Francisco, un buen empresario «que no quiere despedir a nadie». Pero los hechos dicen lo contrario

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La guerra sin cuartel que ha estallado en Italia a partir del 3 de mayo entre el ministro de justicia Alfonso Bonafede y el magistrado Nino Di Matteo, ambos pertenecientes al ala justicialista de la política y a la Magistratura, ha oscurecido lo que ha sucedido en el Vaticano en los días inmediatamente anteriores, con el papa Francisco como protagonista, también allí bajo la insignia del justicialismo más desenfrenado.

En Argentina, «justicialista» era el nombre del partido creado por Juan Domingo Perón, del cual, en su juventud, Jorge Mario Bergoglio fue líder y ferviente defensor; incluso llegó a ser uno de los escritores de su testamento político, publicado después de su muerte, en 1974.

Pero, en el lenguaje corriente, justicialismo es querer hacer justicia sumaria a los que son puestos bajo acusación, incluso antes de que se lleve a cabo un juicio regular y se constaten sus responsabilidades. Es el proceder en modo expeditivo contra aquellos a los que se quiere golpear, con juicios en las plazas más que en las salas de los tribunales, con campañas mediáticas preconcebidas, con condenas «a priori» basadas sólo en sospechas.

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En el Vaticano, con este pontificado, el justicialismo es algo habitual. Y su última llama se ha encendido entre finales de abril y principios de mayo y, encima, con una clamorosa contradicción entre palabras y hechos.

El 1 de mayo era la fiesta de San José Obrero y, en la homilía de su misa televisada desde Santa Marta, el Papa dijo, después de haber pedido rezar «para que a ninguna persona le falte el trabajo»:

«Hace dos meses hablé con un empresario por teléfono, aquí en Italia, quien me pedía que rezara por él, porque no quería despedir a nadie, y me dijo así: ‘Porque despedir a uno de ellos es despedirme a mí’. Esta es la conciencia de tantos buenos empresarios, que custodian a los trabajadores como si fueran sus hijos… Rezamos también por ellos».

Los medios de comunicación, en coro, han relanzado estas emotivas palabras del papa Francisco, dichas precisamente en el día en que en todo el mundo era la fiesta de los derechos de los trabajadores (en la foto, el papa en la comida con los trabajadores del comedor del Vaticano).

Sin embargo, la tarde anterior, la sala de prensa del Vaticano había emitido un sibilino comunicado de prensa, en el que se informaba que «se han dispuesto medidas individuales para algunos empleados de la Santa Sede, respecto a la fecha límite de las adoptadas al comienzo de la investigación de la secretaría de Estado sobre las inversiones financieras y en el sector inmobiliario».

¿De qué «medidas» se trataba? De despidos sin preaviso. Decididos por el papa Francisco y que han recaído sobre los desafortunados ese mismo día, el 30 de abril.

La investigación sobre las causas de los despidos, citada en el comunicado de prensa, se resume en esta publicación de Settimo Cielo, del 25 de noviembre pasado:

> Guerras de dinero en el Vaticano. Con el Papa entre los beligerantes

En resumen, el 1 de octubre de 2019, la gendarmería del Vaticano, bajo las órdenes de su entonces comandante Domenico Giani, había registrado las oficinas de la secretaría de Estado y de la Autoridad de Información Financiera, AIF, confiscando documentos, ordenadores y teléfonos móviles. Y, al día siguiente, cinco funcionarios, un clérigo y cuatro laicos, fueron suspendidos del servicio, todos puestos bajo investigación de la Magistratura del Vaticano, a los cuales posteriormente se habría agregado un sexto sospechoso, monseñor Alberto Perlasca, ex jefe de la oficina administrativa de la secretaría de Estado.

La imputación se relacionaba principalmente con la compra, por parte de la secretaría de Estado, con dinero del Óbolo de San Pedro, de un edificio de lujo en un prestigioso distrito de Londres, en el Nº 60 de la avenida Sloane. Compra muy costosa y ejecutada, a través de vías retorcidas y a partir del 2015, desde la primera sección de la secretaría, dirigida por el «sustituto» que, hasta mayo de 2018, fue Giovanni Angelo Becciu, hoy cardenal, y que fue sucedido por el venezolano Edgar Peña Parra.

Para cerrar el negocio, a principios de 2019, Peña Parra había pedido al IOR, el «banco» del Vaticano, otra gran suma. Y fue allí donde estalló el conflicto, que condujo al ataque de la gendarmería. El IOR no sólo se negó a proporcionar esa suma, sino que consideró que toda la operación era incorrecta, por lo que presentó una denuncia ante el tribunal del Vaticano, también involucrando a la AIF, acusada de omisión de vigilancia.

El sospechoso más conocido y de mayor rango era precisamente el entonces director de la AIF, Tommaso Di Ruzza. Su inocencia fue defendida públicamente, basándose en una investigación interna, por su superior directo, el suizo René Brüelhart, para luego verse ambos despedidos abruptamente por el papa al final de sus respectivos servicios quinquenales: Brüelhart el 18 de noviembre y Di Ruzza el 20 de enero.

Entre los otros sospechosos, Perlasca actualmente está en su lugar como promotor de justicia adjunto del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica, mientras que la única mujer de los seis, Caterina Sansone, ha sido trasladada a otro puesto. Los tres restantes cayeron el 30 de abril bajo la cuchilla del despido y son el sacerdote Mauro Carlino, ex jefe de la oficina de información y documentación de la secretaría de Estado y secretario de Becciu cuando era sustituto, y los dos laicos Vincenzo Mauriello y Fabrizio Tirabassi.

Becciu defendió enérgicamente, en varias declaraciones públicas, la corrección de la operación que terminó bajo investigación, de la cual él era, jerárquicamente, el principal responsable, incluso hasta tomar partido contra su superior directo, el cardenal secretario de Estado Pietro Parolin, quien, en cambio, la definía como «opaca».

¿Y el papa Francisco? Con el calculado candor que le es propio, al responder a las preguntas de dos periodistas en la rueda de prensa en el vuelo de regreso de su viaje a Tailandia y Japón, el 26 de noviembre, dijo que se atenía a una garantista «presunción de inocencia» respecto a los sospechosos, pero también afirmó, convencido, de que «la corrupción está y se ve».

No sólo eso. Francisco ha dicho que había sido él mismo quien dio la orden al tribunal del Vaticano para que pusiera en marcha la investigación y que luego también él autorizó la redada de la gendarmería, en evidente desprecio a la distinción entre los poderes legislativo, ejecutivo y judicial, que es la esencia de un Estado liberal, e indiferente por haber destituido al comandante Giani poco después del allanamiento, por la sola culpa de haber hecho lo que el papa le había ordenado hacer.

En cuanto a los despidos del pasado 30 de abril, debe tenerse en cuenta que Francisco los ha llevado a cabo a pesar de que las investigaciones están aún en una fase preliminar y uno de ellos, Fabrizio Tirabassi, todavía está en espera, incluso, del primer interrogatorio. Por lo tanto, en ausencia de cualquier determinación procesal previa de sus verdaderas responsabilidades. Además, a los trabajadores despedidos no se les dio ninguna razón oficial que motivara su expulsión.

No es la primera vez que el papa Francisco actúa de este modo. También se ha librado, con esta brusca modalidad, de algún cardenal que le era incómodo. Curiosamente, en coincidencia con los despidos del 30 de abril, surgió nuevamente la noticia de otro despido desconcertante tres años antes, el del suizo Eugenio Hasler, quien fue expulsado por el Papa de un día para otro de la secretaría de la gobernación de la Ciudad del Vaticano, sobre la base de acusaciones anónimas que circulaban en la curia, que el despedido siempre ha rechazado por ser totalmente infundadas, y sobre las cuales nunca se dio inicio a una investigación normal.

Y esto sería el «considerar a los trabajadores como si fueran hijos» del buen empresario tan aclamado por el papa, «que no quería despedir a nadie».

Comentarios
2 comentarios en “Francisco, un buen empresario «que no quiere despedir a nadie». Pero los hechos dicen lo contrario
  1. Señalo que no todas las proposiciones son verdaderas o falsas existe la posibilidad de una proposición que sea ambigua, es decir, que por equivocarse (error de redacción o gramatical) en la forma de expresión no se pueda saber si es verdadera o falsa. En el caso señalado en mi primer comentario de la Declaración conciliar sobre la libertad religiosa si lee Ud. detenidamente la afirmación de que existe un derecho al error incluso de mala voluntad en materia religiosa la misma proposición es ambigua y depende de la interpretación que se de a la misma: si se entiende que dice que existe un derecho positivo de errar de mala voluntad en temas religiosos pues es un error pero no en materia de fe sino en materia jurídica porque no todos los Estado en el presente y en el futuro están obligados a establecer un derecho positivo de errar en temas religiosos de mala fe en dicha afirmación se ha expedido la Iglesia sobre un tema ajeno y sería un error pero no una herejía. Si en cambio se entiende que la Iglesia se está expidiendo sobre el derecho divino estableciendo que por derecho divino debería haber un derecho positivo al error en materia religiosa de mala fe ese sería un error religioso pero ese no es el sentido que surge del texto pero tampoco puede entenderse que la Iglesia quiso decir que existe un derecho natural de primero, segundo o tercer orden a la comisión de errores religiosos de manera conciente entonces se habría expedido sobre un tema que si le concierne pero de manera errónea sería un error moral y religioso, lo que sí manifestamos es que la Iglesia hace de una situación especial «tolerancia» una regla general «derecho» aplicable incluso al futuro vemos aquí la barbaridad de lo que se dice si nos preguntamos si ese derecho positivo surge del derecho natural o del derecho divino únicos motivos por los cuáles la Iglesia podría expresarse sobre el tema debemos responder por la negativa. Pero además si una declaración conciliar empieza bien y dice que solamente existe una religión y una Iglesia verdadera y luego concluye mal y manifiesta que existen derechos positivos a los errores y maldades religiosas realizados de manera conciente si no perjudican el bien común político puede decir que existe una verdad y un error, la verdad es la primera proposición, a saber, sólo hay una religión verdadera y una Iglesia que salva, el error es sostener que existen derechos positivos a los errores y maldades concientes en materia religiosa como la verdad de fe primera no puede ser contradecida por un error al aplicar dicha verdad de fe debe primar la primera verdad sobre el error cometido al concluir en un tema particular y tenerse el error por no escrito o no válido. En el segundo ejemplo que señalamos que parecería la Iglesia pedir a los gobiernos un cierto indiferentismo religioso o neutralidad religiosa por parte del Estado si analizamos bien la expresión es más ambigua que en el caso anterior y puede llevar a no saberse qué quisieron decir los autores pues no es claro y, en este caso, ni siquiera hay error más que un error en expresarse de manera confusa. Ahora la confusión o ambiguedad en temas dogmáticos y de magisterio favorece sin duda al progresismo católico y la herejía. Por otra parte, sería necesario diferenciar entre errores que se refieren a la parte central de la fe o sea al núcleo duro y dogmático del Magisterio Extraodinario de la Iglesia con errores que corresponden al magisterio ordinario e incluso con errores de tipo pastoral. Por otra parte, no pueden los documentos conciliares considerarse en su integridad magisterio ex cátedra e infalible sino que hay en ellos magisterio ordinario e incluso pastoral, la presencia de errores y ambigüedades en dichos documentos no significa que todos los católicos hayan aceptado cada una de las proposiciones de dichos documentos como si estuvieran alcanzados por la inerrancia o como si se tratara de las Sagradas Escrituras es más otro ejemplo el documento de Francisco Amoris Laetitia el capítulo VIII es ambíguo y parecería que se pretende imponer de forma subrepticia por nota al pie un error o herejía la gran mayoría de los sacerdotes de cierta edad no han aceptado la misma como tampoco todos los sacerdotes, obispos, cardenales y fieles han aceptado que no debía ser transido lo público con Cristo y como tampoco ellos han aceptado que alguien que obra de mala fe en materia religiosa tiene un derecho natural o divino para obrar así. Sin duda, y quiero esclarecerlo ha existido una merma, subdesarrollo o disminución en la expresión y comprensión de las verdades de fe y digo además que eso sucede en cada crisis de la Iglesia que termina con la expulsión de una herejía salvo en el Apocalipsis y en la vida espiritual no existe siempre progreso sino que a veces se dan retrocesos y lo mismo en la historia de la Iglesia. Por supuesto, que si uno considera que todos los errores tienen igual importancia es como si considerara que todas las declaraciones de fe y religiosas tienen igual importancia y tal cosa no es así hay declaraciones que se convierten en dogmas de fe y otras que son deducidas de esos dogmas en las que son deducidas están las próximas y otras más lejanas e incluso si una persona comete un error al deducir de un dogma de fe como hay una sola Iglesia y religión verdadera y que salva que existe un derecho de los gobiernos a transformar el error conciente religioso en derecho subjetivo positivo no podemos por ese error sostener que toda la Iglesia ha caído en herejía y que se ha producido una RUPTURA más cuando los conservadores han tratado de sacar las conclusiones correctas de las premisas verdaderas iniciales y encontrarle alguna salida a una proposición que puede ser errónea pero que sin duda por su ambiguedad favorece los errores del progresismo. Por ello, procedí primero a establecer que hay proposiciones ambiguas, que incluso cuando en un documento conciliar exista una proposición errónea por su gravedad no todas la proposiciones erróneas constituyen herejía pero además esa proposición errónea no puede primar sobre las proposiciones verdaderas principales que existen en un mismo documento o encíclica si es claro que en el proceso de deducción se deduce mal porque por el principio de no contradicción no puede lo secundario que está en contradicción con lo principal sino que debe primar lo principal y corregirse lo secundario e incluso en el caso de alguna proposición errónea en los documentos al no ser aceptados la misma sino al pretender los conservadores corregir su contenido por medio de una interpretación que falla, si bien falla la interpretación no se equivocan al concluir por ejemplo uno puede sostener que no puede haber errores o herejías en los documentos conciliares y luego concluir que no existe ningún derecho natural ni divino al error en materia religiosa de manera conciente es decir que partió de una premisa falsa pero llegó a una conclusión verdadera por error en la deducción pero haciendo primar sobre todo la afirmación de que solamente existe una religión verdadera y una Iglesia que salva. En cuanto a que hago defensa de la parte jerárquica no es cierto pero tampoco la tiro a la hoguera porque eso es de recontra protestante. Saludos en la Santa Virgen María y en Cristo Rey

  2. Solución presentada al problema del CVII.
    Desde hace sesenta años se está intentando resolver el problema del CVII, el problema no se ha planteado desde el punto de vista teórico y se buscó formas de solución de índole práctica.
    La primera separación que haremos es entre quienes defienden y quienes atacan al CVII quienes lo atacan diremos que son tradicionalistas y lefebvrianos y entre quienes lo defienden a ultranza están conservadores y progresistas católicos.
    Entre los que atacaron el CVII se planteó dicho concilio principalmente como una ruptura con la Iglesia anterior, por lo cual, la Fraternidad fue llevada poco a poco a separarse de la Iglesia terrenal aunque no del todo, la debilidad del planteo de tradicionalistas y lefebrianos era que si existía una ruptura de la religión y de la Iglesia terrenal con la religión verdadera y la Iglesia verdadera entonces el catolicismo solamente estaba en la FSPX y el resto había caído en la herejía con lo que debía hablarse de antipapas e incluso podían negarse todos los documentos posteriores, como la Iglesia santa quedaba reducida a la FSPX y la Fraternidad no podía nombrar papas ni obispos al nombrar Lefebvre los obispos toda la Fraternidad caía también en una situación irregular y en una especie de herejía si se la analizaba desde el punto de vista del Magisterio y doctrina de siempre no podía haber objeción a que Juan Pablo II excomulgara a Lefebvre por nombrar obispos aunque se considerara a Juan Pablo II un antipapa sus argumentos sobre la irregularidad del nombramiento de obispos se mantenía y la Fraternidad por ese solo acto caía en herejía, Lefebvre mísmo se hubiera tenido que excomulgar a sí mismo porque desde el punto de vista de la Iglesia tradicional él tampoco podía nombrar obispos pues no estaba dentro de sus facultades, si a eso se le suma un cierto reconocimiento posterior del papa Francisco por parte de la FSPX la conclusión sería que sus obispos y sacerdotes no fueron válidamente consagrados para el ordenamiento sacerdotal.
    Muerto Lefebvre para los lefebvristas la Iglesia debería haber muerto con él de acuerdo con lo que enseña la tradición sobre facultades de obispos para designar otros obispos y sería muy irregular que una Iglesia católica lefebvrista que no tuviera ni cardenales ni papas.
    Pero Lefebvre mantuvo la Misa de siempre que no podía ser prohibida por Pablo VI y, por lo tanto, Benedicto XVI levantó esa prohibición llamando a esa misa del rito extraordinario.
    Si miramos desde el punto de vista de la ruptura con la tradición y de una religión e Iglesia nuevas tradicionalistas y progresistas tienden a hacer el mismo planteo antes había una doctrina ahora hay otra, por lo tanto, antes había una religión y una Iglesia en Roma y ahora hay otra todo ello mostraría que ni la religión ni la Iglesia de antes eran verdaderas y que ni la religión ni la Iglesia nueva tampoco son verdaderas porque serían modificadas en el futuro.
    Los progresistas católicos podrían afirmar que se caminaba hacia una Iglesia reformista que se encontraría con las Iglesias protestantes y con todas las religiones del mundo, los tradicionalistas dirían que solamente los que no adhieren al CVII y a las encíclicas posteriores y a la misa de Pablo VI eran verdaderos católicos con la verdadera religión y con la verdadera Iglesia reduciendo la Iglesia católica a un grupo mínimo de obispos, sacerdotes y laicos, obispos designados por Lefebvre y a una Iglesia sin cardenales ni papa.
    Por otra parte, conservadores y progresistas católicos estaban de acuerdo en que había que defender el CVII y que el CVII debía ser defendido a capa y espada y en eso eran socios no debían admitirse errores porque pensaban como el cardenal Muller se expresó sobre este tema hace poco, a saber, o hay ruptura o hay continuidad de la Iglesia y de la religión.
    Los conservadores hicieron un esfuerzo de sesenta años en tratar de cubrir cada uno de los errores del CVII y volver claros sus textos ambiguos porque si no mostraban la continuidad, entonces, tal como lo habían planteado ellos ni la Iglesia anterior era verdadera ni la Iglesia posterior al CVII lo eran porque no se había cumplido la promesa de que las puertas del infierno no prevalecerían pero además porque igualando error con herejía pronto se llegaría a la misma conclusión de los progresistas de que se trataba de una Iglesia nueva y reformada y se debía ir camino al protestantismo y a la gran dispersión de religiones e Iglesias y a la apostasía en una religión e iglesia universal, y habría muerto la Iglesia católica.
    Benedicto XVI trató de resolver el problema por medio de la teoría teológica de la hermenéutica de la continuidad pero como vimos el cardenal Sarah ha utilizado la idea de Benedicto XVI para hablar de una hermenéutica de la reforma para justificar las reformas de Francisco y posiblemente las reformas del sínodo alemán puedan aplicar la misma teoría del cardenal Sarah sea cuales sean las reformas.
    Dentro de los conservadores se llevó a cabo un proceso de encubrimiento de errores del CVII, de mentiras y con ello los conservadores se convirtieron en mentirosos perjudicando la santidad de su alma y le mentían al pueblo con lo que muchos perdieron la fe pero siguieron en los cargos.
    De los conservadores que perdieron la fe unos siguieron siendo conservadores para favorecer a la Iglesia porque consideraban que una reforma de la Iglesia que la muestre como una Iglesia diferente de manera demasiado rápida y violenta podía llevar a la destrucción de la comunidad o pueblo de Dios y creían que debían trabajar en contrapunto con el progresismo católico y el Mundo para que el pueblo aceptara las reformas que debían ser paulatinas hasta igualarse al protestantismo o encontrarse en el medio del camino y poder hablar de Iglesia católica reformista próxima a reunirse con otras religiones y formar una Iglesia universal, otros de los que perdieron la fe se pasaron directamente al progresismo católico.
    La elección falsa de o ruptura o continuidad había cobrado víctimas en el lado conservador, víctimas de sus mentiras y se trató de salvar a la Iglesia sepultando la verdad bajo un cúmulo de propaganda ideológica sobre el CVII en forma de libros y publicaciones.
    He ahí tres grupos humanos de la jerarquía católica frente a un gravísimo problema que querían resolver pero no podía: los “católicos” de la herejía progresista, los conservadores y los tradicionalistas.
    Como consecuencia de que la postura de defensa a ultransa no podía establecerse con sinceridad en las mentes inteligentes y preparadas de los conservadores, ellos además de perder gran parte de su fe, propagaron y favorecieron más el progresismo con su postura que los tradicionalistas pero tampoco estos últimos plantearon el problema en el terreno teórico ni trataron de resolverlo con éxito y si alguno lo resolvió con éxito hicieron lo posible para que no fuera conocida dicha solución.
    Tampoco los actuales planteos del obispo Schneider sobre la necesidad de corrección de los errores del CVII resuelven nada porque si dichos errores significaron una herejía y una ruptura aunque fueran corregidos en el futuro por medio de encíclicas no se resolvía nada, la Iglesia al caer en herejía habría perdido la gracia y como la sal no puede salarse nuevamente una vez perdida la gracia no puede volver a recuperarla la Iglesia ni para sí ni para sus fieles.
    Ahora, presentamos una posible solución del problemas del CVII:
    Sostenemos que en la época del CVII existe un misterio de iniquidad similar al del papado emérito y al pontificado de Francisco y su Amoris Laetitia capítulo VIII para expresar este misterio de iniquidad diremos que independientemente del contenido de documentos y declaraciones conciliares, nos encontramos frente a un Concilio Pastoral, nunca existió en la tradición de la Iglesia un Concilio pastoral y he ahí el misterio de iniquidad ¿podría un concilio pastoral ser un verdadero concilio? porque en principio los concilio tenían como función el crecimiento en los conocimientos de los dogmas y la lucha contra los errores o herejías, su función era de magisterio, dogmática y sobre la fe nunca se pensó nunca en convocar al Espíritu Santo para una cuestión pastoral, es más la idea de una teología pastoral es una invención novísima de la Iglesia.
    Otra duda y otro misterio: ¿podía un concilio pastoral convocado por el papa a los fines exclusivamente pastorales tocar temas de magisterio ordenario y extraordinario? o sea dedicarse a aquello para lo cual no habían sido convocados los obispos y cardenales.
    Otra pregunta y otro misterio: ¿podía un papa convocar a un concilio solamente porque un día se le ocurrió que debía hacerse y tratar al Espíritu Santo como si fuera un siervo del papa y de la Iglesia? ¿No había un grave pecado de soberbia que podía dificultar la presencia del Espíritu Santo al ser convocado solamente para hacer política eclesiástica y publicidad?
    Un misterio era la validez o no del concilio pastoral y su forma de actuación en materia de magisterio ordinario y extraordinario y tan revolucionario eran esos actos como la creación del papado emérito por Benedicto XVI y como la Amoris Laetitia capítulo VIII del papa Francisco y gran parte de su pontificado, estamos ante misterios de iniquidad, creaciones novedosas, revolucionarias y contrarias a la tradición que fueran utilizadas y que generaron múltiples problemas y los generan actualmente.
    Ahora la solución que proponemos está basada en dos partes: 1) hay misterios en esta vida, misterios sobre Dios, misterios sobre la creatura humana y misterios de iniquidad, existe en el Apocalipsis la mención del misterio de iniquidad del cuál siguiendo al Padre Castellani podemos decir que existieron tipos del antitipo final de ese misterio de iniquidad en casi todas las crisis de la Iglesia y que seguramente existen en el presente y en el futuro en el antitipo final del Apocalipsis.
    Los misterios de iniquidad que señalamos ahora son el CVII, el papado emérito y Francisco con su Amoris Laetitia.
    ¿Qué hacer con esos misterios de iniquidad por los cuales no se puede saber la validez o no por ejemplo de los documentos o encíclicas conciliares y del mismo CVII?
    Primero, lo que se debe hacer es resolverlo en el futuro no resolver el misterio de iniquidad que quedará como misterio sino resolver el problema de los documentos y encíclicas conciliares del CVII con una expresión ambigua y defectuosa de la fe católica.
    2.- La resolución del tema del CVII está en afirmar que así como la Iglesia católica puede mejorar su conocimiento y forma de expresión de los dogmas y existir un desarrollo en el conocimiento de las verdades reveladas también si la Iglesia terrenal descuida su misión y si no combate en contra del espíritu del Mundo y en contra de la contraIglesia o antiIglesia verdadera ciudad de Satanás presente en la Iglesia terrenal y que lucha como Partido del Mundo en la Iglesia por el gobierno de la misma contra la Iglesia santa presente en la Iglesia terrenal y si no es fiel a Dios puede por medio de documentos realizar una exposición de los dogmas menos exacta y obtener un menor conocimiento de la revelación o disminuir los conocimientos que sobre la revelación muestran los documentos de magisterio conciliar
    Es decir, en vez de hablar de un desarrollo en el conocimiento y expresión de los dogmas después del CVII se puede dar un subdesarrollo y merma en el conocimiento y expresión de los dogmas sin que ello implique de manera necesaria caer en errores que sean herejías.
    Hay que reconocer que en gran medida en que el CVII implicó para el pueblo de Dios un subdesarrollo, merma o decrecimiento en el conocimiento de la verdad revelada y como la misa de Pablo VI implicó una merma o decrecimiento en el culto dado a Dios sin que ello implicara herejía pero, sin duda, se dieron errores o expresiones ambiguas que enfriaron la caridad y la santidad en la Iglesia terrenal hasta llevar a que sea gobernada por el Partido del Mundo en la Iglesia.
    Así, por ejemplo, mientras en el comienzo de la Declaración conciliar sobre la libertad religiosa se comienza con una verdad y se afirma que solamente existe una religión que salva y una Iglesia verdadera con estas palabras: “(…) la libertad religiosa, que los hombres exigen en el cumplimiento del deber de dar culto a Dios, deja íntegra la doctrina católica sobre el deber moral de hombre y sociedades para con la verdadera religión y para con la única Iglesia de Cristo”.
    Posteriormente se concluye mal, es decir, sobre la base para argumentar de que: “la situación histórica en que se halla el hombre hoy frente a la práctica de muchas religiones en una misma sociedad civil, (…)” cuestión que existió siempre en toda sociedad y sobre la base de otra afirmación verdadera: “(…) todos los hombres deben ser inmunes de coerción de parte de hombres particulares y de parte de grupos sociales y de cualquier ser humano, de tal suerte que en cuestión religiosa, nadie debe ser coaccionado a obrar contra su conciencia ni tampoco ha de estar impedido a que obre según su conciencia, sea privada, sea públicamente, solo o asociado con otros, dentro de los límites debidos (…)” se llega a conclusiones erradas, a saber: “(…) Por lo cual el derecho a esta inmunidad persevera aún en aquellos que no satisfacen a la obligación de buscar la verdad y de adherir a ella; por lo cual no se puede impedir su ejercicio con tal que se guarde el justo orden público (…)”.
    Aquí hay un error porque la Iglesia transforma en derecho un supuesto derecho positivo a no buscar la verdad y adherir a ella, desde el punto de vista del derecho natural es evidente que no puede existir un derecho a no buscar la verdad y a no adherir a ella, en todo caso, habrá una tolerancia para evitar males mayores pero no hay derecho natural al error cometido de manera conciente ni a la maldad cometida de manera conciente solamente puede haber tolerancia según la doctrina católica de siempre.
    Independientemente, de que existió ignorancia sobre la diferencia entre lo que era el derecho para los juristas romanos y Santo Tomás de Aquino y del momento en la modernidad en que a las facultades se les empieza a dar el nombre de derecho y más específicamente de derechos subjetivos que pudieron generar la redacción con errores sin que por esa redacción que significa una menor comprensión y merma en los dogmas pueda hablarse de herejías vemos que se parte de principios teológicos, jurídicos y morales correctos pero al deducir la conclusión no se concluye de forma verdadera sino errada afirmando que existía un derecho al error en materia religiosa cuando ello es imposible y lo que correspondía enseñar de acuerdo con un mejor conocimiento del dogma es que existía una tolerancia por parte de la Iglesia de los errores en materia religiosa y de la práctica de las otras religiones.
    Ahora, esa tolerancia de la Iglesia católica podía tomar la forma de un derecho subjetivo positivo en el derecho del Estado laico porque así lo establecía un gobierno no porque existiera un derecho natural de primer, segundo o tercer orden al error sino porque el gobierno quería por derecho positivo crear un derecho subjetivo para la práctica de los errores religiosos lo cual debía ser tolerado por la Iglesia.
    Es decir, la Iglesia toleraba sin aconsejar al gobierno que legisle equivocadamente sobre el derecho subjetivo a la práctica de religiones no verdaderas incluso de manera conciente por los fieles en cuanto al error.
    Lo que erróneamente hizo la Iglesia fue confundir el autorizar y promover Ella misma la creación de derechos subjetivos para la práctica de religiones no verdaderas incluso de manera conciente para los fieles de esas religiones cuando ella solamente debía tolerar dichas prácticas sin poder establecer la validez de una facultad ni transformar dicha facultad en un derecho subjetivo positivo para el error o la maldad en materia religiosa pues no estaba apoyada esa ley positiva ni en el derecho natural ni en el derecho divino.
    Segundo en dicha declaración conciliar sobre la libertad religiosa mientras parte de principios teológicos, morales y jurídicos correctos de que solamente hay una religión e Iglesia verdaderas concluye mal o razona mal cuando afirma: “Además los actos religiosos, por los cuales los hombres se dirigen a Dios privada y públicamente de acuerdo con el parecer de su conciencia, trascienden por su naturaleza el orden terrenal y temporal; el Poder civil, cuyo fin propio es procurar el bien común temporal, debe reconocer y favorecer la vida religiosa de los ciudadanos, pero traspasaría sus límites si pretendiera dirigir o impedir los actos religiosos”.
    Aquí nos dice el P. Meinviella que el Estado y la vida púlica no puede dejar de influir favoreciendo u obstaculizando la libertad y aún la verdad religiosa. De donde no existe estrictamente neutralidad religiosa.
    Se termina insinuando de manera ambigua o generando una expresión ambigua que podía dar a entender que no convenía que sea transido de Cristo lo público y que no convenía un gobierno católico o partidos políticos católicos (ya vimos que estos últimos habían sido prohibidos por León XIII para evitar que los católicos queden divididos en distintos partidos políticos católicos prefirieron que lo estén en partidos políticos no católico pues impedían usar el nombre de “católicos” en partidos políticos con la consecuencia de tres siglos de gobierno no católicos o anticatólicos gobiernos que quedaron en manos de masones) con ello se continuaba la política eclesiástica que iba en contra de la santa doctrina del poder terrenal bajo el espiritual o se sentaron las bases para el desarrollo del progresismo católico.
    De allí a leyes anticatólicas de gobiernos no católicos y masones quedaban un paso he ahí la prohibición de la enseñanza religiosa en los colegios del Estado, el divorcio, con la destrucción de la familia por el divorcio, el aborto, la eutanasia, el matrimonio igualitario, el fomento de la ideología de género y su imposición a nivel educativo y político, el feminismo, etc.
    Hay aquí un error de razonamiento que afectó a toda la Iglesia, es decir, no nos encontramos con una declaración dogmática sobre lo que es válido y lo que no lo es sino de magisterio ordinario e incluso hasta pastoral sobre lo conveniente en un momento determinado y que puede no serlo y con una incomprensión sobre la verdadera libertad del hombre que se asienta sobre la verdad y nunca sobre el error.
    La Iglesia toleraba gobiernos no católicos es más parecía decir que los gobiernos debían ser no católicos cuando hablaba de laicismo, lo que dio al progresismo letra para escribir sobre gobiernos indiferentistas, neutros y anticatólicos y de una Iglesia que debía ser sierva del Mundo y de sus pecados, no para salvar al Mundo sino para seguir al Mundo, salir de sí misma e ir a las periferias, alienarse y empobrecerse, el Partido del Mundo en la Iglesia seguía las directivas de siempre de la masonería y del NOM.
    Aquí se ve cómo se puede producir una merma en la comprensión y el desarrollo de los dogmas, por supuesto, mientras la Iglesia se mantenía firme y fiel en la fe y aumentaba su comprensión y desarrollo de los dogmas la Iglesia terrenal se fortalecía y crecía pero a medida que su comprensión de los dogmas y su expresión se hacía más ambigua disminuía la santidad de la Iglesia y se veía reducida en su aspecto sobrenatural y próxima a una crisis.
    Los misterios de iniquidad cuando afectan el magisterio ordinario deberían ser resueltos en el futuro por medio de un fortalecimiento en la comprensión de los dogmas y en su expresión y expecialmente por una teología de la historia reciente al estilo de San Agustín y su ciudad de Dios que vuelva claro en los fieles cuales fueron las equivocaciones de la Iglesia y que a pesar de las misma y a pesar de la merma en la comprensión y en la expresión de los dogmas podemos hablar de una continuidad en la Iglesia terrenal pero que en el terreno espiritual la continuidad y sin perder la gracia puede importar un avanzar o un retroceder en santidad.
    Cuando se inicie un proceso de anonadamiento de la Iglesia y de pasión que terminará en el antitipo final del Apocalipsis puede verse acompañado de una merma en la expresión y comprensión de los dogmas al punto de llevar a Jesús a preguntar si hallaría fe a su regreso sin que ello implique que las puertas del infierno prevalecerán sobre la Iglesia santa que no es la Iglesia terrenal sino una parte, la parte que pertenece a la ciudad de Dios pero hay otra parte de la Iglesia terrenal que parece ser parte pero no lo es como dice San Pablo estaban entre nosotros pero no eran de los nuestros que forma la contraIglesia y ciudad de Satanás en la Iglesia.
    Por lo que es aplicable lo que Dios dice en la Iglesia de Laodicea o del fin del mundo a saber que son tibios ni calientes ni frios y que los vomitará de su boca, que son tibios los que han entibiado los conocimiento de la religión verdadera y la santidad de la Iglesia, los que presentan como logros lo que son verdaderas mermas y desfallecimientos en la comprensión de la verdad revelada, a saber, tradicionalistas y conservadores deben rectificarse deben colorear los ojos de la Iglesia para que vea y sea bella, deben plantear los problemas del CVII, del papado emérito y de Francisco y su Amoris Laetitia desde la verdad de Cristo y no desde el encubrimiento que los ha llevado a la crisis, deben reconocer sus errores y pecados para poder purificar su vista, deben fortalecer su amor, fe y esperanza en la Iglesia de siempre enseñar los dogmas de siempre con toda su riqueza y de la mejor manera posible.
    Es muy posible que el incendio en la Iglesia sea tan grande que nadie pueda evitarlo pero no evitarlo no significa sobrevivir, no actuar como bomberos no significa sobrevivir, porque el templo caerá sobre las cabezas de los fieles que no lo intenten y solamente se salvará el tabernáculo.
    Les pediría que si no son teólogos no realicen una reproducción del libreto de siempre para tratar de rechazar estos planteos ni traten de cubrir como hasta ahora lo pretendieron los conservadores la verdad bajo una biblioteca de mentiras.
    Saludos en la Santa Virgen María y en Cristo Rey

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