
Porque sus homosexualidades no son católicas.
Las que tenga son cosa suya y suyo es administrárselas pero me parece impresentable hacer de sus propias carencias, si lo fueren, regla actual de la Iglesia cuando su doctrina es manifiestamente otra. Le condescendieron una permisión sin base alguna y hoy se ha convertido en una murga permanente amariconada. Que ya sería hora de concluir.
Lo que dijera en esos ambientes me traería absolutamente sin cuidado siempre que no lo hiciera como sacerdotes jesuita. Eso es a lo que creo que los jesuitas, y si no lo hicieran, la Iglesia, deberían poner fin de una vez. Y no seguir en esta especie de aprobación del pecado, que no lo es en la tendencia pero sí en su práctica. Y ya sería el colmo de los colmos que lo que es pecado con alguien de distinto sexo fuera del matrimonio fuera acto bendecido por Dios si se da entre el mismo sexo. ¿O llegaremos a que todos esos actos, independientes del sexo, son bendecidos por Dios?
Cierto que él no llega a tanto. Los maravillosos son solo los que se dan entre el mismo sexo. Los otros podrán seguir siendo reprobados. Si eso no es un canto a la mariconería ya me dirán lo que es.
La Iglesia reprueba los actos sexuales fuera del matrimonio. Yel matrimonio, eclesial, dentro del mismo sexo, es imposible. Pues ya me dirán lo que le espera a lo que le gusta a James Martin. Y habría que decirlo en vez de seguir con triquiñuelas sin sentido y sin futuro. Salvo que se derogue la doctrina multisecular de la Iglesia.
Pues eso. ¿Son católicos los que mantienen relaciones del mismo sexo? Católicos, sin duda. ¿Buenos católicos? Tampoco. Pues por eso no me parece presentable el permanente intento eclesial por disimularlo y menos el de Martin por bendecirlo.