
EN RECUERDO DEL PLUS ULTRA
Hace menos de un trimestre se cumplió el centenario de la llegada del
hidroavión Plus Ultra a Buenos Aires; después de diecinueve días de vuelo y seis
escalas, sus alas habían atravesado el Atlántico.
Como símbolo de una historia sin rupturas, los aviadores el 10 de febrero de
1926 “sobrevolaron la Ciudad y viraron sobre el monumento a Cristóbal Colón, a modo
de homenaje, ya que antes de partir, habían escuchado Misa en la misma iglesia donde
invocó la voluntad divina el almirante cuatro siglos antes”.
Los héroes de la proeza fueron Ramón Franco, hermano menor de Francisco,
Julio Ruiz de Alda, Juan Manuel Durán y el mecánico Pablo Rada; las escalas fueron
seis: Las Palmas de la Gran Canaria, Porto Praia en la isla de Cabo Verde, tres en Brasil:
Noronha, Pernambuco y Río de Janeiro y una última en Montevideo, en la Banda
Oriental.
En nuestra Capital el entusiasmo se desata y en la Casa Rosada los aviadores
son recibidos por el presidente Marcelo Torcuato de Alvear.
Y hasta el zorzal criollo, Carlos Gardel les dedico un tango, “La gloria del águila”,
cuya letra muestra que la herencia hispánica se encontraba viva:
“Desde Palos, el águila vuela
y a Colón con su gran carabela
nos recuerda con gran emoción.
Es la madre que va a visitar
los hijos que viven en otro lugar
en el clamor surge un tango argentino
que dice a España: Madre patria de mi amor”.
El Plus Ultra se encuentra en el Museo de Luján, desde 1936. Y en estos tiempos
sombríos, en los cuales se desprecia el patrimonio heredado, recurrimos a nuestros
poetas para recordarlo.
En primer lugar, Carlos Obligado quien en su poema “Patria” señala:
“Clame la Patria frente al mundo acerbo:
En fe cristiana y verbo castellano,
Tengo dos veces heredado el Verbo;
Y no será, por mi ventura, en vano
Que así atesore certitud divina
E incomparable patrimonio humano” Canto II)
El poeta evoca nuestra independencia política, nunca cultural, que movió
“contra Castilla, esfuerzo castellano”, cuando:
“La Madre, exhausta ya de tan fecunda,
se enajenaba allá por la pendiente
de extranjerismo y deserción profunda” (Canto IV).
El segundo es nuestro añorado amigo Juan Luis Gallardo, quien, en estos días de
orgía de los cipayos sin patria, pues la nuestra le es ajena, recuerda en su “Idea de la
Patria” la importancia de la piedad patriótica:
“¿Qué es el hombre sin Patria…, el hombre que traiciona
los vínculos profundos que lo anudan al suelo?
Es apenas un gajo desgajado que asoma
desnudo entre los dientes de acantilados negros”
En cambio, el patriotismo, nos ubica y puede elevarnos hasta nuestro Creador
como también lo canta:
“El amor a la Patria situará justamente
los cariños cercanos del hijo y la mujer,
pues acuña una esfera más amplia, que trasciende
las anclas familiares que entierran nuestros pies”.
“Y ese amor a la Patria, que es amor apuntado
desde el centro del suelo, hasta el vuelo del sol,
levantará en su ascenso nuestro amor a lo alto,
dirigido hacia el cielo, rumbo al centro de Dios”.
Y para decirlo en palabras del inolvidable Padre Leonardo Castellani:
“Amar la patria es el amor primero
Y es el postrer amor después de Dios
Y si es crucificado y verdadero
Ya son un solo amor, ya no son dos”.
Buenos Aires, mayo 6 de 2026. Bernardino Montejano