Estamos terminado el día de Todos los Santos y habíamos pensado darnos un respiro y dedicar el día a la contemplación de la santidad. Los santos son la verdadera historia de la iglesia, son sus mejores hijos, los canonizados y los muchísimos no canonizados, en ellos el Evangelio se hace vida y la vida Evangelio y son los verdaderos signos de los tiempos. El santoral oficial recoge en torno a 10.000 hombre y mujeres que han destacado por su santidad pero es evidente que nuestros cementerios están llenos de muchos santos anónimos que han llevado en su vida la antorcha de la fe y han sido en su tiempo otros Cristos sobre la tierra. La realidad, por desgracia es testaruda y tenemos otro día inundado de noticias y no precisamente santas.
Empezamos por los cardenales. Estamos ante un enfrentamiento directo entre Parolin y Becciu, los dos cardenales del Papa Francisco. Parolin se ha permitido hablar de inversiones opacas que evidentemente ha realizado Becciu. No es creíble que un secretario pueda disponer de 200 millones sin que Becciu no supiera nada. O estamos ante personas muy tontas e inútiles o piensan que todos los demás lo somos. Becciu dormía sobre la caja fuerte, como buen sardo, no dejaba que nadie le tocara sus bolsillos. Su preocupación por los dineros ocupaba gran parte de su jornada. Nos tememos que estamos ante otra sustanciosa cuenta personal, seguro que bien escondida, que empezó a engrosar en los tiempos de París. La Congregación de Santos en la que se encuentra no es mal sitio para que siga creciendo. Este era uno de los temas que el defenestrado primer revisor de la Santa Sede, Libero Milone, tenía entre manos y que ya coleaba en tiempos anteriores. Parolin está puesto para no enterarse de nada. El Papa Francisco lo usa pero no valora en absoluto sus opiniones y pretende que se limite a hacer lo que se le ordena. Guerra entre cardenales que tienen detrás los ajustes de poder provocados por la muerte de Silvestrini, al Papa Francisco lo dan por amortizado y ya se están preparando para controlar al próximo. Siguiendo con cardenales, nos llega la noticia de que el cardenal Pell, que sigue en prisión injustamente, asunto del que Becciu nos podría contar algunas cosas por acción y Parolin por omisión, realizará trabajos de jardinería y recibirá 10 dólares a la semana. El Vaticano sigue sin decir una palabra y guarda un silencio atronador sobre la situación del que ha sido un colaborador muy cercano del Papa Francisco y que está sufriendo un verdadero martirio.
La política italiana es muy complicada y el momento actual lo es mucho más. Aparece un nuevo partido que pretende ser católico, antisalvini y heredero de moribundo partido socialista. La mano del Papa Francisco está detrás de esta operación. El actual primer ministro, Conte, que no ha sido elegido, está relacionado con la logia de Silvestrini. Es posible que se este intentando hacer un vestido para que pueda presentarse a las próximas elecciones. Sus sustanciosos negocios con empresas Vaticanas le está haciendo perder el poco afecto que cuenta entre los italianos. A este paso, Salvini no ganará las elecciones, simplemente será el único superviviente a toda esta debacle. Estamos ante un conglomerado de ‘movimientos’ y veremos qué pasa en la próximas elecciones que no se pueden demorar mucho. Francisco empieza a ser considerado como el peor político de la historia del papado por los líos que está montando en su casa y en la ajenas.
Vistas las intenciones del Papa Francisco, Aldo María Valli nos ofrece una interesante reflexión sobre qué significa rezar por las intenciones del papa. La renuncia del Papa Benedicto XVI está marcado la historia del papado. Hoy en normal que pensemos que el Papa Francisco se puede jubilar en cualquier momento y no sería una sorpresa. Todo esto está desacralizando el papado y, en cierto sentido, redimensionándolo. Vivimos en momentos que no somos capaces de valorar lo que todo esto significará cuando pasen otros pontificados y tengamos una cierta perspectiva. Se presenta un documental en Alemania sobre el Papa Benedicto XVI titulado ‘el defensor de la fe’. Hemos empezado el Sínodo alemán, o camino sinodal, que durará dos años, y las espadas están desenvainadas. Tenemos la sensación de que Papa Benedicto XVI quiere ser utilizados por los ‘hunos’ y lo ‘hotros’ para sus propios intereses.
La destrucción de Iglesias en China continúa, hoy tenemos la noticia de un grupo de fieles que, arrodillados ante su iglesia, intentan impedir el derribo. Seguimos sin conocer el contenido de los pactos chinos y presumimos, ante el silencio del Vaticano y del Papa Francisco, que proclamo su autoría, que todo esto son consecuencias queridas, o al menos toleradas. Se ha salido de una clandestinidad ante el partido comunista para entrar en una doble clandestinidad, también ante las autoridades vaticanas.
Una religiosa en Sicilia empieza a tener fuertes dolores de estómago que se achacan a su reciente estancia en África y los médicos descubren con sorpresa que simplemente está embarazada. Por ahora la han cambiado de convento y, dados los tiempos de confusión que vivimos, seguro que Carballo la considera una optima candidata al orden de las vírgenes.
Terminamos con un breve texto del Benedicto XVI hablando de esta fiesta que celebramos:
«La santidad exige un esfuerzo constante, pero es posible a todos, porque, más que obra del hombre, es ante todo don de Dios, tres veces santo (cf. Is 6, 3). El apóstol san Juan observa: «Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos!» (1 Jn 3, 1). Por consiguiente, es Dios quien nos ha amado primero y en Jesús nos ha hecho sus hijos adoptivos. En nuestra vida todo es don de su amor. ¿Cómo quedar indiferentes ante un misterio tan grande? ¿Cómo no responder al amor del Padre celestial con una vida de hijos agradecidos? En Cristo se nos entregó totalmente a sí mismo, y nos llama a una relación personal y profunda con él.
Por tanto, cuanto más imitamos a Jesús y permanecemos unidos a él, tanto más entramos en el misterio de la santidad divina. Descubrimos que somos amados por él de modo infinito, y esto nos impulsa a amar también nosotros a nuestros hermanos. Amar implica siempre un acto de renuncia a sí mismo, «perderse a sí mismos», y precisamente así nos hace felices.»
» Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa.»
Buena lectura.
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