La Inmaculada es mucha Inmaculada en todo el mundo y muy especialmente en las Españas, la vieja España y las nuevas Españas. Cuando llegó el dogma a la iglesia universal ya era un dogma indiscutido y muy festejado en las Españas. Desde el siglo VI, con el breviario de San Isidoro, se celebra en España esta fiesta, los santos padres españoles hablan de esta doctrina en sus escritos. Hacer juramento de defenderla era una condición necesaria para ser admitido en las universidades españolas, además de en innumerables cofradías y otros grupos, Carlos III la nombró patrona de España.
No teníamos mucha intención de entrar hoy en la vulgaridad de las noticias del día, pero, como tantas veces nos ocurre, la realidad es la que es y nos sentimos obligados a ello. Las declaraciones que hizo el Papa en el avión sobre el caso del arzobispo Aupetit, son una mezcla de desconcierto desequilibrado y tristeza por el nivel al que ha caído el papado. Todo nace de una pregunta de la enviada de Le Monde, Cécile Chambraud, al Papa Francisco en donde ha desplegado todo su repertorio de imprudencia, ambigüedad, duplicidad, inconsistencia y descaro.
La intervención del Papa Francisco está a disposición en los medios. Hemos pasado de un «si no conocemos la acusación, no podemos condenar», a que el Papa Francisco realmente condenó a Aupetit y se presume que tenía elementos fundamentados para hacerlo. Pide a los periodistas que investiguen y entra en un relato confuso, como de costumbre, y se enreda en tácticas peronistas. En una aparentemente defensa del arzobispo habla de una «falta contra el sexto mandamiento, pero no total sino de pequeñas caricias y masajes que él hizo a la secretaria». La referencia al secretaria es la primera vez que salta en el caso y la demostración del patinazo es que fue eliminada de la versión oficial publicada por la Oficina de Prensa del Vaticano, la grabación de audio y video están ahí. Monseñor Aupetit queda solemnemente marcado de por vida como el de las caricias y masajes a la secretaria. Aupetit se defendió mal con explicaciones ambiguas y confusas, un poco como lo hizo Clinton con la becaria, pero fue ¿defendido? aún peor por el Papa Francisco.
No menos importante nos parece el aparente cambio del Papa Francisco, es lo que tiene hablar de oídas, sobre la interpretación del informe Sauvé. El 6 de octubre y sin el más mínimo resquicio de duda sobre el polémico informe: » Deseo expresar a las víctimas mi tristeza y dolor por el trauma que he sufrido y mi vergüenza, nuestra vergüenza, mi vergüenza, por la incapacidad durante demasiado tiempo de la Iglesia para ponerlos en el centro de sus preocupaciones, asegurándoles mis oraciones». Dos meses después, durante la rueda de prensa: “Cuando hacemos estos estudios, hay que tener cuidado en las interpretaciones, que se hacen por sectores de tiempo. Hace tanto tiempo, se corre el riesgo de confundir la forma de sentir el problema de una época, 70 años antes que la otra». Y después de tanto pontificar terminamos con que todo proviene de ‘oídas’: » no lo he leído, he escuchado los comentarios de los obispos franceses. No, no sé cómo responder, de verdad. Ahora, los obispos franceses vendrán este mes, y les pediré que me lo expliquen». Tanto criticar lo cotorreos y terminamos en esto.
El Papa Francisco, a las 6 de la mañana, con casi nocturnidad, se ha acercado solo a rendir homenaje a la Inmaculada Concepción, como el año pasado, en silencio, en una dimensión íntima y privada. Colocó una canasta de flores y los bomberos, inmediatamente después de que Francisco abandonara la plaza, llevaron las flores, a lo alto del monumento. Después de dejar la Plaza de España, Francisco se dirigió a la Basílica de Santa Maria la Mayor, frente a la ‘Salus Populi Romani’.
El Papa Francisco con un rescripto estableció que cardenales y obispos culpables de «delitos contra la fe, así como los delitos más graves cometidos, pueden ser procesados por la Congregación para la Doctrina de la Fe». Hasta ahora los cardenales solo eran procesados personalmente por el Papa.
Vientos de guerra que soplan entre China y EE. UU y en la Plaza de San Pedro, en la inauguración de la exposición internacional de los 100 belenes, un grupo de danza tradicional taiwanesa amenizó el acto.
En 1854 el beato papa Pio IX proclamó solemnemente el dogma de la Inmaculada Concepción de la bienaventurada Virgen María. Para esa ocasión ordenó la fabricación de un cáliz con las joyas de un arnés que le regaló el Sultán de Turquía. Es el cáliz conocido como el “cáliz de la Inmaculada”, lo hemos visto usar con frecuencia por todos los papas, hasta este pontificado. No se nos puede olvidar que la liturgia es para Dios y que la pobreza, virtud fundamental para el cristiano, no nos puede llevar a la racanería en las cosas sagradas.
San Francisco de Asís, el pobre entre los pobres, no tenía límites y para Dios no había nada que fuese suficiente: «Sean preciosos los cálices, corporales, ornamentos del altar y todo lo que sirve para el sacrificio». «Y donde se encuentre colocado y abandonado indebidamente el santísimo cuerpo de nuestro Señor Jesucristo, retírese de allí y póngase y custódiese en sitio precioso». «Quiso a veces enviar por el mundo hermanos que llevasen copones preciosos, con el fin de que allí donde vieran que estaba colocado con indecencia lo que es el precio de la redención, lo reservaran en el lugar más escogido». «Quiso enviar también a otros hermanos por todas las provincias con buenos y hermosos moldes de hierro para hacer hostias limpias y perfectas».
«Por consiguiente, todos aquellos que administran tan santísimos misterios, y sobre todo quienes los administran indebidamente, consideren en su interior cuán viles son los cálices, los corporales y los manteles donde se sacrifica el cuerpo y la sangre del mismo Dios. Y hay muchos que lo colocan y lo abandonan en lugares viles, lo llevan miserablemente, y lo reciben indignamente, y lo administran a los demás sin discernimiento. Asimismo, sus nombres y sus palabras escritas son a veces hollados con los pies; porque el hombre animal no percibe las cosas que son de Dios».
Mirad hoy, resplandeciente,
a la Reina celestial.
Mirad cómo tiembla el mal
y se esconde la serpiente.
Vestida de sol ardiente,
la luna por pedestal
y, cual corona nupcial,
doce estrellas en la frente.
Es la Sierva y la Señora,
la Virgen profetizada,
del Sol naciente la Aurora.
Viene de gracia colmada,
pues su Hijo, en buena hora,
quiso hacerla Inmaculada.
«El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra…»
Buena lectura.