Artículo importante e interesante del arzobispo emérito Aguer con testimonios de su vida.
Cuestión de «género»
Soy porteño; fui obispo auxiliar de Buenos Aires, consagrado por el Cardenal Antonio Quarracino, en 1992. Luego fui trasladado al Arzobispado de La Plata, y presidí la Arquidiócesis durante veinte años. Esta sede comprende cinco partidos de la provincia de Buenos Aires: La Plata, Berisso, Ensenada, Magdalena y Punta Indio. Me acostumbré a recorrer con gusto estos municipios, y tuve una excelente relación con casi todos sus intendentes. Cuando cumplí 75 años, la edad establecida para presentar la renuncia, el Papa Francisco (que había sido colega en Buenos Aires; él en la zona Flores y yo en la zona Belgrano), se apresuró a arrebatarme la renuncia, para poner en mi lugar a su amigo Víctor Manuel Fernández, a quien luego llevó a Roma e hizo Cardenal.
Como Arzobispo Emérito de La Plata, residí casi tres años en una parroquia de la periferia platense, guiada por un excelente sacerdote. No recuerdo -o no sé- por qué y cómo he venido a parar a este Hogar Sacerdotal; una obra eximia de la Arquidiócesis porteña. Aquí estoy; ya he cumplido 83 años.
Antes de la inicua decisión de Pablo VI, que liquidó a los obispos al llegar a los 75, los obispos permanecían en sus diócesis hasta que el Señor los llamara a su seno. Así se hizo toda la historia; según los antecedentes bíblicos, la vejez implicaba la sabiduría y a los viejos se les interrogaba sobre el camino a seguir. Desgraciadamente, la Iglesia adoptó las propuestas del liberalismo, y se plegó a la adoración de la juventud.
El Hogar Sacerdotal donde vivo es una especie de geriátrico de sacerdotes. Tanto la comida como el trato son muy buenos. Una sola cuestión me atrevo a objetar, y es una cuestión de «género». La casi totalidad de quienes se dedican a la enfermería son mujeres. No tengo nada contra ellas, pero pienso que correspondería que, al tratarse de hombres que han dado su vida a la Iglesia, la atención de esos hombres debería confiarse a varones. De hecho, si no me equivoco, solo hay dos. Uno de ellos ha sido trasladado a la noche, y comienza su trabajo a las 22, para continuarlo hasta la madrugada. Insisto, y ése es mi deseo, que sean empleados enfermeros varones. ¿Quién dijo que no puede ser una profesión masculina? Existen Hogares, de mayoría femenina, y corresponden que los atiendan mujeres. «A cada uno lo suyo», dice el refrán.
¿Quién puede resolver esto? Supongo que el Arzobispo de Buenos Aires, pero no parece que se interese por este Hogar Sacerdotal, que en realidad depende de él. Yo no tengo trato con él, ni sé si él desea ocuparse de mí. Habrá que esperar que la situación cambie y, entre tanto, prepararse para el encuentro decisivo con el Señor en el Cielo. El tiempo aspira a la eternidad. Por ahora, para mí, la cuestión de «género» permanece.
+ Héctor Aguer.
Arzobispo Emérito de La Plata
Buenos Aires, 5 de junio de 2026.
San Bonifacio, obispo y mártir.
Primer Viernes.
Mes del Sagrado Corazón de Jesús. –