
Una de esas personas que los católicos de ayer y de hoy, de Méjico y del resto del mundo, debemos odiar su memoria. Militantes en el aborrecimiento.
Me parece absolutamente impresentable y muestra de una religión que se suicida no honrar a nuestros héroes y no maldecir aquienes les asesinaban.
Por mi parte, todo lo que sea poner a Calles, y a todos los muchos Calles que en el mundo han sido cn su odio y persecución a la Iglesia, en el asqueroso lugar que les corresponde, contarán con mi adhesión y mi aplauso.
Y vaya estúpida afirmación de que el católico no puede odiar. Claro que puede y debe: al pecado, al demonio, a Nerón y Domiciano, a Stalin y Hitler… Y a Calles.