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Negocios vaticanos. La venganza del cardenal Pell sobre la Secretaría de Estado

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Han impactado, el 5 de junio, el arresto y el encarcelamiento en el Vaticano de Gianluigi Torzi, el financista acusado de haber extorsionado por 15 millones de euros a la Secretaría de Estado, en los desordenados procedimientos finales para la adquisición de un costoso edificio en Londres, querida en el 2014 por la misma Secretaría de Estado con dineros retirados en buena medida del Óbolo de San Pedro.

Las investigaciones están en la fase de instrucción y todavía no se ha fijado fecha para el comienzo del proceso. Pero en la cúpula de la curia vaticana ya hay una guerra. El sustituto del secretario de Estado, Edgar Peña Parra, está en la mira de uno de los indagados, Mauro Carlino, quien a su vez ha sido secretario del anterior sustituto, Giovanni Angelo Becciu, hoy cardenal prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos. Becciu, que en el 2014 dio vía libre al negocio, ha sido blanco de críticas por parte de su superior directo de entonces, el cardenal secretario de Estado, Pietro Parolin, mientras que Angelo Perlasca, otro indagado de primer nivel, acusa a Parolin de haber aprobado también él la operación.

Todo hace presagiar que en el proceso no se salvará nadie. Y verosímilmente, para que no se verifiquen en el futuro otros desastres de este tipo, producidos por operaciones fuera de control y por ejecutores incompetentes y para nada confiables, se ha lanzado el 1 de junio en el Vaticano un severo endurecimiento de las normas que se refieren a los contratos públicos estipulados por la Santa Sede, incluidos los “inmobiliarios”, con una referencia transparente a la operación de Londres.

Los baluartes de esta reforma de los códigos vaticanos son la centralización de los contratos, de aquí en adelante referenciándose sólo en la APSA, la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica, o en la gobernación de la Ciudad del Vaticano, y el mantenimiento de un registro único de profesionales admitidos en las operaciones, de las que se debe certificar su corrección absoluta. Todo bajo la supervisión de la Secretaría para la Economía y del Revisor General de las cuentas.

Esta racionalización y centralización de los poderes, frente a un desorden administrativo cuyos daños están desde hace tiempo a la vista de todos, ha sido recibida en el Vaticano por un coro general de aprobación, pero no se sabe con cuanta sinceridad.

Se ha tratado, en efecto, de la puesta en acción de esa misma reforma que había sido impulsada valientemente, al comienzo del actual pontificado, por el cardenal George Pell, nombrado en el 2014 por el papa Francisco como prefecto de la recién constituida Secretaría para la Economía, pero que inmediatamente fue enfrentada y después neutralizada totalmente, en gran medida precisamente por la Secretaría de Estado y por sus dirigentes y funcionarios hoy finalmente bajo investigación.

Pell abandonó Roma en el 2017 para volver a Australia, perseguido en su patria por acusaciones de abuso sexual que condujeron a una pena de prisión de seis años, confirmada en apelación pero finalmente anulada por completo por la Corte Suprema de Australia, que el pasado 7 de abril, el martes santo, puso en libertad al cardenal inocente.

Pero en ese año 2017 las reformas llevadas a cabo en el Vaticano por Pell ya habían sido en gran parte demolidas. No solo eso. En junio de ese mismo año también fue despedido con métodos brutales el Revisor General de cuentas, Libero Milone, quien tres meses después – en una entrevista conjunta con Corriere della Sera, Wall Street Journal, Reuters y Sky TV – señaló precisamente a Becciu como el dirigente de la Secretaría de Estado que más que ninguno había querido su despido y no dejó de lamentar también los silencios del Papa, quien ya desde la primavera del año anterior se negaba a recibirlo e incluso a responder a todo pedido suyo de encuentro.

En efecto, no era un misterio que Francisco había dado marcha atrás ya poco después de haber llamado a Pell a poner orden en las finanzas vaticanas.

El Papa le había confiado inicialmente al cardenal australiano la centralización de los patrimonios de todas las oficinas de la curia, incluidas las conspicuas sumas, jamás presentes en los balances públicos de la Santa Sede, administradas por una todopoderosa oficina de la Secretaría de Estado a la que le obedecía también la APSA, la caja fuerte de los bienes muebles e inmuebles del Vaticano.

Y Pell no fue demasiado lejos. Pronto hizo pública la cantidad de dinero no contabilizado en posesión de la Secretaría de Estado y de otras oficinas del Vaticano – 1.400 millones de dólares -, reclamando obviamente el control de la misma, y dio por inminente la absorción de la APSA en su propia Secretaría.

Jamás lo hizo. Sin levantar rumores, los centros de poder puestos bajo asedio por Pell levantaron una barrera y después contratacaron. Con el Papa que escuchaba y atendía más a ellos que al cardenal australiano. Y con el secretario de Estado, Pietro Parolin, en el interín agregado por Francisco a los ocho cardenales consejeros en el gobierno de la curia y de la Iglesia, para tirar de los hilos de la contraofensiva.

Pero hoy la suerte se ha dado vuelta. El cardenal Pell, restituido a la libertad en Australia en los días de Pascual, tuvo también su Pentecostés, con la publicación en la vigilia de esta festividad de los nuevos códigos vaticanos sobre las adquisiciones, finalmente todas en línea con sus reformas tan enfrentadas.

La Secretaría de Estado se encuentra ahora en el remolino de una investigación que ya hizo caer a algunos funcionarios de tamaño mediano, pero que mañana también podría golpear a sus altos dirigentes de hoy y de ayer, después de haber oscurecido su fama, también en vistas de un futuro cónclave.

En cuanto a Francisco, se puso a tono con los tiempos, incluso anticipando por sí mismo, en la conferencia de prensa brindada en el vuelo de regreso de Japón, la condena por corrupción de los hombres de la Secretaría de Estado involucrados en la compra del palacio de Londres.

Pero si volvemos al 26 de diciembre de 2018, en el apogeo de las festividades de Navidad, descubrimos que el invitado del Papa en Santa Marta fue precisamente, con su familia, ese Gianluigi Torzi que ahora está tras las rejas en una celda de la gendarmería pontificia.

7 comentarios en “Negocios vaticanos. La venganza del cardenal Pell sobre la Secretaría de Estado
  1. ¿Por qué la gran mayoría de nuestros sacerdotes y obispos no quieren hablar de la crisis de la Iglesia? ¿Qué deben hacer los fieles?
    Este es el tema a tratar hoy: ¿Por qué los obispos y sacerdotes desean más que todo tener la razón con respecto a que la crisis de la Iglesia no es tan grave?
    Hay que decir que aquellos hombres que se aman a sí mismo más que a Dios y si fuera necesario despreciarían a la realidad, las verdades humanas y divinas molestas y a Dios antes que despreciarse a sí mismos, construyen siempre para sí mismos una muy bella visión de su persona, tienen una gran fe en sí mismo y un gran amor por sí mismos.
    No estamos pretendiendo que este clero introduzca en el examen de conciencia la duda metódica de Descartes pero tampoco somos partidarios del libre examen o de la ausencia de todo examen que se refiera a la actual crisis de la Iglesia y a su actuación o mejor omisión personal y comunitaria en obras y palabras meritorias para hacer frente a la misma.
    Trataremos de ver cómo ese amor a sí mismos obstaculiza la percepción, en realidad, la percepción no solamente se modifica para amarse más que a Dios con una memoria debidamente retocada y modificada de los verdaderos hechos, acciones y omisiones que llevaron a fracasos y pecados sino en incorporar al presente todas las fantasías que se tienen con respecto al futuro como si ya las mismas formaran parte de su patrimonio y de lo que son.
    Es lo que se llama el no conocerse a sí mismo, el no respetar el imperativo de Sócrates de “conócete a ti mismo” y ello hace que tengan una visión muy distorsionada de quienes son, de lo que han hecho y de lo que pueden lograr y también una visión muy distorsionada de la realidad que les toca vivir porque al amarse a sí mismos más que la verdad con toda arbitrariedad e injusticia puede uno puede retocar y creer sobre su persona usando mal de su libre albedrío todas las mentiras que quiere y terminar formando de su persona un ídolo al que rinde culto y al que se defiende a muerte de toda verdad o realidad que pueda dañarlo.
    Por ello son ciegos que guían otros ciegos porque al no querer verse como son, ello necesariamente los lleva a no querer ver la realidad humana y creatural que los rodea. Para mentirse el necio necesita despreciar la realidad y la verdad.
    ¿Pero no es que san Agustín dijo que no hay nadie que quiera ser engañado? No, si uno se lo plantea desde la lógica no existe nadie que quiera ser engañado pero el mal amor o la mala voluntad lleva necesariamente a querer retocar aquí y allá la realidad y la verdad, para mentir el hombre debe mentirse a sí mismo primero, debe considerar a la mentira como algo bueno en alguna medida para su persona aunque más no sea para cometer injusticias con el prójimo y sacar cierto beneficio temporal sin tener en cuenta el perjuicio que genera a su persona y a su salvación.
    Sócrates decía que por las injusticias cometidas las almas de los muertos presentan heridas como de latigazos y que él prefería ser objeto de una injusticia que cometerla. Ante estas afirmaciones de Socrates ¡Vaya necio! dice el necio.
    Y así se piensan y se ven como fantásticos obispos y sacerdotes, por supuesto, que ciertas críticas a sí mismos se hacen y reconocen sus pecados en un muy ligth examen de conciencia pero hay muchos pecados que no quieren ver y son los que se relacionan con la realidad y la verdad que les molesta, los fracasos terribles, los grandes errores cometidos personalmente o en comunidad dentro de la Iglesia no quieren verlos porque piensan que si pierden esa fe en sí mismos y ese amor a sí mismos no serán capaces de creer en Dios (esa mentira les dice el demonio) cuando es totalmente lo contrario pues todavía no han empezado a creen en Dios y amarlo como debieran.
    ¿No han estudiado ellos durante años filosofía, teología, latín, griego, etc.? ¿no se han preocupado y ocupado por su Iglesia y por los fieles? ¿no han amado a estos fieles y han cuidado sus almas? ¿no han dedicado íntegramente la vida a Dios? ¿Qué más puede pedirse?
    Y, sin embargo, cuando uno les toca ciertas verdades molestas que han generado la presente crisis de la Iglesia católica estos sacerdotes y obispos se enojan, se molestan, ¿por qué? Porque hay algo que no han hecho, hay un error que han cometido y de gravísimas proporciones, hay un pecado gravísimo y mortal que llevan en la conciencia y que al recordarle uno el mismo, se vuelven ellos como Caín contra Abel, se vuelven contra sus hermanos con ira y con deseo de que callen para siempre esa verdad.
    Pensaron que bastaba con dejarle la dirección de la Iglesia a Dios y al papa y ellos podían descansar y dormir sus sueños de una primavera de la Iglesia, solamente bastaba con obedecer al papa y olvidar o hacer la vista gorda a todo lo que pasaba alrededor y que se refería a la corrupción dentro de la Iglesia, al Partido del Mundo dentro de la Iglesia sobre el cuál era mejor no hablar, de la contraIglesia dentro de la Iglesia era mejor ocultarla a los fieles y no pensar en ello, no había afirmado Jesús que las puertas del infierno no prevalecerán, mejor dejar hacer al NOM y no combatirlo dentro de la Iglesia, ellos pensaron que debían evitar lo que pudiera dañar su propia persona cueste lo que cueste.
    ¿Cómo correr el riesgo de ser odiado por los hombres y menos por los hombres de la Iglesia por sacar a luz una verdad molesta y sus propios pecados? ¿Por qué no evitar con buenos argumentos cualquier buen combate y cualquier martirio? Ellos estaban allí para administrar los sacramentos y dar la santa Misa, esa era su principal función y, luego, obedecer y tratar de no pensar ciertos temas o pensarlos de manera tal que no se vean impulsados a correr el menor riesgo en su prestigio y en su persona.
    “Milicia de Dios”, sí, pero para las misiones con los infieles pero nunca para combatir el buen combate dentro de la Iglesia, allí mejor dedicarse a lo suyo y a hacer el bien y con ello todo iría correctamente. Si había que comer los sapos del CVII y decir a diestra y siniestra que no pasaba nada con el CVII o con la Iglesia y que era el mejor concilio de la historia y negar toda verdad y toda realidad incómoda mejor, ellos serían los más fieles ejecutores del silencio, del arte de ocultar y omitir.
    El problema es que la crisis de la Iglesia se hace presente HOY con tanta claridad y con tanta fuerza que estos ciegos que no quieren ver ni oír empiezan a escuchar sobre la necesidad de dar batalla por la fe de Cristo en la Iglesia y combatir la herejía dentro de la Iglesia y les molesta esa realidad y les molesta esa verdad porque choca con lo que siempre durante décadas y décadas han sostenido sobre ese tema: a saber, que en esos temas era mejor callar y dejar hacer y dejar pasar y que Dios y el papa se ocuparían de resolverlos sin necesidad de la colaboración de la creatura humana en la obra de salvación.
    Cuando creían llegaba la época de cosechar lo que sembraron se encuentran que deben cosechar tempestades que ellos no sembraron pero que sembró el enemigo en la Iglesia mientras ellos dormían.
    Y ahora tendría que empezar a hacer un examen de conciencia con cierta ascética de su persona y de la realidad para poder cambiar de estrategia, para poder organizar una milicia contra la antiIglesia para defender a Cristo y a la santa Iglesia de los ataques que recibe desde dentro.
    Y es allí donde necesitan esos sacerdotes y obispos una cuota más elevada de necedad y cobardía, el diablo quiere torcer más el árbol que ya creció torcido hasta derribarlo y muy pocos aceptan que se les ponga un tutor, que se les de algún consejo y es allí el momento en que deben decidir si están con Cristo o contra Él, hay evidentes herejías que se hacen presentes en todos lados y que de manera clara demuestran que el CVII iba a desencadenar esto: la revolución que nombró Lefebvre, la protestantización de la cual muchos hablaron y con la protestantización la pérdida de la unidad y la desintegración de la Iglesia católica primero en distintas Iglesia reformistas católicas nacionales separadas de acuerdo con el gusto de cada Conferencia Episcopal Nacional, de la masonería y del NOM.
    Ahí están los cismas de Alemania y China y de muchos países prontos a seguir el camino sinodal de Francisco y de Alemania. Y así como la reforma protestante generó 30.000 Iglesias y religiones separadas así la reforma del CVII y de Francisco generó primero el cisma de Lefebvre y, luego, está por generar dos cismas más, uno alemán y el otro chino.
    Es más estos dormilones obispos y sacerdotes han pecado tan fuerte por omisión que no han elevado sus quejas al Vaticano por el asesinato evidente de la Iglesia católica en China según palabras del cardenal Zen. Son cómplices de los asesinos y de la injusticia que grita al Cielo por venganza por ser sacerdotes y obispos mudos.
    ¿No son ya estos necios y cobardes obispos y sacerdotes enemigos de Cristo? ¿No hay en esta omisión deshonrosa de sus mínimos deberes católicos de defender la Iglesia y a sus fieles un acto de cobardía y de necedad supremos que se emparenta con el deicidio de Cristo?
    Ellos, no lo ven así, ellos NO consideran que si vence el mal en algún lugar es porque se negó la creatura humana (obispos y sacerdotes) a colaborar con Dios en la obra de salvación y, por lo tanto, porque ha habido un grave pecado cometido y que se comete en la Iglesia terrenal sino porque Dios lo quiso o porque Dios lo permitió y si lo permitió es porque es la voluntad de Dios y, en definitiva, porque lo quiso.
    Y así se justifican en la cobardía y en la necedad y de muchas otras maneras porque son rápidos para esquivar la estocada y los daños por ese amor interminable y profundo a lo que no son pero que creen erróneamente y con malicia que son, o sea, justos, o sea, santos, o sea, buenos, pero bueno sólo es Dios.
    Y en vez de iniciar una nueva Contrareforma dentro de la Iglesia, en lugar de restaurar la fe de la Iglesia y su santidad, estos sujetos aceptan la decadencia y están prontos a caer en apostasía.
    La decadencia de la Iglesia católica es similar a la que existía antes de la Contrareforma porque el CVII destruyó al Concilio de Trento y como lo destruyó ello no significó ruptura con la Iglesia anterior sino continuidad pero con decadencia, una decadencia en la moral y en la doctrina similares a la anterior a la Contrareforma y como esa decadencia hizo surgir el protestantismo, ahora, un clero en gran medida decadente ve en el protestantismo una solución para sus problemas.
    En vez de restaurar Trento y en vez de buscar la Contrareforma lo que aspiran es a decir y decirse que hay que pecar fuerte, que hay que aceptar la decadencia moral y hacer de ella una nueva moral de la situación, que hay que olvidar la teología y los teólogos, olvidarse de la doctrina, no seguir a Santo Tomás de Aquino, no evangelizar, etc.
    Cuando el agua les llega al cuello, en vez de buscar la batalla por Cristo Rey y su Iglesia, este clero ha decidido rebajar su moral y su santidad y la de sus fieles y reformar la Iglesia para que se adapte al Mundo y sea lo más mundana posible, han preferido a Lutero sobre Cristo y han preferido lo fácil, lo cómodo y lo que no implica ningún riesgo.
    Nada de volver a exigir una santidad y moral en los sacerdotes y obispos como lo hicieron San Pío V y San Borromeo en la Contrareforma. Nada de exigirse en una ascética y mística y nada de obligarse a sí mismos a algo que pudiera parecerse al padecimiento y esfuerzo de los santos del siglo XVI por embellecer de santidad la Iglesia, no están a su nivel y no por falta de talentos que Dios les ha dado en demasía sino porque no quieren arriesgar esos grandes talentos con su gran persona en nada que pueda ser peligroso y lo sepultan en la tierra junto con sus cabezas y para eso pueden poner todas las objeciones posibles y, luego, bien debilitados moralmente y en la gracia verán si llevarán o no adelante la apostasía universal, ya han tragado suficientes sapos con el CVII saben que tienen un estómago importante y que pueden tragar varios sapos más en el futuro que les de a comer el Vaticano y si se llega a la desintegración de la Iglesia será porque Dios lo quiso o lo permitió pero si lo permitió era su voluntad el permitirlo y se hizo la voluntad de Dios y, por lo tanto, lo quiso y estupideces y necedades asi vagan por sus grandes cabezas de santos.
    Las guerras no se ganan sin ejército y sin bandera no basta con simular que uno envía algunos soldados sin armas ni víveres al frente de batalla contra la antiIglesia para que este clero pueda decir que tiene celo por la Iglesia y su Dios y para que pueda decir que ama a Dios, ha habido demasiada mala prudencia en ellos, esa prudencia que decía Pieper que es más bien astusia para no tener que pasar por el trance de tener que ser valiente, los pecados de omisión gravísimos se acumulan en muchos obispos y sacerdotes porque no es imposible vencer, si fuera imposible vencer estarían disculpados pero no es así, así que estos sacerdotes y obispos cada vez que comen la Eucaristía por estos pecados mortales de omisión no rectificados comen su propia condenación.
    Organizar un Partido de la Iglesia dentro de la Iglesia para enfrentar el Partido del Mundo en la Iglesia o contraIglesia ¿para qué? Ellos ya han hecho todo lo que estaba a su alcance sin mover ni siquiera un dedo y no moverán un dedo porque significaría que han estado equivocados antes, significaría también tener que rever la hermosa visión que tienen de sí mismos, significaría sacrificios, persecución y martirio y ellos ya son mundanos y quieren serlo, les hubiera convenido ser pastores de alguna de las otras religiones o masones porque no tienen pasta para católicos porque no quieren a Dios, tienen pasta de mundanos.
    Y no es imposible vencer a la suma de todas las herejías del progresismo y sus planes democráticos y masónicos de desintegración de la Iglesia católica (dando muerte a la mala mujer del apocalipsis y distribuyéndose los vestidos en distintas Iglesias reformistas católicas nacionales o adulterando y prostituyendo la religión con herejías) no es imposible vencer porque ya se venció en el pasado, en el siglo XVI y muchas veces más en distintas tempestades de la Iglesia, pero se venció a la reforma falsa y herética por una reforma verdadera y dogmática que se llamó Contrareforma y por medio de santos, sacerdotes santos, obispos santos y papas santos. No es imposible porque no hay que convocar un nuevo concilio de Trento sino que ya lo tenemos, no es imposible porque lo que hay que hacer es corregir ciertas afirmaciones del CVII y para eso no es necesario que se haga con un concilio, ni con un sínodo, ni una orden del papa basta con organizar y armar el Partido de la Iglesia dentro de la Iglesia para combatir el Partido del Mundo dentro de la Iglesia. No es imposible porque el Partido del Mundo nos ha mostrado cómo organizar un Partido y, por lo tanto, al darse a conocer nos debería obligar a formar un Partido de la Iglesia para defender la Iglesia.
    La Iglesia terrenal siempre va a estar partida entre la ciudad de Dios y la ciudad de Satanás como en todo hombre se da esa lucha, lo que es necesario es una pizca de valor y una pizca de voluntad. No es tan difícil como para servirle de excusa a nadie y para que no sea un gravísimo pecado de omisión evitar la batalla contra Satanás y los hijos de la oscuridad que en estos momentos y por todos los medios lleva adelante la antiIglesia contra la Iglesia contra los dormilones obispos y sacerdotes, contra los fieles y contra Dios.
    Y como consideramos válida las siguientes frases: “La verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero” es frase que nos dice un ignoto sabio y que, al escucharla, Agamenón dice: “Conforme”, mientras que el porquero replica: “No me convence”.” (Infovaticana, blog de Specola artículo Quis ut Deus? Miguel, Mija – El, la deed church, la eterna lucha entre la luz y las tienieblas, ¡No tengais miedo!) Y “Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis” y eso intentamos y porque rogamos tanto por la conversión y arrepentimiento de esos obispos y sacerdotes a los que tanto amamos y que, sin duda, nos consideran entre sus enemigos y los enemigos de la Iglesia porque ven en nosotros algo del Socrates que era como un abejorro sobre Atenas y nosotros lo somos sobre esta Iglesia dormilona, les dejamos la verdad divina para que las mediten y de la máxima autoridad para que le obedezcan:
    Mensaje a la Iglesia de Laodicea: «Al Angel de la Iglesia de Laodicea escribe: Así habla el Amén, el Testigo fiel y veraz, el Principio de la creación de Dios. 15. Conozco tu conducta: no eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! 16. Ahora bien, puesto que eres tibio, y no frío ni caliente, voy a vomitarte de mi boca. 17. Tú dices: «Soy rico; me he enriquecido; nada me falta». Y no te das cuenta de que eres un desgraciado, digno de compasión, pobre, ciego y desnudo. 18. Te aconsejo que me compres oro acrisolado al fuego para que te enriquezcas, vestidos blancos para que te cubras, y no quede al descubierto la vergüenza de tu desnudez, y un colirio para que te des en los ojos y recobres la vista. 19.” (Le está exigiendo a la Iglesia del fin del Mundo que es lo que significa Laodicea que se embellezca en santidad y en dedicación a Dios) “Yo a los que amo, los reprendo y corrijo.” (Se han olvidado estos partidarios del ecumenismo con Buda y con Mahoma que nuestro Dios es celoso) “Sé, pues, ferviente y arrepiéntete. 20. Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo. 21. Al vencedor le concederé sentarse conmigo en mi trono, como yo también vencí y me senté con mi Padre en su trono. 22. El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias.»
    Esto es lo que les dice a nuestros obispos y sacerdotes nuestro Dios, he ahí la Verdad y la máxima Autoridad a la que deben obedecer por la salvación de las almas y para el bien de la Iglesia. Sea para la salvación o para la condenación de esta generación dormilona está escrito.
    Ahí tienen a Viganó sigan su ejemplo y escuchen sus palabras sobre el CVII y la actual crisis de la Iglesia.
    ¿Qué deben hacer los fieles? Aceptar la verdad sobre la actual crisis de la Iglesia, decirla y difundirla y no luchar contra ella ni matar a los mensajeros, porque quienes luchan contra las verdades humanas y divinas molestas e incómodas son en realidad enemigos de Cristo. Buen fin de semana. Saludos en la Santa Virgen María y en Cristo Rey

  2. Los pecados gravísimos de sacerdotes y obispos
    No se llega a estas instancias de crisis de la Iglesia por otra cosa que por pecados gravísimos de la Iglesia docente. Si bien los obispos y sacerdotes actuales no podrían haber iniciado la Iglesia estoy casi seguro de que están muy capacitados para terminar con Ella y sacarla de en medio.
    “La verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero” es frase que nos dice un ignoto sabio y que, al escucharla, Agamenón dice: “Conforme”, mientras que el porquero replica: “No me convence”.” (Infovaticana, blog de Specola artículo Quis ut Deus? Miguel, Mija – El, la deed church, la eterna lucha entre la luz y las tienieblas, ¡No tengais miedo!)
    Lo cierto es que muchos de los sucesores de los apóstoles piensan como el porquero y también es mi caso, en estas épocas lo importante no es la verdad que se dice sino quién la dice y mientras hablen sólo los fieles los obispos y sacerdotes pueden seguir con sus sueños y ensueños que hasta ahora parece que le va a costar a la Iglesia dos cismas inminentes: el de la Iglesia alemana por medio del sínodo alemán y el de Francisco con un acuerdo secreto con el gobierno comunista chino y que van a dar por resultados dos Iglesias reformistas católicas nacionales prontas a separarse de Roma, la china y la alemana y que va a ser seguida por otras Conferencias Episcopales Nacionales para la creación de Iglesias y religiones reformistas separadas y multiplicadas en la falta de unidad.
    Ahí encontramos los resultados de la política eclesiástica de conservadores, tradicionalistas y progresistas y ¿creen Uds. que a pesar de que evidentemente la política eclesiástica elegida por cada uno de esos grupos no ha dado resultado, ellos (sacerdotes y obispos) van a cambiar en algo su forma de actuar? Pero no, absolutamente no, estos hombres están muy contentos consigo mismo y con lo que han hecho para que hagan algo más.
    Éstos no cambian ni aprenden y el NOM está tan seguro que permite las cartas de Viganó a Trump y lo mismo Francisco.
    Por supuesto que estos sacerdotes y obispos dicen que no tienen nada que ver con la crisis de la Iglesia y, en cierto sentido, es cierto porque no se han ocupado en nada de esa crisis de la Iglesia en toda su vida y le dejan el trabajo a los laicos y a los que llaman fundamentalistas, ellos, son los que tienen fe en Dios de que Él salvará a su Iglesia de manera milagrosa y sin la colaboración de la creatura humana porque parece que esa es la nueva ideología a enseñar: una futura Iglesia triunfante gracias a la ausencia completa del clero en todo lo que tiene que ver con la defensa de la fe y de su Iglesia. ¿Y, entonces, para qué este escrito?
    Bueno, para que el que peca siga pecando y para que el que se santifica se santifique aún más. O como decía el P. Alfonso Galvez que no todo lo que predicaba necesariamente era para salvación de los hombres sino que podía ser para condenación. Specola nos recuerda: “Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis” y eso intentamos.
    El gran pecado de la mayoría del clero salvo contadas (con los dedos) excepciones es la cobardía, si tuviéramos los papas, obispos y sacerdotes de la época de la Contrarreforma nada de esto hubiera pasado.
    Es conveniente señalar que en algún momento los sacerdotes, obispos y cardenales decidieron que no querían más ser de manera seria y literal milicia de Cristo, que no había que luchar más el buen combate, que eso de la ciudad de Dios enfrentada a la ciudad de Satanás no corría, que el Mundo era propicio a la Iglesia y, por lo tanto, la Iglesia debía dialogar con él, que no era necesario defender la fe por anatemas y excomuniones contra la herejía, que se podía ceder y cambiar la ley de Dios, los mandamientos y los Evangelios y que el camino del ecumenismo previa y necesaria protestantización de la Iglesia católica era el camino más conveniente, que no había que combatir con la masonería ni con el NOM, que no era conveniente el martirio, que el tema de soldado de Cristo era simbólico y de otra época y que lo mejor que se podía hacer era ponerse en la manos de Dios y no colaborar para nada con Dios en la obra de evangelización y ayudar al Mundo a que vaya para el lado que quiere ir.
    Esa cobardía está relacionada con la necedad y con la incapacidad de decir o escuchar ciertas verdades molestas y es que así como las virtudes naturales crecen juntas y no pueden desarrollarse separadas y lo mismo con las virtudes teologales, lo mismo ocurre con los vicios que no pueden desarrollarse de manera individual, así, que el cobarde para poder serlo a conciencia necesita ser necio y por la necedad llega a la injusticia y a la intemperancia. Toda una ascética invertida de la segunda naturaleza del pecado y que potencia la presencia del mal en el mundo, en los hombres y en la Iglesia hasta llegar por la apostasía al satanismo.
    A estos nuevos obispos y sacerdotes necios lo único que no quieren ni tratar ni hablar es de la crisis de la Iglesia y justamente es lo único que deberían estar tratando y que necesita urgente ser tratado. Como decían: corrige a un necio y ganarás un enemigo, corrige a un sabio y lo harás más sabio y sé la cantidad y calidad de enemigos que se ganan con estos comentarios pero prefiero la verdad a la amistad de los necios. Necios fueron los que crucificaron a Cristo, necios son los que permiten la destrucción de la Iglesia estando en sus manos por su gran número impedirlo y necios son los que silencian a aquellos que claman justicia para la Iglesia.
    El cobarde debe forzar su inteligencia para hacer entrar las mentiras en ella y para que la conciencia se sintiera relativamente cómoda, para ello qué cosa mejor que no tratar esos temas relacionados a la crisis o tratarlos con los que opinaban como uno y si alguien dice algo diferente perseguirlo o ignorarlo, tratar de darle muerte social y martirizarlos para que aprendan a callar y a dejar hacer y dejar pasar.
    Había que tirar al piso la bandera de Cristo y dejar que la bandera del Mundo ocupara paulatinamente los distintos espacios públicos y privados. Era una retirada de la Iglesia antes de ser vencida era mejor retirarse sin presentar ninguna batalla para no perder soldados ni generales y menos el orgullo de tantos y era, también, una traición.
    ¿Actuaron de buena fe esos sacerdotes, obispos y papas? Tan de buena fe como puede obrar un adúltero según la teología tradicional con una profunda ceguera de corazón, su pecado existió, existe y permanece.
    Algunos masones e infiltrados les vendieron a esos necios que podían vivir tranquilos en esta vida y haciendo el bien porque no existía una buena batalla que dar para salvar el alma. Esa es la necedad que se les vendió y la compraron y rechazaron la Cruz de Cristo y el buen combate porque ese buen combate no es solo interior sino exterior en el Mundo y en la Iglesia y contra los que son del mundo y que persiguen a aquellos que no son de este mundo.
    Se olvidaron de las verdades molestas del Evangelio y las dejaron de lado y enseñaron todo lo que fuera color de rosa y con sabor a caramelo porque si al hombre se lo gana adulándolo y elogíandolo ¿por qué no iban ellos a hacer lo mismo para el bien de la Iglesia?
    La buena vida, la vida en paz y sin necesidad de sufrir derrotas y fracasos, la vida alegre y sin llanto, no, por supuesto, las bienaventuranzas del Evangelio sino el jolgorio se les vendió y lo compraron.
    No tenían otra cosa que hacer para ello dentro de la Iglesia terrenal que dejar hacer y dejar pasar y pronto por la sola obediencia al papa y al CVII por arte de magia llegaría una verdadera primavera de la Iglesia y el Apocalipsis sucedería dentro de miles y miles de años.
    Y obispos y sacerdotes se sintieron cómodos con las nuevas ideas porque eran ideas mundanas y por medio de las cuáles no debían confrontar con nadie ni por nada, era la hora del diálogo y del ecumenismo y habían pasado los tiempos de batallas, no había enemigos de la Iglesia y todo iba a estar bien, no había que preocuparse de nada porque allí estaba el papa como piedra de la Iglesia así que ellos muy bien se limitaron a obedecer y dejar de pensar, no hacer diagnósticos ni análisis, no estudiar la situación, para qué si ya estaban el papa y Dios que se ocupaban de ello.
    Todo este sueño que se les vendió a los necios, toda esta ideología que no eran otra cosa que las ideas del progreso liberales, democráticas o comunistas bajo el paquete de la nueva teología, con sus triunfos y primaveras de la Iglesia sin necesidad de cruces y martirios, sin necesidad de ascética ni mística, sin necesidad de estudiar arduamente la teología de los doctores de la Iglesia ni el Magisterio, sin necesidad de arrepentirse de los pecados ni hablar sobre pecados, sin necesidad de sufrimiento alguno por parte de la Iglesia y sus pastores, toda esta ideología se la tragaron los necios y la empezaron a implementar en su persona y en la Iglesia terrenal.
    Y así mientras la Iglesia docente dormía y duerme la contraIglesia vela y conspira y se prepara y actúa astutamente para la destrucción de la Iglesia terrenal para la venida de su mesías masón que será el Anticristo ayudado por el Falso Profeta pero estos necios dicen: “la causa del demonio está perdida y las puertas del Infierno no prevalecerán así que no debemos preocuparnos de esta crisis de la Iglesia ni de luchar por la Iglesia, suficiente es lo que hacemos para nuestros fieles y hablar dos o tres veces al año en contra del aborto” y eso se los susurra el demonio mientras ellos duermen.
    ¡Qué bello era el mundo sin la Cruz de Cristo, sin los pecados de los hombres y sin la buena lucha para estos sacerdotes y obispos! Y así, se convirtieron en los necios útiles que necesitaba la masonería para iniciar la destrucción de la Iglesia que terminará en la desintegración de la misma en distintas Iglesias reformistas católicas nacionales separadas totalmente de Roma por sus Conferencias Episcopales Nacionales y por el camino sinodal de Francisco y del NOM, porque nada de lo que dijo Francisco le pertenecía a éste, sólo era una boca que transmitía las directivas de las sociedades secretas y ello se ve en que cada palabra de Francisco fue utilizada por el sínodo alemán para iniciar su ataque a la religión católica y a la Iglesia terrenal.
    Francisco tiene una orden: dejar hacer y dejar pasar, después de todo su enemistad con la Iglesia le viene de lejos, de su reclusión en la provincia de Córdoba como castigo por su espíritu de división.
    También, tienen estos obispos y sacerdotes buenas excusas en Lefebvre que tan mal le fue por oponerse a Roma generando un cisma y no logrando más que ser excomulgado. Un buen escarmiento vale más que mil palabras.
    O sino para aplacar la conciencia basta con recordar a Lutero y su división de la cristiandad, no, dicen los necios, con la sola obediencia al papa y al CVII es suficiente, nadie nos exige otra cosa no es necesaria una restauración de la fe y de la Iglesia y no es necesaria una nueva Contrareforma.
    Y no se dan cuenta que si los papas, obispos y sacerdotes católicos del siglo XVI hubieran pensado así hace tiempo que la Iglesia habría desaparecido.
    ¿Y entonces qué debemos hacer? Se preguntaron algunos obispos que no estaban totalmente conformes con el dejar hacer y dejar pasar. Lo conveniente, se dijeron, es actuar como hemos actuado en este siglo XX en otras ocasiones similares y que tan pocos buenos resultados nos dieron, lo conveniente era enviar un indio solo y sin armas a la guerra y si no vence es porque es la voluntad de Dios, buscaron su David para enviarlo contra Goliat no porque creyeran en que este nuevo David podía vencer a Goliat sino tentaron a Dios diciendo: “danos un signo y emprenderemos la lucha en defensa de la fe” es lo que decía su estrategia y aún peor “danos este signo de permitir que un indio solo venza a todo un ejército y creeremos en Tí”.
    Esto no es lo que hizo Pío V cuando enfrentó el protestantismo pero a partir de Pío XI se había establecido esa regla que parecía muy piadosa, así, se impulsó la cristiada en México y se dejó solo a los cristeros para ver si podían salir de la situación peleando sin armas contra la masonería mundial y los gobiernos liberales y comunistas y, luego, no conformes con que no había derrota de David lo suficientemente rápida, se los traicionó o mejor, Pío XI con ciertos obispos, los traicionaron por acuerdos que significaban una verdadera rendición incondicional de quienes todavía podían seguir luchando y vencer y se los obligó así a morir.
    Si uno envía un David a pelear con un Goliat es mejor asegurarse que David muera porque sino uno queda como Saúl que no participó del combate y como un cobarde.
    Lo mismo pasó con Lefebvre se lo dejó solo, se lo impulsó pero también se preparó su derrota (se trabajaba incansablemente en la derrota de Lefebvre) porque su victoria hubiera significado que el CVII estaba equivocado, era conveniente asegurarse que David pierda para demostrar que Dios estaba con Saúl y cuando Lefebvre no pudo vencer se renegó de él, se lo cargó de culpas y se lo crucificó con la excomunión de la Iglesia.
    Lefebvre también pecó gravemente porque no esperó para designar obispos, no puso su fe en Dios en que le daría dos años más de vida para mostrar la mala fe del Vaticano y poder presionar y como quiso salvar él solo a la Iglesia terminó siendo excomulgado. Lefebvre fue incentivado y apoyado ocultamente pero se lo envió sólo, si triunfaba Dios estaba con él y sino Dios estaba contra él pero era conveniente que fracasara y se trabajó en ese fracaso.
    Así, sucedió con los cardenales Caffarra, Brandmüller, Burke y Meisner que presentaron las dubias sobre la exhortación postsinodal Amoris Laetitiae, los otros obispos y sacerdotes los dejaron solos quizás algunos lo felicitaron pero como Caín ocultamente esperaban que fracasaran y trabajaron en ello porque ese fracaso significaba que esos cuatro obispos eran los necios para Dios y no así los cobardes que no se unieron a ellos y que quedaban como prudentes.
    También se dejó solo a Burke hasta que se rindió incondicionalmente y ¡cómo se regocijaron los cobardes con esta derrota! La misma probaba según ellos que Dios no estaba con Burke y lo mismo hicieron con Viganó y con muchos de sus hermanos. Había que fomentar la cobardía y la necedad y atacar a los pocos valientes que trataban de evitar la crisis de la Iglesia. Porque el justo y fuerte es el que les quita la excusa para no hacer nada.
    Las sucesivas derrotas de tradicionalistas aislados le dieron la idea bien protestante a estos obispos y sacerdotes que los que habían sido crucificados por la Iglesia verdaderamente no tenían a Dios de su lado y que según el calvinismo si Bergoglio se había mantenido haciendo barbaridades en la Iglesia se debía a que Dios lo quería o lo permitía y así acallaron sus conciencias, en el examen de conciencia sobre la realidad personal y comunitaria del clero no figuraban sus graves pecados de omisión, no querían pensar que Bergoglio vencía porque ellos, sacerdotes y obispos, se habían propuesto no cumplir con su misión, esquivar la Cruz de Cristo y actuar como necios y tibios sin ayudar a los que combatían por la santa Iglesia.
    Si todos apostataban de su fe, pensaron estos necios faltos de fe, eso significaba que la apostasía era una cosa buena y no que se estaba preparando una grave crisis en la Iglesia tipo del antitipo final que será el Apocalipsis o, tal vez, el antitipo final. Estos sacerdotes y obispos no leen el Apocalipsis y no creen que en los últimos tiempos la Iglesia será gravemente atacada y no piensan que son ellos mismos los que por sus gravísimos pecados de omisión, pecados mortales y por los cuales si no se arrepientes y enmiendan su conducta terminan comiendo en la Eucaristía su propia condenación, ayudan y son colaboradores inmediatos de la contraIglesia en la preparación del Apocalipsis y en la llegada del Anticristo.
    Porque hay dos formas en que los obispos y sacerdotes pueden colaborar con la masonería y sus planes y con el NOM una es por la participación activa en el Partido del Mundo dentro de la Iglesia y la otra es dejando hacer y dejando pasar todo lo que ese Partido haga, no oponiéndose al mal ni realizando las obras meritorias que se requieren para la salvación de las almas propias y ajenas.
    Otra estrategia de los cobardes y necios era utilizar a los laicos como elemento de choque contra Francisco para no ocupar ellos el lugar que debían ocupar no sea que sufrieran algún daño, había que enviar algún sacerdote y mover los laicos para ver si Dios estaba con ellos o con Francisco. Buena excusa para la cobardía y la necedad para pecar fuertemente contra Dios amándose a sí mismos más que a Dios y negando toda posibilidad de sufrir el más mínimo rasguño por amor a Cristo, se negaron al martirio y a la Cruz y, por ello, Dios no iba a permitir que David venciera a Goliat porque la misión de enfrentar a Goliat recaía sobre la Iglesia por mandato divino dado desde la creación misma de la Iglesia y, muy especialmente, sobre estos dormilones obispos y sacerdotes.
    Dijeron que dedicarían su vida a Dios y se dedicaron a sí mismos porque no quieren una batalla entre dos ejércitos y entre dos ciudades, no quieren ver la realidad de ese enfrentamiento y ello porque no quieren pelear porque son cobardes y necios no todos pero sí aquellos que no han prestado batalla en estos años.
    “¿Qué quieres que nos excomulguen a todos, que todos nos perdamos?” dicen “Por eso enviamos a otros menos valiosos que nosotros a la batalla para que en nosotros se preserve la Iglesia.” Eso dicen estos necios y cobardes.
    Nadie les pide actuar como locos sino actuar como milicia de Dios, no se les pide obrar individualmente como mercenarios o guerreros sino formar y organizar un ejército para enfrentar al enemigo ya sea que uno gane o pierda hacerlo en y por Cristo Rey.
    “No, todo está perdido” dicen esos tristes desertores y encuentran y construyen argumento tras argumento para calmar sus conciencias que no terminará nunca de calmarse del todo, lo que necesitan es pasarse al bando enemigo de la herejía, eso sí los calmaría piensan los necios y ya no tendrían ese combate interior porque habrían cedido completamente al mal y al demonio pero siempre se puede estar peor y siempre el demonio insiste en torcer más lo que ya está torcido así que siguen en su conciencia sintiendo los pecados y, entonces, en el último instante de esa carrera amorosa por ellos mismos empiezan a odiar a Dios a despreciar a Dios y a la verdad. Pero deben tener presente que cada vez que coman la Eucaristía por su gravísimo pecado de omisión comen su propia condenación y lo saben.
    Algunas palabras de Viganó en una entrevista cuando hablan de los proyectos del NOM para la nueva Iglesia:
    “El proyecto de tal neoiglesia no consiste en llevar al pueblo elegido a reconocer al Mesías, como lo fue para la Sinagoga; no es convertir y salvar a todos los pueblos antes de la segunda venida de Cristo, como lo es para la Iglesia Católica; sino el de constituirse en brazo espiritual del Nuevo Orden Mundial y promotora de la Religión Universal. En este sentido, la revolución conciliar ha tenido primero que demoler la heredad de la Iglesia, su milenaria Tradición, de la cual obtenía su propia vitalidad y autoridad como Cuerpo Místico de Cristo. Luego tuvo que deshacerse de los exponentes de la vieja jerarquía, y hasta hace muy poco no ha empezado a manifestar descaradamente cómo quiere llegar a ser.”
    “Lo que usted acaba de llamar utopía no es sino una distopía, ya que supone la materialización del plan de la Masonería y la preparación de la llegada del Anticristo.”
    “Por otra parte, estoy convencido de que la mayoría de mis hermanos en el episcopado, y con más razón la casi totalidad de los sacerdotes y los fieles no son totalmente conscientes de ese plan infernal, así como de que los sucesos recientes les han abierto los ojos a muchos. Su fe permitirá que Nuestro Señor congregue a la pusillus grex, el pequeño rebaño, en torno al verdadero Pastor antes de la batalla final.” ((Traducido por Bruno de la Inmaculada/Adelante la Fe. Fuente original: diesirae.pt, también en Santa Iglesia Militante, sitio de Internet, fecha 23 de abril de 2020)
    Saludos en la Santa Virgen María y en Cristo Rey

    1. Me gustaría saber porqué a usted le permiten comentarios tan larguísimos como el precedente y a los demás nos los cortan a los 500 caracteres

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