El sonido de unas monedas…

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Cuando los domingos pos la mañana me despertaba e iba a desayunar, me encontraba con mi abuelo que con su taza de café y churros, para celebrar la fiesta, esperaba dar el saludo a su nieto y entregarle dos monedas: esta es tu paga y esta otra, me decía, para que la eches en Misa.

Después de desayunar quedaba con los amigos e iba a Misa de 11 dónde en el momento del ofertorio se acercaban por los bancos de la Iglesia unos limosneros con deseo de que la gente depositara su aporte monetario. Deseaba en ese momento que se olvidaran de pasar por mi banco para poder quedarme con la otra moneda del abuelo pero eso nunca ocurría y hoy me alegro de que no haya sido de esa manera porque esas monedas lo que hacen es sustituir aquel mandato que Jesús en hizo a varios de sus discípulos antes de la última cena: preparar la cena Pascual.

En el ofertorio la comunidad antiguamente ofrecía el pan, el vino o el aceite…todo aquello que servía para preparar la cena y para cubrir las necesidades de los miembros de la comunidad.

Hoy también nos acercamos al Altar a depositar el Pan y el Vino y esas pequeñas monedas que, como la viuda, se ofrecen a Dios. No es la colecta, como se conoce a este momento en la Santa Misa, el momento de desprenderse de la calderilla, como decimos donde vivo, sino de realizar una ofrenda a Dios.

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