Las noticias de hoy tienen como común denominador el numero ‘6’. Seis años del pontificado de Papa Francisco, seis años de condena al cardenal Pell. No somos muy dados en este blog a entrar en mundo cabalísticos pero a veces las cosas son demasiado evidentes. La marca de la Bestia es un término bíblico del libro de Apocalipsis, del Nuevo Testamento, que está asociado con la bestia del Apocalipsis en el capítulo 13. En la mayoría de los manuscritos del Nuevo Testamento, la marca de la Bestia está comúnmente asociada al número 666.
Es el Papa Francisco el que hace continuas referencias al gran acusador, a satanás, al demonio. La curia se encuentra encerrada en Aricia en unos días de oración. La finca de los Paulinos tiene unas vistas espectaculares. Los curiales pueden observar a sus pies el lago Albano en su totalidad. El cono volcánico se aprecia en todo su esplendor. Saltando la vista por encina de los límites del lago se ve la ciudad de Roma sumida en una misteriosa nebulosa. La cúpula de San Pedro se enseñorea poderosa sobre la masa indefinida del conglomerado urbano. La villa pontificia se alza a la izquierda de la visión elegante y silenciosa recordando a todos los presentes sucesos no tan lejanos que han iniciado la etapa convulsa que nos ha tocado vivir.
Hemos caído en la tentación de dar una vuelta por el austero interior de la casa de ejercicios para sentir el ambiente en este día del sexto aniversario. El Papa Francisco no ha salido al jardín ni por despiste. Sus pasos van de su habitación a la capilla con las necesarias bajadas al comedor. Se muestra con semblante cansado y dolorido. Se respira un silencio forzado. Las palabras desaparecen y los gestos están medidos. Todos siguen las noticias de los que está sucediendo en el mundo exterior. La gran sala sobre el comedor es el rincón en que los teléfonos entran al escaso Wifi rural. Abundan los curiales ancianos. Los años pasan y la familia no crece. En este periodo han quedado huecos de apellidos sonoros. Las interinidades crecen y las vacantes se prolongan en una cadena de renuncias, jubilaciones, ceses, bajas… que no termina.
Tenemos la sensación de que el Papa Francisco ya ha tirado la toalla y está agotado. No puede, no quiere o no debe hacer nada más. Su pontificado ha entrado en la recta final y parece querer respetar los espacios para lo que pueda venir. Hasta hace no muchos años era fácil hacer previsiones sobre la sucesión en los dicasterios hoy es imposible. Estamos ante un fin de periodo que va más lejos de el tiempo que el Papa Francisco pueda tener delante. El periodo abierto en la historia de la iglesia con el último concilio, y todo lo que ha significado, se termina y sus defensores simplemente se extinguen. No hay continuidad. La primavera no termina de aparecer. Se respira desánimo, tristeza, resignación en unos ideólogos curiales que no encuentran sucesión a sus postulados. No se pueden retirar porque no hay quien cubra sus aspiraciones.
El nerviosismo del predicador es manifiesto y junto al miedo escénico está la prevención de evitar todo lo que pueda traer malos recuerdos al auditorio. Verdaderos equilibrios que no siempre se logran.
La condena del cardenal Pell ha caído como un mazazo sobre esta situación. No deja de ser ‘uno de los nuestros’. Es evidente que la satisfacción porque ‘las cosas de Pell’ no fueran adelante existe pero verlo en encarcelado en una cárcel secular es demasiado. Se ha perdido el respeto a la púrpura y el siguiente puede ser cualquiera.
«Todo lo que deseáis que los demás hagan con vosotros, hacedlo vosotros con ellos.»
Buena lectura.
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