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Bergoglio no dice que no a las uniones homosexuales

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En Italia están a punto de ser legalizadas, pero el Papa desanima a los católicos a poner las barricadas. Lo mismo que hizo en Argentina. Distinta es en cambio su política sobre inmigración, pobreza y radicalismo islámico por Sandro Magister

ROMA, 15 de enero de 2016 – A Jorge Mario Bergoglio le gusta que la plaza sea festiva y orante, pero nunca políticamente agresiva. En Buenos Aires, en 2010, les dijo a los católicos que se habían congregado delante del parlamento para una vigilia de oración ante la inminente aprobación del matrimonio homosexual que volvieran a sus casas. Les convenció que «evitaran la contraposición». Ciertamente, en esa ley Bergoglio veía en acción nada menos que «al padre de la mentira que tiene la pretensión de confundir y engañar a los hijos de Dios», pero en público no dijo una sola palabra. Dejó solamente que se filtrara una carta que había escrito a unas religiosas carmelitas de clausura en la que daba la culpa al diablo y pedía oraciones. También ahora, a punto de que se apruebe en Italia la ley sobre las uniones homosexuales, el Papa Francisco no se desvía de su línea. Ha alzado su voz contra «las nuevas colonizaciones ideológicas que intentan destruir la familia» y contra «esa equivocación de la mente humana que es la teoría de género». Pero lo ha hecho mientras estaba de viaje en Manila y en Nápoles, en ambas ocasiones fuera de contexto, y nunca en plena contraposición política. El pasado mes de junio, ante el anuncio de un «Family Day» en Roma contra la legalización de las uniones homosexuales, el secretario de la conferencia episcopal italiana Nunzio Galantino, estafeta del Papa entre los obispos, hizo de todo para que dicha iniciativa muriera antes de nacer. Y cuando la manifestación, que tuvo una multitudinaria participación, a pesar de todo se hizo, el Papa Francisco no hizo llegar su pública bendición. Que los fieles, si quieren, actúen en campo político, dijo después el Papa a los estados generales de la Iglesia italiana reunidos en Florencia en noviembre, pero que se olviden de tener «obispos-pilotos». El «Family Day» de 2007, el que detuvo la aprobación de una ley sobre las uniones de hecho, fue promovido por la CEI.  Pero hoy, también entre los que participaron en esa ocasión, hay quienes se adaptan a la nueva línea de Bergoglio y ya no definen ese acontecimiento como un éxito, sino como un «fracaso» que no hay que repetir: palabra del cardenal Gualtiero Bassetti y del nuevo presidente del Foro católico de las familias, Gianluigi De Palo. * Dócil y bien visto por la opinión laica en lo que atañe a las nuevas leyes sobre las uniones homosexuales, el Papa Francisco adopta, en cambio, una línea más disonante sobre otras cuestiones geopolíticas de gran impacto: desde la inmigración a la pobreza y el radicalismo islámico. Sobre los flujos migratorios, para el Papa todo se soluciona con una única palabra: «acogida», y en la consiguiente reprobación de todos los que no se adaptan a ella. Francisco evita con mucho cuidado nombrar a los que son reprobados, incluidos Estados e instituciones públicas. En Lampedusa, en la pequeña isla que fue objeto de su primer viaje como Papa, gritó un indeterminado: «¡Vergüenza!». Pero si se observa lo que dicen y hacen los gobernantes en Europa y en el mundo, la distancia entre ellos y el Papa parece abismal. «Es necesaria la acogida, pero también el rigor», ha dicho el  presidente de la república italiana Sergio Mattarella, católico y de izquierdas, en su mensaje de fin de año a la nación. «Se necesitan normas comunes para distinguir a los inmigrantes que huyen de la guerra o de las persecuciones y tienen, por consiguiente, derecho al asilo, de los otros que en cambio hay que repatriar». Son palabras con las que Francisco no estaría de acuerdo. En lo que respecta a la pobreza, la solución sistemáticamente invocada por el Papa es dar tierra, casa y trabajo a todos los hombres. Pero tiene razón el politólogo Angelo Panebianco cuando objeta que «Francisco piensa que los recursos están ya todos a disposición y que su escasez, más que un vínculo objetivo, es el efecto de una conspiración de las clases dominantes en detrimento de los pobres del planeta». El pasado 12 de julio, preguntado a bocajarro por un periodista alemán en el vuelo de vuelta de Paraguay, Francisco admitió la «equivocación» de descuidar en su análisis a la clase media, pero añadió que ésta «es cada vez más pequeña», aplastada por el aumento de la desigualdad entre los ricos y los pobres. Es evidente que al Papa se le escapa que los números dicen lo contrario, empezando por esos gigantes que son la India y China. Y en lo que respecta al radicalismo islámico, asombra que Francisco diga que es fruto de la agresión occidental y de la pobreza, es decir, de condiciones materiales, «estructurales» en sentido marxista, en lugar de ser una elección religiosa nativa de una lectura del Corán bien radicada en él. También en este punto la visión política papal parece distanciada de la realidad. Y es, en consecuencia, ineficaz. __________ Esta nota ha sido publicada en «L’Espresso» n. 3 del 2016, en los kioscos a partir del 12 de enero, en la página de opinión titulada «Settimo cielo» confiada a Sandro Magister. He aquí el índice de todas las notas precedentes: > «L’Espresso» al séptimo cielo __________ A la cuestión de la inmigración Francisco ha dedicado gran parte de su discurso del 11 de enero al cuerpo diplomático: > «Estimados Embajadores…» El Papa ha reconocido que en Europa «han surgido muchos interrogantes acerca de las posibilidades reales de acogida y adaptación de las personas», pero a pesar de esto ha pedido a los estados que acojan a los inmigrantes de manera ilimitada; no sólo a los que proceden de lugares en guerra y a los que huyen de las persecuciones, sino también a aquellos que buscan mejores condiciones de vida. Y al animar al desarrollo de los países de procedencia, ha renovado la advertencia de que dichas ayudas no deben estar condicionadas por «estrategias y prácticas ideológicas ajenas o contrarias a las culturas de los pueblos a las que van dirigidas», es decir, por la imposición de leyes sobre el matrimonio homosexual. Esto es, en cambio, lo que ha dicho unos días antes en materia de inmigración el presidente de la república italiana, el católico Sergio Mattarella, en su mensaje de fin de año a la nación: «El fenómeno migratorio nace de causas mundiales y durará mucho tiempo. No podemos engañarnos y pensar que podemos eliminarlo, pero se puede manejar. Y se debe manejar… «Se necesitan normas comunes para distinguir a los inmigrantes que huyen de la guerra o de las persecuciones y tienen, por consiguiente, derecho al asilo, de los otros que en cambio hay que repatriar, asegurándoles un trato digno siempre… «Es necesaria la acogida, pero también el rigor. Quien está en Italia debe respetar las leyes y la cultura de nuestro país… En cambio, los emigrantes que delinquen deben ser detenidos y castigados… Los peligrosos deben ser expulsados. «Las comunidades extranjeras en Italia están llamadas a colaborar con las instituciones contra quienes predican el odio y practican la violencia». Es evidente que en materia de inmigración existe una gran brecha entre la posición del Papa y la del presidente italiano, tal como ilustra ampliamente este servicio: > Sull’immigrazione, tra Bergoglio e Mattarella c’è disaccordo pieno __________ Otros detalles sobre como en 2010 el entonces arzobispo de Buenos Aires afrontó en Argentina la legalización del matrimonio homosexual: > Bergoglio, el general que quiere vencer sin combatir (10.3.2014) > Contra el matrimonio homosexual el general Bergoglio mandó al asalto a las monjas (15.11.2013) > Diario Vaticano / Seis votos más para las uniones «gay» (10.6.2013) En Italia, los exponentes católicos han anunciado para finales de enero una gran manifestación en Roma contra la ley sobre las uniones homosexuales en discusión en el parlamento. Pero el secretario de la conferencia episcopal Nunzio Galantino, colocado en ese cargo por el Papa, ha negado rápidamente cualquier apoyo a la misma por parte de la CEI. Si un obispo desea participar «podrá hacerlo, pero no puede pretender que participen todos los otros obispos», ha dicho en una entrevista al «Corriere della Sera» del 13 de enero: > La CEI: «Unioni civili: giusto, ma le adozioni siano fuori» __________ En lo que respecta a la visión política general de Jorge Mario Bergoglio condensada en sus dos discursos a los «movimientos populares» de todo el mundo, por él convocados en Roma el 28 de octubre de 2014 y en Santa Cruz, Bolivia, el 9 de julio de 2015, léase: > De Perón a Bergoglio. Con el pueblo contra la globalización (12.8.2015) __________ Traducción en español de Helena Faccia Serrano, Alcalá de Henares, España.

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