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Sandro Magister

Un “pontificado de excepción”. El misterio del papa Benedicto

Sandro Magister
26 julio, 2016

Contra los anticristos que socavan a la Iglesia. Las teorías de Carl Schmitt, filósofo de la política, aplicadas al pontificado de Joseph Ratzinger y a su renuncia

por Sandro Magister

ROMA, 26 de julio de 2016 – La aguda crítica a la renuncia de Benedicto XVI formulada hace pocos días por Walter Brandmüller, cardenal e historiador de la Iglesia, puso al descubierto los riesgos de la “tierra desconocida” en la que se ha metido el papado luego del 11 de febrero de 2013, tanto más con la imposición de la figura inédita y enigmática del “Papa emérito” junto a la del Papa reinante:

> Brandmüller: “La renuncia del Papa es posible, pero es de esperar que no suceda nunca más”

Lo que provocó la aparición pública del cardenal han sido sobre todo las sorprendentes afirmaciones del arzobispo Georg Gänswein, pronunciadas el 20 de mayo en el aula magna de la Pontificia Universidad Gregoriana, durante la presentación de un libro del historiador Roberto Regoli sobre el pontificado de Benedicto XVI:

> Benedetto XVI, la fine del vecchio, l’inizio del nuovo. L’analisi di Georg Gänswein

Con el peso de quien está en el más íntimo contacto con el “Papa emérito” como su secretario, Gänswein había dicho que Joseph Ratzinger “no ha abandonado en absoluto el oficio de Pedro”, más bien, ha hecho “un ministerio ampliado, con un miembro activo y un miembro contemplativo”, en “una dimensión colegial y sinodal, casi como un ministerio en común”.

Pero eso no es todo. La renuncia de Benedicto XVI, a juicio del secretario de su confianza, ha marcado una revolución también por este otro motivo:

“Desde el 11 de febrero del 2013 el ministerio papal no es más el de antes. Es y permanece como el fundamento de la Iglesia Católica, y sin embargo es un fundamento que Benedicto XVI ha transformado profundamente y en forma permanente en su pontificado de excepción (Ausnahmepontifikat)”.

La fórmula, subrayada por Gänswein con el uso de la palabra alemana, no es casual. En ella es transparente la referencia al “estado de excepción” teorizado por Carl Schmitt (1888-1985), uno de los más grandes y discutidos filósofos de la política del siglo XX.

Según esta teoría, es un “estado de excepción” la hora dramática de la historia en la cual se omiten las normas ordinarias y el soberano – en este caso el sucesor de Pedro – impone por sí solo normas nuevas.

Pero sorprendentemente, esta calificación de “pontificado de excepción” aplicada al pontificado de Benedicto XVI justamente a causa de su renuncia no recibió hasta ahora la atención debida ni ha suscitado controversias especiales.

Pero es precisamente sobre ella que ha concentrado su análisis Guido Ferro Canale, un joven y brillante canonista, con una preparación y una agudeza no comunes.

Su intervención ya apareció en italiano en el blog Settimo Cielo. Pero ahora se ofrece aquí también en inglés, francés y español, a una platea de lectores mundiales, como debe ser.

Una advertencia. Allí donde Gänswein, citando el libro de Regoli, alude al “grupo de San Galo” y a su rol en los cónclaves del 2005 y del 2013, la referencia es a los cardenles que acostumbraban reunirse periódicamente en la ciudad suiza de San Galo y que primero enfrentaron la elección de Ratzinger y luego apoyaron la elección de Bergoglio. Formaron parte del grupo los cardenales Carlo Maria Martini, Basil Hume, Cormac Murphy-O’Connor, Achille Silvestrini, Karl Lehmann, Walter Kasper y Godfried Danneels, los dos últimos particularmente apreciados por el papa Francisco, a pesar, en el caso de Danneels, de las comprobadas intrigas con las que en el 2010 intentó cubrir los delitos sexuales del entonces obispo de Bruges, Roger Vangheluwe, con un joven sobrino suyo como víctima.

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La renuncia de Benedicto XVI y la sombra de Carl Schmitt

por Guido Ferro Canale

La intervención del 20 de mayo del arzobispo Georg Gänswein sobre la renuncia de Benedicto XVI al pontificado ha suscitado clamorosas reflexiones, sobre todo porque parecería ofrecer un respaldo a la teoría de los “dos Papas”. Sin entrar en el debate sobre este aspecto o sobre la problemática distinción entre ejercicio activo y contemplativo del ministerio petrino, quisiera llamar la atención sobre un punto diferente de la intervención del secretario de Joseph Ratzinger, cuyas implicancias me parece que merecen ser profundizadas.

Me permito comenzar señalando, en primer lugar, el título elegido por el ilustre autor para su discurso: “Benedicto XVI, el final del viejo, el comienzo del nuevo”.

Él lo justifica al comienzo, afirmando que Ratzinger “ha encarnado la riqueza de la tradición católica como ningún otro, y que – al mismo tiempo – ha sido tan audaz como para abrir la puerta a una nueva fase, la de ese giro histórico que nadie se habría podido imaginar hace cinco años”.

En otros términos: Gänswein no identifica el “comienzo de lo nuevo” en alguno de los numerosos actos de gobierno o de magisterio de Benedicto XVI, sino precisamente en su renuncia y en la situación inédita que esa renuncia crea.

Situación que él no describe sólo en los términos de la dicotomía entre ejercicio activo y pasivo del ministerio. Utiliza también – si bien en un modo menos evidente – otra categoría: el estado de excepción.

La introduce en forma oblicua, como remitiendo a una opinión de otros: “Muchos siguen percibiendo todavía hoy esta situación nueva como una especie de estado de excepción querido por el Cielo”.

Pero después la hace propia, como extendiéndola a todo el pontificado ratzingeriano:

“ Desde el 11 de febrero del 2013 el ministerio papal no es más el de antes. Es y permanece como el fundamento de la Iglesia Católica, y sin embargo es un fundamento que Benedicto XVI ha transformado profundamente y en forma permanente en su pontificado de excepción (Ausnahmepontifikat), respecto al cual el sobrio cardenal Sodano, reaccionando en forma inmediata y simple inmediatamente después de su sorprendente declaración de renuncia, profundamente emocionado y casi dominado por la pérdida, exclamó que esa noticia había resonado entre los cardenales reunidos ‘como un rayo caído del cielo’”.

El análisis parece más que nada claro: el de Benedicto XVI se convierte en un “pontificado de excepción” justamente a causa de la renuncia y en el momento de la renuncia.

¿Pero por qué la frase es divulgada por Gänswein – que ha expresado su discurso en italiano – también en alemán, como “Ausnahmepontifikat”?

En italiano, “pontificado de excepción” suena simplemente como “fuera de lo común”. Pero la referencia a su lengua materna da a entender que Gänswein no tiene en mente una trivialidad similar, sino la categoría del “estado de excepción” (Ausnahmezustand).

Una categoría que cualquier alemán de cultura media asocia inmediatamente a la figura y al pensamiento de Carl Schmitt (1888-1985).

“El soberano es el que decide sobre el estado de excepción. […] Aquí, con estado de excepción se entiende un concepto general de la doctrina del Estado, y no cualquier ordenamiento de emergencia o estado de sitio. […] En efecto, no toda competencia inusual, no toda medida u ordenanza policial de emergencia es ya una situación de excepción: a ésta le pertenece más bien una competencia ilimitada en principio, es decir, la suspensión de todo el ordenamiento vigente. Si se verifica esa situación, entonces es claro que el Estado sigue subsistiendo, mientras que el derecho cae” (C. Schmitt, “Teología politica”, en Id., “Le categorie del politico”, Il Mulino, Bologna, 1972, pp. 34 y 38-39) [hay traducción al español: “Teología política”, Editorial Trotta, Madrid, 2009].

“Aus-nahme” significa literalmente “fuera de la ley”. Un estado de cosas que no puede ser regulado a priori y en consecuencia, si se verifica, obliga a suspender todo el ordenamiento jurídico.

Un “Ausnahmepontifikat”, entonces, sería un pontificado que suspende de alguna manera las normas ordinarias de funcionamiento del oficio petrino o, como dice Gänswein, “renueva” el oficio mismo.

Y si la analogía vale, esta suspensión sería justificada, o más bien impuesta, por una emergencia que es imposible afrontar de otro modo.

En otro ensayo, “La defensa de la Constitución”, Schmitt instituye el poder de decidir sobre el caso de excepción en el presidente de la República de Weimar y lo considera funcional a la custodia de la Constitución. Quizás este aspecto del pensamiento schmittiano no es pertinente, pero por cierto da la idea de la gravedad de la crisis planteada por un estado de excepción.

¿Es posible entonces que un concepto de implicancias similares haya sido empleado con ligereza, en modo impreciso, quizás solamente para aludir a las dificultades de enmarcar la situación creada con la renuncia según las reglas y los conceptos ordinarios?

No me parece posible, por tres razones.

1) No se presume el carácter impropio del lenguaje, con mayor razón tratándose de uno de los conceptos más conocidos de un estudioso que, al menos en Alemania, es conocido “lippis et tonsoribus”, también entre los miopes y los peluqueros.

2) El énfasis, evidente desde el título, sobre los efectos y alcance de la renuncia, que no es considerada por cierto una posibilidad que ocurra rara vez sino que está tranquilamente prevista por el Código de Derecho Canónico (hay que considerar que es definida, entre otras cosas, como un “paso bien ponderado de alcance milenario”);

3) Las posibles referencias a la situación crítica concreta que me parece reconocer en la intervención de Gänswein.

Hay que considerar cuanto dice sobre la elección de Benedicto XVI “luego de una lucha dramática”:

“Fue ciertamente el resultado también de un enfrentamiento, cuya clave casi había proporcionado el mismo Ratzinger como cardenal decano, en la histórica homilía del 18 de abril del 2005 en San Pedro, precisamente allí donde a ‘una dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que deja como criterio último sólo el propio yo y sus antojos’ le había contrapuesto otro criterio: ‘el Hijo de Dios y verdadero hombre’ como ‘la medida del verdadero humanismo’.”.

¿Un choque dónde, si no en el cónclave, en el corazón de la Iglesia?

Del choque Gänswein señala también a los protagonistas, basándose en el libro de Roberto Regoli, profesor en la Pontificia Universidad Gregoriana, en el pontificado de Benedicto XVI. Y no es un misterio para nadie, hoy, que los cardenales del “grupo de San Galo” han vuelto a la acción en el año 2013.

¿Cuántas de las dificultades del pontificado de Benedicto XVI, en efecto, se pueden explicar justamente con este choque quizás subterráneo pero incesante, entre quien permanece fiel a la imagen evangélica de la “sal de la tierra” y quien desearía prostituir a la Esposa del Cordero sumergiéndola en la dictadura del relativismo? Este choque, que no es solamente una lucha por el poder, sino en todo caso una lucha sobrenatural por las almas, es la razón principal por la cual unos han amado a Benedicto XVI y otros lo han odiado.

Prosigamos en el análisis hecho por Gänswein:

“En la Capilla Sixtinsa fui testigo que Ratzinger vivió su elevación al papado como un ‘verdadero shock’ y experimentó ‘perturbación’, y que sintió ‘como si viniera una marea’ apenas comprendió que ‘la guillotina’ de la elección caería sobre él. No revelo aquí ningún secreto porque fue Benedicto XVI mismo quien confesó públicamente todo esto en ocasión de la primera audiencia concedida a los peregrinos llegados de Alemania. Por eso no sorprende que fue Benedicto XVI el primer Papa que inmediatamente después de su elevación al papado invitó a los fieles a rezar por él, hecho que una vez más nos recuerda el libro de Roberto Regoli”.

¿Pero más que el “sobre todo me confío a vuestras oraciones” pronunciado inmediatamente después de su elevación al papado, no recordamos quizás la invitación dramática de la Misa con la que dio comienzo a su ministerio petrino: “recen por mí, para que yo no huya, por miedo, frente a los lobos”? En la parábola del Evangelio el pastor malo no huye por miedo, huye porque “es un mercenario y no le importan las ovejas”.

En consecuencia, creo que Benedicto XVI mismo estuvo confesando un temor concreto, y que pensaba en lobos muy concretos. Creo también que esto explicaría los shocks, perturbaciones y mareos.

Y quizás otra referencia se encuentra en la insinuación hecha por Gänswein a una critica más bien frecuente:

“Regoli no oculta la acusación de bajo conocimiento de los hombres que con frecuencia ha sido atribuido al genial teólogo en los zapatos del Pescador; capaz de evaluar en forma genial textos y libros difíciles y que no obstante esto, en el 2010, confió con franqueza a Peter Seewald que le resultaba muy difícil tomar decisiones sobre las personas, porque ‘nadie puede leer en el corazón del otro’. ¡Cuán cierto es esto!”.

¿Cómo desenmascararlos a los lobos cuando están revestidos como corderos, o como pastores, y cuando sus pensamientos no están impresos en papel y no son pasibles de un refinado análisis teológico? ¿Cómo saber en quién confiar y a quién confiar parte de la autoridad sobre la grey del Señor?
Por eso, me parece que también la frase “Benedicto XVI era consciente que le faltaban las fuerzas necesarias para el más que importante oficio” adquiere un significado menos neutro y, tal vez, más siniestro. Importantísimo sería el oficio, no por la gran cantidad de compromisos externos, sin duda agotadores, sino por la extenuante lucha interna. Tan extenuante que sintió que ya no estaba en condiciones de sostenerla…

Tal vez estoy dándole demasiada importancia a este texto. Tal vez Gänswein ama las imágenes coloridas o las frases efectistas. Seguramente alguno no dejará de decirlo. Soy el primero en admitir que el gusto por el análisis me puede dominar.

Pero si puedo equivocarme en la reconstrucción de la emergencia concreta, no creo que sea posible liberar la renuncia de la sombra que arroja esa expresión pesada como un canto rodado: “Ausnahme”. No he evocado la sombra de Carl Schmitt, me he limitado a señalar el punto en el que Gänswein la ha hecho visible, me atrevería a decir palpable.

Pero queda abierto un interrogante: ¿de qué modo y en qué términosw la renuncia, con la introducción del “Papa emérito”, constituiría una reacción adecuada a la emergencia?

Se puede pensar en la fuerza espiritual del ejemplo de desapego del poder, o más simplemente en el hecho que el ejército de Cristo habría tenido un nuevo comandante, todavía no desgastado por la lucha en cuestión y en condiciones de conducirla mejor. Pero estas razones valen para la renuncia, no para el “mérito reconocido”.

Quizás puede emerger un indicio de la afirmación de Gänswein, según la cual Benedicto XVI ha “enriquecido” el papado “con la ‘central’ de su oración y de su compasión puesta en los jardines vaticanos”.

La compasión – será cuestión de recordarlo en estos días – no es la misericordia. En teología ascética o mística es el unirse a los sufrimientos de Cristo crucificado, ofreciéndose a sí mismo para la santificación del prójimo.

Me parece que se torna necesario un servicio de com-pasión por parte del Papa, sólo cuando la Iglesia parece vivir en primera persona el Viernes Santo, cuando deben resonar las palabras amarguísimas de Lc 22, 53: “Ésta es la hora de ustedes y el poder de las tinieblas”.

Entiéndase bien que con esto no denuncio complots y no formulo acusaciones: el estado de excepción puede ser muy bien “querido por el Cielo”, dado que las tinieblas no tendrían poder alguno sin un consentimiento divino. Y nosotros sabemos que existe también una misteriosa necesidad del “misterio de la iniquidad”: “Sólo falta que desaparezca el que ahora lo retiene” (2 Tes 2, 7). Con mayor razón, entonces, volverán a entrar en el plan de Dios los anticristos menores y las horas de las tinieblas.

No poseo ni puedo ofrecer respuestas ciertas sobre las causas concretas de la renuncia de Benedicto XVI, ni tampoco sobre las razones teológicas o personales que pueden haberlo inducido a definirse “Papa emérito”. Menos todavía puedo hablar sobre los planes sobrenaturales de la Providencia. Pero que hoy los anticristos están descontrolados – sobre todo los que deberían apacentar el rebaño del Señor – me parece irrefutable.

Entonces, aunque se haya llegado a esto, éste es sin duda alguna un tiempo de com-pasión.

Es tiempo de oponer la esperanza cristiana a la “impostura religiosa que proporcionará a los hombres una solución aparente a sus problemas mediante el precio de la apostasía de la verdad”, al “seudo-mesianismo en el que el hombre se glorifica a sí mismo colocándose en el lugar de Dios y de su Mesías venido en la carne” (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 675).

Es tiempo de caminar con el sufrimiento cristiano, el arma espiritual más poderosa que nos ha sido dada para utilizar: el momento en el que Dios intervendrá, en el modo “ab aeterno” conocido por él, para restablecer la verdad, el derecho y la justicia.

¡Kyrie, eleison!

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Traducción en español de José Arturo Quarracino, Temperley, Buenos Aires, Argentina.

Sandro Magister


5 COMMENTS ON THIS POST To “Un “pontificado de excepción”. El misterio del papa Benedicto”

  1. De los dos ni siquiera se puede hacer uno. Lo que debería hacer Ratzinger es reconocer su pecado y pedir perdón al Cielo porque si fue decisión personal como él manifestó renunciar al papado siendo el Papa designado tal por obra del Espíritu Santo en un Cónclave no se puede por decisión personal modificar un mandato divino sin consecuencias espirituales graves. Luego, o tuvo una revelación privada y mintió diciendo que era decisión personal o fue decisión personal y mintió él y toda la iglesia al afirmar que era un acto del Cielo o una acción buena y virtuosa sienda mala por desobediencia al Espíritu Santo y mala en sus frutos. Por los frutos los conoceréis. El que piensa que puede refutarme en lo anterior que se atenga a los argumentos que esgrimo.

  2. Carlos dice:

    Me pregunto Javier ejías pseudo montonero eres amigo de sectores de la cámpora o de sectores corruptos de la Sra Milagros Salas recibida por FRANCISCO y presa por robo, utilización de los pobres para sus fines políticos y corrupta. O amigo de Guillermo Moreno Amigo del Papa : hombre xenófobo, patotero, con armas a la hora de recibir mujeres en su antigua función de funcionario K. O tal vez amigo de Cristina la peor persona que pudo gobernar a Argentina, que produjo con su odio un inmenso desasosiego en la Patria. Corrupta, ladrona, perversa y amiga de Su Santidad. O del amigo Vera usurpador como ninguno. Mentiroso bufón de la corte Franciscana? Estimado y tú a quien sirves? Dios te perdone y la Santísima Virgen permita tu conversión. Aunque no creo que te interese.

  3. Federico Bli dice:

    A las personas que nos gusta involucrarnos en las noticias vaticanas debemos de tener muy claro que estamos hablando de personas que son iguales a nosotros, ningún comentario de algún cardenal, periodista de vaticano o laico experto son dogmas de fe, tenemos que tomarlo como lo que es una noticia y en este caso una opinión, que puede haber dolo o ventajismo en alguna noticia eso es seguro por eso siempre debemos tomarlo como lo que es. saludos y Dios los bendiga.

  4. Juan dice:

    ¿Y por qué es lo mejor para la Iglesia el papado de Francisco?

  5. Javier Ejías dice:

    ¿Y?
    Parte usted, como siempre, de la afrimación de que lo que está ocurriendo en el papado de Francisco es negativo para la Iglesia.
    Muchos pensamos (y probablemente Benedicto también) que es lo mejor que le podía ocurrir.
    Y como siempre la pregunta fundam,ental. ¿Sandrino, a quien sirves?