseñor Lefebvre de muchas cosas pero tres que que me parece capitales y es el “celo por la salvación de las almas” y la preservación del santo sacrificio de la Misa y el dogma de la Fe. Es la conservación de estos tres elementos la justifica un estado de necesidad. Si observamos la edad del Cardenal McCarrick y los demás afectados por los todos sabemos que van desde Chile hasta Alemania vemos que la cosa no es de ayer sino viene de décadas y es normal que así haya sucedido porque a quien no le importa el Cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo es dudoso que le vaya le vaya a importar mucho el cuerpo de su prójimo. Podría seguir, pero de momento, lo dejo ahí para la reflexión.

  3. “El Papa Francisco ha confesado en muchas ocasiones que no utiliza los nuevos medios de comunicación, aunque cuente creerlo, no utiliza la computadora ni el teléfono digital”.

    No es tan así. Vean esta imagen:
    https://infovaticana.com/wp-content/uploads/2018/02/ejercicios-papa-curia-cuaresma.jpg

    Que corresponde a este artículo:
    https://infovaticana.com/2018/02/21/meditacion-los-ejercicios-espirituales-del-papa-asi-ayudan-las-lagrimas-llegar-dios/

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