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Desesperados por el caso Viganò, la comisión Herranz entra en juego, la Iglesia se está cayendo a pedazos.

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En un primer momento se quiso cerrar el caso Viganò muy a la «Vaticana». El Papa Francisco decide no decir ni una palabra y no existe el más mínimo comunicado oficial. Se intenta hacer ver que es una cosa sin entidad y dejarla morir. Basta ver los primeros artículos aparecidos en la páginas para oficiales y las primeras reacciones.

El silencio inicial se ha convertido en clamor universal. Recogemos una parte de las noticias aparecidas que son muchísimas. En Italia se están resucitando algunos temas como el de los monaguillos de San Pedro que siguen en el limbo y que a nadie parecen importar a pasar de las gravísimas acusaciones. Este caso y otros muchos hacen ver a todo el mundo que hacer no se ha hecho nada.

El silencio lleno de preocupación de los defensores del Papa Francisco es otro dato increíble. Salvo algunas manifestaciones genéricas de respaldo al pontífice, que ni de lejos entran en el problema, nada serio se ha dicho. Las defensas de algunos de los afectados no hacen otra cosa que complicar más su posición  con descalificaciones a las personas que no hacen otra cosa que su trabajo.

Los medios oficiosos hacen largos y razonados artículos cocinados en la Secretaria de Estado que intentan  salvar la situación. La desesperación se corta y los grupos de trabajo interno multiplican sus reuniones. Los encargados de bloquear la implicación del Vaticano en los tribunales americanos dan su batalla por perdida. Viganò es un alto cargo Vaticano que ha trabajado en estados Unidos y que ofrece su testimonio de hechos penales gravísimos,  lo peor que podía suceder ha sucedido.  La estrategia ahora da un cambio radical y se da por hecho que hasta el Papa Francisco y el Papa Benedicto pueden ser llamados a declarar.

Un nuevo dato entra el juego y se hace referencia al informe Herranz. En torno a cuarenta personas son llamadas a declarar ante la comisión de tres cardenales creada en los tiempos de la renuncia de Papa Benedicto. Es el famoso informe que pasa de papa a papa directamente y sin intermediarios. El contenido es por ahora secreto pero ya Viganò ha insinuado que puede hacer pública su declaración. Los tres cardenales que formaban parte de esta comisión parece que también sabían de gravísimos delitos y han mantenido el más absoluto silencio de oficio.

Son muchos los sacerdotes y obispos que están siguiendo con preocupación lo que está sucediendo estos días y esperan a que todo se aclare, confiar en la Divina Providencia es justo y necesario pero la Divina Providencia creemos que también confía en que hagamos algo nosotros. La tensión en la curias y en las parroquias es terrible. Los defensores del Papa Francisco titubean y empiezan a marcar distancias y los detractores piden luz sobre todo esto. La Iglesia no puede funcionar con mecanismos propios de una secta  y cuanto antes se aclare toda está confusión mejor para todos. Nos parece exagerado hablar de cisma pero cabreo lo hay y no poco.

A los religiosos y eclesiásticos se les puede amenazar y hacer callar. A los laicos es imposible. Son muchos los que simplemente abandonan, basta ver las iglesia tan vacías que nuestra vieja Europa y esto se está extendiendo a los Estados Unidos. Pero son muchos los que están dispuestos a que no les robe su fe y a que no les obliguen a irse se «su iglesia». El descrédito de los obispos es enorme y ya nadie les cree cuando repiten como un mantra: «yo no sabía nada». En Mexíco lo de Maciel lo sabían hasta en el último pueblo.

Estados Unidos no es Chile y mandar a dos curiales a llorar por las montañas diciendo que el papa se ha equivocado no tiene mucho sentido. El llamar a Roma a los obispos americanos  y pedirles que renuncien todos no es viable y además estos no se iban a callar como los chilenos que están viviendo una situación de continuo martirio.

En medio de todo este silencio oficial la bola sigue creciendo y decir que está dando la vuelta al mundo es poco. Los informativos de máxima audiencia han tratado todo esto como noticia estrella. La crisis infinita que estamos viviendo parece que continuará y que, al menos por ahora, no vemos que se estén tomando decisiones que lleven a su solución razonable.

En tiempos tan complicados como estos nuestros un joven escucho estas palabras: «Ve Francisco y repara mi Iglesia, que como ves se está cayendo a pedazos». Los caminos de Dios son otros y seguro que ya está actuando donde menos lo podemos imaginar.

«Él os mantendrá firmes hasta el final, para que no tengan de qué acusaros en el día de Jesucristo, Señor nuestro.»

Buena lectura.

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