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La Burbuja

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Alguno me acusa de vivir “en mi burbuja”. –Claro, Pedro: tú no vives en el mundo real, auténtico. Vas sólo con gente recta, de tu estilo, como tú, y eso no es estar en la realidad… porque la mayoría de la gente no es así. Son bebedores, libidinosos, drogatas, incontinentes, infieles al matrimonio, malos amigos… y otras lindezas más que omito.

OK. Tal vez eso sea cierto. Puede ser que el porcentaje de corruptos, sea hoy mayor que el de honrados. O el de inmorales, gane al de limpios. Pero que la sociedad esté hoy moralmente desecha, enferma y podrida, no es razón para que yo también viva así, y menos aún que lo corrobore, lo apoye o lo fomente. Puede ser lo “habitual”, lo más frecuente, pero jamás será lo “normal”, puesto que no cumple la “norma”.

Tampoco vale ser endogámicos: vivir sólo con los tuyos, negarle el saludo al desconocido, ni menos aún refugiarte temeroso en tu feudo exclusivo. Eso sería encasillarte en un ghetto, una camarilla asfixiante, un cenáculo cerrado o una mafia. Es lo propio de mentes estrechas y cerradas, pueblerinas y aldeanas, provincianas y cortas.

¿Abierto a todos? Sí, claro: siempre y a todos. ¿Excluir a alguien? No, nunca a nadie. Ni al diablo tampoco: hay que tener amigos, hasta en el infierno. Hay que saber convivir con todos y respetarles. Pero eso no significa que tengas que dejarle el coche a un loco suicida, ni tu cuenta corriente a un ludópata, ni tu novia a un lascivo. Amistad con todos, sí; pero sólo darle a cada uno, el grado de amistad que él admita y sepa usar.

Lo de la burbuja es muy gracioso. ¿Por qué yo no me monto planes con gente inmoral? Por la misma razón que no me meto en el coche de uno que conduzca mal, ni me como la comida de uno que la cocine sin higiene, ni hago negocios con corruptos deshonestos.

Pero eso no es vivir en una burbuja. Eso es, sencillamente, escoger lo mejor posible siempre, para vivir así. Lo cual no significa que tengas que matarles ni que fusilarles al resto. Les saludas, les hablas, les admites, pero no les eliges a ellos cuando se trata de asumir riesgos en temas vitales, como salud, seguridad, integridad o formación.

Veamos: si tú vas al dentista, ¿eliges al peor, al que más denuncias acumula, y al que más gente ha dejado sin dientes? ¿No? Bien, pues si eso es vivir en una burbuja, porque sólo vas a médicos de total confianza, entonces ¡Bienvenido a la burbuja! Wellcome!

Yo no cuido mis neuronas, menos que mis dientes. Por eso no leo cualquier periódico, ni hago caso a cualquier pensador, ni me creo lo primero que me cuentan, ni les creo a los políticos, ni bebo cualquier cosa, ni entro en espectáculos de dudosa moralidad, ni le meto en mi casa al primero que me cruzo por la calle. Eso no es elitismo, ni discriminar, ni exclusivismo, ni segregación. Es, sencillamente, sentido común y evitar peligros.

Sencillamente, se trata de buscar lo más bueno, para después procurar compartirlo. Pero para eso no hace falta ir a recibir clases de castidad en la calle Montera, ni lecciones de honradez en la cárcel de Soto del Real, ni cursos de honestidad en los partidos políticos.

Creo, simplemente, que cada uno debe crear su burbuja: limpia, sana, segura… Crear MUCHAS burbujas, habitables, sin corrupción, de fiar. Y si alguien opta por formarse “donde haya de todo”, pues ánimo y que Dios le proteja. Yo, prefiero ir a lo seguro.

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