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Paso a paso hacia los sacerdotes casados. Una actualización

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Como se sabe, el papa Francisco calló totalmente sobre la ordenación de los sacerdotes casados, cuando consideró las conclusiones del Sínodo sobre la Amazonia. Pero ciertamente no hizo callar a los promotores de la innovación.

Los cuales, más bien, se vuelven cada vez más impacientes y locuaces. Prueba de ello es un teólogo de primer nivel, consultor en el sínodo de un buen número de obispos brasileños, quien en una entrevista con Mauro Castagnaro, en el último número de la revista “Il Regno” enumera detalladamente todos los pasos a cumplir para conseguir el objetivo, dando por cierto que el Papa los consentirá.

El teólogo es Antonio José De Almeida, sacerdote de la diócesis de Apucarana, en el sur de Brasil, docente en la Pontificia Universidad Católica de Paraná (Brasil), conocido por haber desarrollado las hipótesis adelantadas por primera vez por el alemán Fritz Lobinger, obispo en Sudáfrica desde 1987 al 2004, leído y apreciado también por el papa Francisco. Lobinger deseaba que dirigieran las parroquias “equipos de ancianos”, constituidos por hombres o mujeres, célibes o casados, ordenados sacerdotes y, por lo tanto, con el poder de celebrar la Misa.

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Para comenzar, De Almeida dice que el silencio de Francisco “no significa que él haya cerrado la puerta”. Tan cierto es esto, que “Querida Amazonia”, la exhortación apostólica postsinodal del Papa, en sus parágrafos iniciales cita con énfasis justamente el documento final del Sínodo que ha aprobado la ordenación de sacerdotes casados, la da por “válida” y solicita a los pastores y al pueblo cristiano de la región que “se comprometan en su aplicación”.

¿Y entonces cómo proceder? El “primer paso” – dice De Almeida – consistirá en “poner en fila las razones por las que una diócesis intenta proponer la ordenación de hombres casados”.

Una diócesis podría por sí sola dar también este primer paso, pero “sería mejor decidirlo con las diócesis vecinas, quizás a nivel de provincia eclesiástica o de conferencia episcopal regional”. Éste “sería el segundo paso”.

El “tercer paso” llega una vez que ha sido elaborado el “proyecto ” y consiste en “presentar el pedido a la Santa Sede”.

¿Y la Santa Sede recibirá el pedido? “Por cierto la Santa Sede puede hacerlo – responde De Almeida –. En el contexto amazónico y considerado el proceso sinodal desencadenado después del sínodo especial para la Amazonia, no hay duda de ello”.

¿Pero cómo será autorizada la ordenación de hombres casados? De Almeida dice que “por ahora la solución está en el Código de Derecho Canónico”, que en los cánones 1042 y 1047 admite que en casos particulares la Santa Sede puede dispensar a los candidatos al sacerdocio del “impedimento” del matrimonio, “teniendo en cuenta ‘el bien de los fieles’, la presencia de una ‘causa justa y razonable’ (el acceso de los fieles a la celebración de la Eucaristía) y ‘las circunstancias del caso’ (en la Amazonia la carencia casi absoluta de clero célibe)”.

Pero hay más. De Almeida cita el número 93 de “Querida Amazonia”, donde el papa Francisco escribe que “no se trata sólo de facilitar una mayor presencia de ministros ordenados que puedan celebrar la Eucaristía”, sino también de “provocar una nueva vida en las comunidades”.

Para De Almeida, esto estimula a pensar en un nuevo modelo de sacerdote, el “sacerdote de comunidad”, que siguiendo la senda de Lobinger podría ser también “un equipo de estos sacerdotes”, no itinerantes sino sedentarios, con sus respectivas familias, ejerzan o no una profesión civil.

Una vez entonces que se haya hecho el pedido a Roma – prosigue De Almeida –, la Santa Sede podrá conceder a las diócesis de la Amazonia, “en forma permanente o durante un cierto período, la facultad de dispensar del impedimento del matrimonio, para que un hombre casado pueda acceder a la ordenación presbiteral”.

Pero esto no es todo. También podría suceder – supone De Almeida – que en el interín se instituya en la región un “rito amazónico” siguiendo los pasos de las Iglesias “sui iuris”, como por ejemplo las greco-católicas, en las que está presente el sacerdocio casado.

En ese caso “todo cambiaría”, porque también el sacerdocio casado formaría parte de este nuevo rito autónomo. Tan cierto es esto – concluye De Almeida – que “la nota 120 de ‘Querida Amazonia’, que habla de ello, ya es leída por algunos en la óptica de la nota 336 de ‘Amoris laetitia’, la cual ha abierto la puerta a la comunión de los divorciados que se han vuelto a casar”.

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La nota 120 de ‘Querida Amazonia’ dice simplemente: “En el Sínodo emergió la propuesta de elaborar un ‘rito amazónico’”.

También las notas 336 y 351 de “Amoris laetitia” son solamente alusivas: “En ciertos casos, podría ser también la ayuda de los sacramentos. […] la Eucaristía «no es un premio para los perfectos sino un generoso remedio y un alimento para los débiles». […] el discernimiento puede reconocer que en una situación particular no hay culpa grave […].

Pero así como en “Amoris laetitia” estas alusiones han actuado como una palanca para una aplicación extensiva – y para muchos abusiva – de la exhortación apostólica postsinodal, autorizada por el mismo papa Francisco, de la misma manera están los que querrían que suceda lo mismo con esa pequeña nota a pie de página de “Querida Amazonia”.

Esto desde una perspectiva de autonomía ritual que todavía parece lejana. Pero mientras tanto ya rápidamente muchos están dispuestos a dar esos otros pasos que De Almeida ha indicado.

No sólo en Amazonia. Porque hay otro sínodo, en Alemania, que ya ha recorrido el mismo camino. Con una predilección particular por una autonomía aun mayor de Roma, al borde del cisma.

7 comentarios en “Paso a paso hacia los sacerdotes casados. Una actualización
  1. El tema ya está CERRADO lo ha dicho el Papa Francisco. No se trata de tener miedo o temor, sino, lo que afirma la Tradición y el sentir de todos los Papas.
    Los que están a favor de esta propuesta son precisamente aquellos ex curas que patearon su ministerio para tomar mujer. Estos son los “teólogos” que hoy desean que haya curas casados, como ellos. No se puede servir a dos señores a la vez: el soltero se preocupa de las COSAS de su Señor (Dios) y el casado de COMO AGRADAR A SU MUJER.
    En otras palabras: el soltero tiene TODO el tiempo para su Señor, y el casado tiene que ver en PRIMER lugar a su familia. Aparte de esto, habría un problema muy serio en lo económico y en lo social. ¿Quién cargaría con el mantenimiento y el seguro de toda la familia? La Iglesia no es una ONG ni una fábrica que produzca dinero.

  2. Y a esos casados, ¿los van a sacar de sus aldeas y del lado de sus mujeres e hijos para internarlos 6 años en un Seminario a estudiar lo que estudian todos los futuros sacerdotes?
    ¿O más bien ordenarán al hechicero de la tribu?

  3. Dice S Pablo que el que no esté casado con hijos no sirve para obispo, porque el que no es capaz de regir una familia no puede ser capaz de regir una comunidad. ¿Era S Pablo cismático?

  4. En Alemania creo que los luteranos tienen pastores casados, puede que mujeres sacerdotes y no están mejor que la Iglesia católica, así que igual hay que mirar hacia otro lado para ver que es lo que no va bien.

    1. En Alemania creo que los luteranos tienen pastores casados, puede que mujeres sacerdotes y no están mejor que la Iglesia católica, así que igual hay que mirar hacia otro lado para ver que es lo que no va bien.
      A lo mejor alguien quiere arreglar su situación particular.

  5. ¿Pero tanto miedo tenemos con esto de los sacerdotes casados?

    Lo importante es que sean santos y buenos pastores, eso es lo importante. Tampoco pensemos que hay tantos que lo vayan a llegar a ser o que den el perfil. Además, parece que el tema se plantea solo para Amazonia.
    En occidente, veo difícil compatibilizar matrimonio, con educación de hijos, vida profesional, economía, con ministerio sacerdotal, con todo lo que conlleva. Demasiados frentes de combate en los que hay que estar.
    Quizá alguno llevara bien esto, pero creo que serían pocos. Ya tenemos el diaconado permanente.

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