
¿Un francosquista?
Esa podría ser la primera impresión pero también nos encontramos con que el uevo Papa parece querer borrar toda apariencia francisquista. Hasta de modo rompedor.
Nada de Francisco II. Ni siquiera Juan XXIV.
Y vestido de Papa.
Sus palabras, impecables. Nada de estupideces como que la multitud bendijera al Papa. Fue el Pap
a quien bendijo a la multitud.
Habemus Papam.
Que parece esforzarse en manifestarnos que la pesadilla Francisco ha terminado.