El Papa ingresa hoy en el Gemelli a última hora de la mañana. Cuando hablamos de la salud del Papa nos metemos en terrenos resbaladizos y debemos intentar, al menos, ser lo más precisos posibles. Los datos son los que son y los rumores u otro tipo de información debemos darla como tal. Lo dijo Bruni de palabra, porque por escrito hay muy poco: el texto del Ángelus del domingo y un comunicado de dos líneas de la Prefectura de la Casa Pontificia que anula todas las audiencias hasta el martes 20. Parte médico no hay ninguno, y nadie ha firmado un solo documento clínico por ahora.
La consecuencia tiene nombre y es doble. La misa de mañana en la plaza de San Pedro, que cerraba los diez años de Amoris laetitia, la presidirá el cardenal Tagle. Y el informe de síntesis del encuentro no se publicará, por decisión del propio Papa, que quiere verlo antes.
Del viaje a América sigue sin haber palabra oficial, pero hay un cardenal que vio al Papa ayer y cuenta por qué se opera ya. También hay abusos: Federica Tourn hace la cuenta del caso Rupnik, un año desde que se nombraron los jueces y tres desde que se levantó la prescripción, sin sentencia. Hoy tenemos un catálogo de lo que se publica sin fuente cuando hay un enfermo y no hay datos, con una biopsia que el propio titular que la anuncia reconoce no poder acreditar y tres milímetros que nadie ha medido.
Cualquiera de nosotros que recibe la noticia de que nuestro padre tiene algo así estaría muy preocupado, no lo debemos ocultar, tampoco exagerar. El romano es de natural supersticioso y el Vaticano sigue siendo el lugar de los vaticinios, cualquier cosa que suceda tiene mil interpretaciones. Nosotros intentaremos movernos en medio de esta inevitable maraña informativa, para un pontificado que está iniciando, pronto empezamos.
El único papel firmado es de la Prefectura
Dos días después del anuncio vale la pena ordenar qué hay por escrito y qué no. Hay esto:
el texto del Ángelus del domingo en el Bollettino y
un comunicado de la Prefectura de la Casa Pontificia de ayer que tiene dos líneas y dice: «Con motivo del ingreso hospitalario del Santo Padre quedan anuladas todas las audiencias hasta el martes 20 de octubre». Eso es todo.
Lo que no hay es más revelador. No hay parte médico. Ni el domingo, ni el lunes, ni esta mañana: nadie ha firmado un solo documento clínico. El Bollettino del domingo contiene un único elemento, las palabras del Ángelus, y el de ayer, además del comunicado de agenda, el despacho ordinario. A primera hora de hoy no había Bollettino del 13. El comunicado de la Prefectura no menciona el hospital, ni la fecha de la operación, ni el diagnóstico, ni el viaje a América. Y la firma importa: es la Prefectura, que gestiona audiencias, no la Oficina de Prensa. La única rúbrica institucional de todo el expediente cubre el calendario y nada más.
El resto llega por vía oral y con atribución.
Vatican News, que es medio del Dicasterio para la Comunicación, pone en boca de Bruni que «a última hora de la mañana está previsto el ingreso» de hoy en el Gemelli, y recoge también de él que los controles en que apareció el nódulo eran «de rutina». Las dos cosas son del director de la Oficina de Prensa respondiendo a periodistas. El hospital, por tanto, sigue sin estar en el Bollettino, y la décima planta tampoco. Nadie ha nombrado al cirujano ni al equipo.
Y del médico que todos citan, Luigi Carbone, Repubblica precisa el verbo exacto: «acompañará» al Pontífice durante la intervención. Acompañará, no operará. Es internista y gestor sanitario.
Merece la pena anotar cómo se fijó la fecha, porque enseña cómo se cuece esto. El lunes por la mañana no estaba fijada:
Il Tempo daba una fecha probable,
Euronews recogía que «la fecha del ingreso no ha sido todavía oficializada» y la situaba entre el martes y el miércoles citando «ambientes vaticanos», el Corriere apuntaba al miércoles, y
el SIR titulaba que el Papa tenía una mañana cargada de compromisos y ninguno oficial por la tarde. El comunicado de la Prefectura salió al caer la tarde, lo que explica que las piezas del mediodía no lo mencionen: no existía.
Repubblica cerró de madrugada con el ingreso a última hora de la mañana de hoy,
y Silere non possum dio el mismo día y la misma franja sin atribuirlo a nadie, que es su manera de trabajar: coincide con lo oficial y no lo cita.
Tagle celebrará la misa, y el informe no se publica
La consecuencia del ingreso tiene nombre y tiene dos partes, y las dio ayer el padre Giacomo Costa, jesuita, consultor de la Secretaría General del Sínodo y responsable de la metodología del encuentro sobre la familia. La primera: la misa de mañana en la plaza de San Pedro, que cerraba los diez años de
Amoris laetitia y que presidía el Papa, la presidirá el cardenal Luis Antonio Tagle. «En la misa rezaremos de modo particular por la salud del Santo Padre, además de por las familias», dijo Costa. Cuatro días después de ser decano, Tagle sustituye al Papa en el altar.
La segunda es más gorda y ha pasado casi inadvertida: el informe de síntesis del encuentro no se publicará. Lo ha pedido el Papa. Costa, citándolo: «ha pedido también que el informe no se publique, a diferencia de lo previsto, porque querría escucharlo y decir lo suyo». Llevamos una semana contando que once personas presididas por el cardenal Farrell estaban redactando ese texto para el día 14. El texto existe, se entrega y no sale. El Papa quiere oírlo primero y responder.
Dicho de otro modo, el documento que iba a ser el resultado público de un encuentro mundial de jefes de Iglesias orientales y presidentes de conferencias episcopales pasa a ser un papel interno hasta que el Papa salga del hospital y lo lea. Es una decisión suya y es coherente, pero cambia la naturaleza del acto: lo que se convocó como discernimiento con resultado se cierra sin resultado visible.
Las sesiones del lunes siguieron igualmente, con Farrell pidiendo «dar prioridad a la escucha, evitar juicios apresurados», la profesora Julie Hanlon Rubio, de Santa Clara, observando que «las parejas tienden a quedarse aisladas en sus dificultades», y el cardenal Pablo Virgilio David, obispo de Kalookan y presidente de los obispos filipinos, con la frase que mejor resume el problema: «No nos pide abandonar el ideal. Nos pide acompañar a personas reales».
Nadie sustituye al Papa.
Toda la prensa italiana ha ido ayer a la misma pregunta, y en lo esencial acierta: no hay traspaso de poderes, no hay suplencia, el Papa sigue siendo titular.
ANSA lo formula mejor que nadie: el derecho canónico no prevé una figura de «vicepapa» ni un mecanismo de suplencia temporal, los decretos y los nombramientos ordinarios se siguen publicando a nombre del Papa, y las decisiones de su competencia exclusiva «quedan temporalmente congeladas y esperan su despertar». Añade algo que hacía falta: es un malentendido difundido que el camarlengo, que es el cardenal Farrell, asuma poder alguno; no lo asume si el Papa está simplemente enfermo o anestesiado.
Il Messaggero da el mecanismo práctico: ninguna delegación extraordinaria y ningún traspaso, será Prevost quien siga los expedientes desde la habitación, y la continuidad con el aparato curial la garantiza el arzobispo Paolo Rudelli,
Sustituto para los Asuntos Generales de la Secretaría de Estado desde el 30 de marzo, en el mismo boletín que mandó a Peña Parra de nuncio en Italia.
Rudelli venía de la nunciatura de Colombia y
al estrenar el cargo dijo que el del Papa era «un gesto de confianza que me honra profundamente». El filtro diario lo hacen los dos secretarios particulares que viven con él, el peruano Edgar Rimaycuna y el italiano Marco Billeri. La frase que resume el asunto es suya: una cosa es la agenda pública y otra el ejercicio de la autoridad pontificia, «que no decae por efecto de un ingreso hospitalario».
Hasta aquí, bien. Ahora las dos cosas que hay que corregir, y las dos son de derecho.
Il Giornale titula que «en caso de necesidad está el neodecano Tagle». El cuerpo del artículo no sostiene el titular: el autor lo plantea en condicional y como conjetura sobre un cónclave, no sobre el gobierno. Y el derecho lo excluye.
El canon 352 §1 dice que el decano «no goza de ninguna potestad de régimen sobre los demás cardenales, sino que es considerado primus inter pares». Ninguna potestad sobre los cardenales, y menos sobre la Iglesia. Lo que el decano sí hace, y solo cuando la sede está vacante, es convocar y presidir las congregaciones generales.
La segunda corrección es más gruesa. Ese mismo artículo sostiene que en 1965 Pablo VI escribió al entonces decano Tisserant «autorizándole a declarar la sede vacante» en caso de enfermedad presumiblemente incurable o de larga duración. No es eso.
La carta, del 2 de mayo de 1965, le daba la facultad de aceptar y hacer efectiva una renuncia que el propio Pablo VI ya había firmado, condicionada a esa enfermedad. La diferencia es toda: un acto del Papa que un tercero ejecuta no es una potestad del decano para declarar nada. Las cartas las publicó monseñor Leonardo Sapienza en 2018.
A vueltas con la sede impedida.
Y aquí llega lo que de verdad merece el apartado, porque nadie lo ha contado. El término correcto para lo que todos describen no es sede vacante sino sede impedida, y para la Sede Romana la sede impedida no está regulada.
El canon 335 dice exactamente esto: «Al quedar vacante o totalmente impedida la sede romana, nada se ha de innovar en el régimen de la Iglesia universal: han de observarse, sin embargo, las leyes especiales dadas para esos casos». Dos cosas y ninguna más: una orden de no innovar y una remisión. No dice quién constata el impedimento, ni quién despacha, ni con qué procedimiento. Conviene precisarlo porque ANSA escribe que el canon 335 «regula» el supuesto, y no lo regula: lo menciona y manda mirar otra ley.
El problema es que esa otra ley no existe.
Universi Dominici Gregis, la constitución de Juan Pablo II de 1996, regula la vacante y solo la vacante. Hemos buscado en ella las palabras impedido, enfermedad y dolencia: lo único que dice de un Papa enfermo está en el número 30, y es la prohibición de fotografiarlo «enfermo en la cama o difunto». Esa es toda la previsión que la ley vigente dedica a un Papa vivo e incapacitado: que no le hagan fotos.
La laguna no la descubrió la renuncia de Benedicto XVI, y hay que decirlo porque lo repetimos todos.
El canonista James Provost la denunció en America en septiembre del año 2000, ya con las normas de 1996 en vigor, y la llamó «un vacío bastante grave en el derecho constitucional de la Iglesia». Pedía tres cosas que siguen sin respuesta: quién determina que el Papa está impedido y cómo, quién administra la Iglesia mientras tanto, y qué papel tienen el Colegio, la Curia y los servicios vaticanos.
Hay incluso una propuesta de ley escrita y nadie la ha recogido estos días.
Geraldina Boni, catedrática de Derecho Canónico en Bolonia, publicó en julio de 2021 un proyecto normativo sobre la sede romana totalmente impedida, y
un grupo de investigación de su departamento redactó dos textos, uno sobre la sede impedida y otro sobre el estatuto de un Obispo de Roma que ha renunciado, que se sometieron a comentario de los canonistas antes de presentarlos al legislador. Su propuesta da el gobierno provisional al Colegio de Cardenales con un
coetus de siete miembros para los asuntos ordinarios.
Y el cardenal Ghirlanda, que de esto sabe, lo dijo en 2022 sin rodeos: «Hay una ley especial para la sede vacante, pero no hay una ley sobre la sede impedida», y «sería oportuno; al menos se sabría qué hacer con claridad en una circunstancia así».
Mientras no la haya, lo que hay es lo que la práctica enseña, y la práctica va en dos direcciones. Una: el Papa firma desde el hospital.
Francisco rezó el Ángelus del 11 de julio de 2021 desde el Gemelli y el texto está en vatican.va con el policlínico como lugar, y
en febrero del año pasado, durante los treinta y ocho días de neumonía, Avvenire describía su trabajo como «la lectura y la firma de documentos, algunos de los cuales tienen repercusión al exterior, por ejemplo los nombramientos de los obispos». Dos: cuando el Papa no puede, los actos esperan. No hay un tercer camino escrito.
Y hay un remedio que tres Papas han usado y que no es derecho sino sacristía: dejar firmada una renuncia condicionada en manos de un tercero. Pablo VI en 1965, al decano. Juan Pablo II en 1989, según contó Ghirlanda. Y Francisco, que lo reveló en una entrevista en diciembre de 2022: la firmó siendo secretario de Estado Bertone, es decir en los primeros meses, y la entregó con una frase que lo dice todo: «en caso de impedimento médico o qué sé yo, aquí tienes mi renuncia». Tres veces el mismo apaño privado para la misma laguna pública, y la laguna sigue abierta esta mañana, con el Papa entrando en el Gemelli.
Hay un dato inquietante, que nos hace pensar y no poco en lo que estamos viviendo. Un
artículo de Il Messaggero, de Andrea Gagliarducci, añade la observación más fina de la jornada: que el arcipreste de San Pedro y el decanato del Colegio son dos cargos que no cesan en sede vacante, y que León XIV los cubrió los días 9 y 10, justo antes de operarse. «No ha querido dejar la casa en desorden», escribe. Es verdad y es pertinente, con una salvedad técnica: el número 14 de
Universi Dominici Gregis habla del cardenal arcipreste en cuanto vicario general para la Ciudad del Vaticano, y Viola es arzobispo, no cardenal, de modo que la letra no cubre exactamente la afirmación.
Repubblica resume el cuadro en una línea que suscribimos: las únicas normas que hay se refieren a la sede vacante.
La etiqueta de Tagle y lo que la sostiene
LifeSiteNews titula que León XIV ha aprobado como decano a un Tagle «radicalmente pro-LGBT», y como el cargo es nuevo y el personaje va a estar en todas las listas, miremos en qué se apoya. Se apoya, sustancialmente, en unas declaraciones de marzo de 2015: Tagle estaba en Londres para el encuentro nacional de jóvenes católicos ingleses, en Wembley, el 8 de marzo, y al día siguiente The Telegraph publicó una entrevista. Dijo que la Iglesia había tratado con dureza a los homosexuales y a los divorciados, y sobre estos últimos que «no podemos tener una fórmula para todos los casos». Es real, está fechado, y no propuso cambiar una línea de doctrina: habla de tono pastoral.
El resto del expediente es más flojo de lo que el titular promete. Los adjetivos duros son del redactor, no citas de Tagle. La cita que el artículo entresaca de aquel episodio no menciona la homosexualidad, habla de misericordia. La de anticoncepción va sin fecha ni lugar y no menciona la anticoncepción. Que haya sugerido la comunión para parejas adúlteras es inferencia del medio. Y la única afirmación específicamente LGBT que añade a 2015 es un vídeo de 2017 «producido bajo su dirección», del que no da título, ni contenido, ni una declaración suya: no lo hemos podido verificar y no lo damos por bueno. Lo demás son asociaciones: la Pachamama de 2019, el apodo de «Papa Francisco filipino» que le puso un diario de Boston en 2014, la Iglesia sinodal citando a otro medio.
Dicho lo cual, no hay que perder de vista otras dos. Una, que ese mismo medio ya tuvo una afirmación sobre Tagle desmentida: la de una canción de Lennon que, comprobada, resultó ser una versión abreviada sin los versos que se le reprochaban. La segunda es que sí existe un expediente documentado sobre Tagle, y no tiene nada que ver con esto: un directivo de Caritas fue nombrado pese a acusaciones de abuso sexual de menores de 2012, mientras él presidía Caritas Internationalis. Si alguna vez hay que hacer el perfil crítico del nuevo decano, el material está ahí y no en una entrevista de hace once años.
Kikuchi lo vio el lunes
Sobre el viaje a Uruguay, Argentina y Perú del 6 al 17 de noviembre sigue sin haber una palabra oficial: el comunicado de la Prefectura cubre audiencias hasta el 20 y no se pronuncia. Pero ha aparecido la voz más cercana de las que se han oído, y esta sí lo vio.
Repubblica entrevista al cardenal Tarcisio Isao Kikuchi, arzobispo de Tokio y presidente de Caritas Internationalis, que fue uno de los pocos recibidos en audiencia privada el lunes por la mañana. Dice que lo encontró «sonriente» y «muy tranquilo», y le atribuye el motivo de la prisa: «no queriendo cancelar los viajes al extranjero ya programados, ha decidido someterse de inmediato a los cuidados necesarios».
Con eso, el asunto del viaje queda en tres planos y se puede ordenar. Lo que el Papa dijo en público: «la visita pastoral que realizaré a Perú», en futuro de indicativo, el domingo. Lo que supone un amigo que no lo ha visto: el agustino Alejandro Moral Antón, que cree que se opera ya para no cancelar noviembre. Y lo que cuenta un cardenal que estuvo con él el lunes: que ese es el motivo, dicho por él. Ninguno de los tres es la Sala Stampa, pero el tercero estaba en la habitación. Kikuchi añade una frase que coincide con la lectura que hacía el domingo el historiador Melloni: «mejor que lo haya dicho él para evitar cotilleos».
El lunes, por lo demás, el Papa despachó las siete audiencias de la mañana enteras y no apareció por la sesión de la tarde sobre la familia. Entre los recibidos, Kikuchi y el arzobispo Timothy Broglio, el ordinario militar de Estados Unidos, que es quien tiene sobre la mesa el asunto del pelotón de fusilamiento del 3 de diciembre.
La habitación del décimo piso
ANSA y Ester Palma en el Corriere cuentan la historia del sitio, y vale la pena porque explica un capítulo de las finanzas y la seguridad vaticanas que nadie documenta. Está en el ala derecha de la décima planta del Gemelli, con las ventanas sobre la explanada de la entrada principal, y se habilitó a principios de los años ochenta por una razón precisa: el 13 de mayo de 1981 Juan Pablo II entró de urgencia tras el atentado, y el 18 de mayo lo trasladaron a una habitación ordinaria de aquella planta. De ahí salió la decisión de hacer algo más reservado.
El inventario desmiente la palabra «suite» que usan los titulares. Dormitorio con cama sanitaria y monitores, baño, un saloncito con un sofá cama para una persona del séquito, y una capilla privada con reclinatorio, un gran crucifijo y un altar pequeño. El Corriere lo describe así: «Nada lujoso, el aspecto es más bien muy esencial, con pocos muebles en un blanco hospitalario». ANSA añade un despacho. Alrededor hay un área de servicio y accesos controlados por la Policía del Estado, la Gendarmería vaticana y la seguridad del policlínico. Quién lo construyó y quién lo pagó no lo dice ninguna de las dos, y nosotros tampoco lo sabemos.
Juan Pablo II ingresó allí siete veces, desde el atentado hasta la traqueotomía de 2005, y se asomó a esa ventana por última vez el 13 de marzo de aquel año, esforzándose en pronunciar unas palabras; murió el 2 de abril. Fue él quien bautizó el sitio como el «Vaticano tercero», después de la plaza de San Pedro y Castel Gandolfo, aunque ANSA y el Corriere discrepan en el orden de los dos primeros. Francisco ingresó tres veces: julio de 2021, marzo de 2023 y febrero de 2025, dos meses antes de morir. Antes de 1981 los Papas no se hospitalizaban: Pío XII y Juan XXIII fueron atendidos en el Vaticano hasta el final, y Pablo VI murió en Castel Gandolfo.
Lo que se publica sin fuente
Dos días de enfermedad papal dan para un catálogo de lo que la prensa hace cuando no tiene datos, y hoy toca recogerlo, porque con un enfermo de por medio la diferencia entre informar y rellenar se nota más.
Quotidiano Nazionale titula, con firma de Giovanni Panettiere, que hubo trastornos respiratorios, controles, «la biopsia» y ahora la operación. El cuerpo del propio artículo dice: «Ninguna confirmación oficial sobre una biopsia ya efectuada por el equipo que atiende al Pontífice». El titular pone en una secuencia narrativa un hecho que el texto reconoce no poder acreditar.
Sobre el origen del hallazgo hay dos versiones incompatibles.
Adnkronos lo atribuye a la Oficina de Prensa y dice «controles de rutina», que es lo mismo que recoge Vatican News de boca de Bruni. Tgcom24, sin firma visible y sin citar fuente alguna, sostiene que los controles se hicieron para averiguar el origen de una «leve irritación de las vías respiratorias», y en el mismo texto describe la lesión como «todavía sin síntomas», que es lo contrario de su propia premisa. Rutina y síntoma no caben juntos.
Y el ejemplo más fino es el de la cifra.
Infobae publica un reportaje con dos médicos argentinos que no han visto al paciente, lo cual es legítimo si se dice, y uno de ellos concluye: «Tres milímetros no es importante. Es por prevención». Esos tres milímetros no están en el texto del Ángelus, ni en el comunicado de la Prefectura, ni en ninguna fuente oficial que hayamos podido localizar. No es solo que opinen médicos sin acceso a la historia clínica: es que opinan sobre una medida que nadie ha publicado. En la misma familia está un titular de Repubblica que atribuye a «el cirujano» que no habrá avión durante veinte días, lo cual tendría consecuencias directas sobre el 6 de noviembre; el cirujano no aparece con nombre y no lo hemos podido leer, así que ahí queda, como titular.
La carta a Re, y una cuenta que cuadra
El Papa publicó el domingo, el mismo día del Ángelus, su carta al cardenal Giovanni Battista Re, a quien trata de «venerado y querido hermano» y de decano emérito. Le repasa la carrera entera: entrada joven al servicio de la Santa Sede, asesor de la Secretaría de Estado, secretario de la Congregación para los Obispos, Sustituto, coordinador de las oficinas vaticanas en el Jubileo del año 2000, prefecto de los Obispos y cardenal al comienzo del milenio. Lo llama «uno de los servidores de la Santa Sede más conocidos y estimados» y recuerda su lema episcopal,
Virtus ex alto. La última celebración que presidió como decano fue el funeral de Francisco.
Y hay una cifra que nos interesa. El Papa escribe que Re ejerció el oficio «durante más de seis años». El sábado señalamos aquí que quien redondeó a siete se había pasado, porque fueron seis años y ocho meses y medio desde el 18 de enero de 2020. La carta lo confirma.
Silere non possum también se ocupa del asunto. Que el Papa despidiera a su decano saliente el mismo día en que anunció que se opera dice algo del orden con que lleva el despacho.
Rupnik: un año de jueces y tres de prescripción levantada
Federica Tourn hace la cuenta en una nota breve y la cuenta es la noticia: «Ha pasado un año exacto desde el nombramiento de los jueces del proceso canónico a don Marko Rupnik en el Dicasterio para la Doctrina de la Fe y todavía no se sabe nada. Han pasado tres años desde que el papa Francisco levantó la prescripción sobre el caso, un caso de abusos sobre mujeres adultas, ex hermanas de la Comunidad Loyola, de los años noventa. Tres años y aún ninguna sentencia en el horizonte. Esperamos». No aporta datos nuevos y no pretende aportarlos: es un recordatorio de plazos, que es exactamente lo que hace falta cuando un expediente se alarga hasta que deja de ser noticia. Las fechas que da no las hemos verificado por nuestra cuenta y lo decimos. El proceso sigue abierto, los jueces nombrados y la sentencia sin fecha.
Las cifras del viaje a Francia
Nuno da Silva Gonçalves, director de La Civiltà Cattolica, publica el balance del viaje a Francia, que fue del 25 al 28 de septiembre y pasó por París, Saint-Denis, Lourdes, Metz y la UNESCO. Lo que vale del artículo son los números, que nadie había juntado: unas trescientas mil personas en el recorrido hacia Notre-Dame, ochenta mil jóvenes en la vigilia del Stade de France, entre setecientas mil y ochocientas mil en la misa de la plaza de la Concordia, unas ciento cincuenta mil en la Pradera de Lourdes y unas treinta y cinco mil dentro y alrededor de la catedral de Metz.
De las frases, tres. En Notre-Dame: «Esta catedral ha renacido para que vosotros podáis renacer con ella». En el Stade de France, a los jóvenes: «Vosotros sois los santos de Francia». Y en Lourdes, a los enfermos, «no sois una carga», junto a otra que el artículo no glosa y que allí no es retórica: «lo que es legal no es necesariamente moral». En Lourdes se reunió además con siete personas abusadas por miembros del clero en Francia, a las que escuchó una a una; de ese encuentro el artículo no da ninguna cita. El altar de la catedral de Metz, donde pidió «romper la cadena del resentimiento», está fundido con bronce de viejos cañones alemanes.
Más lecturas
Silere non possum publica tres testimonios de sacerdotes italianos en dificultad, un coadjutor incomprendido, uno que deja el ministerio y un párroco anciano sin función, bajo el título «Ya verás que todo pasa». El sábado dimos los del estudio Gallup para la Catholic University, con el 44 % de los diocesanos estadounidenses presentando al menos un síntoma de desgaste.
El ministro francés para Europa, Benjamin Haddad, visitó ayer la Comunidad de Sant’Egidio con los embajadores de Francia ante Italia y ante la Santa Sede, para hablar de Ucrania y del papel de Europa; la nota no dice quién lo recibió ni menciona el encuentro de Asís del 25 al 27, al que va el Papa.
Marco Invernizzi sostiene en Alleanza Cattolica que la tibieza tiene dimensión política y no solo personal,
y Marco Ferrazzoli compara en la misma casa la película sobre Guareschi con el biopic sobre Carlo Acutis, advirtiendo él mismo de que es coguionista de la primera, lo cual es más honradez de la que suele verse.
LifeSiteNews dedica un episodio a quien difunde el legado de Fulton Sheen y otro a una ceremonia indígena de smudging celebrada en honor de santa Kateri Tekakwitha en una parroquia de Durham, en la diócesis de Raleigh, que presenta como ritual pagano: no nombra la parroquia, no da la fecha del acto, se apoya en otro medio de parte y no recoge respuesta de la diócesis, de modo que ahí no hay todavía un hecho verificado.
Reuters tiene material audiovisual del ambiente en el Vaticano tras el anuncio. En Florencia presentan esta tarde en la Sala Borsi de San Lorenzo un libro sobre la defensa europea que cita a León XIV pidiendo «esfuerzos creativos para alcanzar la paz».
Buen martes.
«¡Insensatos! ¿Acaso quien hizo lo de fuera no ha hecho también lo de dentro?» (Lc 11, 40).
Y estos días rezamos especialmente por el Papa:
«Oremus pro Pontifice nostro Leone. Dominus conservet eum, et vivificet eum, et beatum faciat eum in terra, et non tradat eum in animam inimicorum eius.»