La caridad cristiana y la filantropía pagana, condena del Vaticano a los chicos de McCarrick, el Papa Francisco y sus ‘migrantes’.

La caridad cristiana y la filantropía pagana, condena del Vaticano a los chicos de McCarrick, el Papa Francisco y sus ‘migrantes’.

El Papa Francisco nos recuerda que la caridad cristiana es algo más que la filantropía. Estamos viviendo una batalla final entre el cristianismo y la masonería. No es algo nuevo, son muchos los olvidados papas que nos han alertado de los peligros de la secta masónica que no tiene otro objetivo que destruir el cristianismo y de un modo muy especial la Iglesia Católica. Las armas son todas y lo están intentando desde dentro y desde fuera, no vencerán porque Dios no está con ellos, todo servirá para limpiar el cuerpo de Cristo de las adherencias nocivas que arrastra y que a veces podemos incluso confundir con la verdadera iglesia. No es fácil, nunca lo ha sido, distinguir el trigo de la cizaña, trigo hay, y de muy buena calidad, pero la cizaña es mucho más molesta y mucho más visible.

La historia siempre nos ayuda a entender las cosas, el origen del término filantropía, como ayuda desinteresada a los demás, proviene de dos términos griegos,  φίλος (filos) y άνθρωπος (ánthropos), su significado literal es  “amor a la humanidad”. Se nos quiere vender que la filantropía es superior a la caridad porque la caridad pretende aliviar los problemas sociales, mientras que la filantropía los intenta resolver definitivamente.

El término tiene un origen político creado por  Flavio Glaudio Juliano, Juliano el apóstata, que fue emperador romano en el 361.  Una de las tareas principales de Juliano fue la de restaurar el paganismo. En este intento imitó a la Iglesia Católica en todas sus instituciones, acuñó el término «filantropía» para suplir al cristiano de caridad, que formaba una de las virtudes de la nueva religión pagana y que nunca había sido parte del paganismo antiguo en Roma o Atenas.

La filantropía moderna comienza en la ilustración en Europa y florece en Escocia en los llamados clubs de caballeros y otras asociaciones. El filántropo suizo Henry Dunant  funda la Cruz Roja en Ginebra en 1863. El empresario, referente para estos mundos, Andrew Carnegie,  escribió El evangelio de la riqueza y se dedicó a la filantropía a gran escala, con especial énfasis en la creación de bibliotecas locales, la paz mundial, la educación y la investigación científica. Mucho más conocidos son  John Rockefeller y Henry Ford. Hoy vivimos una floración de filántropos multimillonarios como Bill Gates, Warren Buffett, George Soros que con sus grandes fundaciones  han creado el  «filantrocapitalismo»,  para ejercer tácticas de presión en los gobiernos de un mundo globalizado. La publicidad que se hace de las grandes donaciones filantrópicas pretende dar buena imagen a empresas e ideologías que se van infiltrando en la sociedad eludiendo el pago de impuestos. La filantropia no deja de ser una mascara humanitaria con la que grandes capitalistas, denominados «comunistas liberales», dan con una mano lo que quitan con la otra. Hemos de ser especialmente cautos en estos tiempos en que estamos entrando, con una crisis social sin precedentes, donde la máscara filantropica se encuentra en su salsa.

Otro caso que sigue muy presente en las noticia es el de Mons. Michael J. Bransfield, obispo emérito de Wheeling-Charleston condenado a  devolver $ 441,000 a su antigua diócesis. La decisión tomada por la Congregación de obispos, con las disposiciones del Papa Francisco, por lo que Bransfield debería «reparar personalmente parte del daño que causó». La acusación de abuso sexual de seminaristas así como la de irregularidad por fondos diocesanos destinados a restaurantes, hoteles y jets privados. Mons. Brennan, el actual obispo, escribe una carta a los católicos de la diócesis:  «Estoy agradecido al Papa Francisco y a la Congregación para los Obispos por haber aceptado en gran medida el plan que presenté al obispo Bransfield en noviembre de 2019»,  «Ese plan combino la insistencia en la justicia restaurativa con un gesto de misericordia, que es como Dios nos trata a todos. Espero que la comunidad de la Diócesis de Wheeling-Charleston vea en la decisión de la Congregación para los Obispos una solución justa y razonable a esta incómoda cuestión ”. También el condenado se disculpa de una forma más que curiosa:  «Si con ciertas palabras y acciones que ciertos sacerdotes y seminaristas que se han sentido acosados ​​sexualmente, como se ha dicho, digo que nunca fue mi intención».

Este caso no es un hecho aislado en los Estados Unidos, tenemos la impresión de que se está intentando poner un dique ante toda la porquería que ha rodeado al Cardenal McCarrick durante decenios en donde todos sabían, todos callaban y todos consentían. El informe McCarrick no termina de llegar porque debería venir acompañado de la destitución de un buen número de obispos, algunos romanos, que se han criado a sus pechos y que no gozan de ninguna fiabilidad ante el tan nombrado y olvidado pueblo de Dios. Antes hablábamos de la máscara de la filantropía, tenemos más máscaras que no terminan que caer y que pretenden cubrir con lo más sagrado los vicios y corrupciones más inconfesables. El caso Bransfield es uno, los demás por ahora intentan sobrevivir detrás de la máscara.

Seguimos con artículos sobre las elecciones en los Estados Unidos en donde se resalta la importancia de la fe en estos comicios. Las posiciones ante la defensa de la vida son más claras que nunca y pueden decantar los resultados. Los demócratas tienen pánico a los debates cuerpo a cuerpo y la senilidad de Biden es cada día más evidente. Otra batalla importante que tenemos delante en unos meses importantes.

Sicilia, y su gobierno, está harta de la invasión que está sufriendo ante la indiferencia del resto de Italia y de Europa. Mientras el Papa Francisco sigue repitiendo como un mantra su política de puertos abiertos y muros caídos sigue sin acoger a uno solo, ni uno, en el estado del Vaticano. La legislación del Vaticano, país gobernado como monarca absoluto por el Papa Francisco, es de las más restrictivas del mundo en la acogida de inmigrantes, si se aplicara en el resto sería inhumana. No estaría de más empezar por el ejemplo y ocupar la vacía Santa Marta. Una cosa es predicar y otra tener a los molestos inmigrantes, o migrantes de Francisco, en la habitación de al lado o en la misma mesa, eso queda para otros.

«¿De Nazaret puede salir algo bueno?»
«Ven y verás.»

Buena lectura

 

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