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Latinoamérica está dejando de ser católica
Manuel Guerra

Latinoamérica está dejando de ser católica

D. Manuel Guerra
12 enero, 2018

La “Iglesia Cristiana Evangélica de Burgos”, inaugurada en el año 1999 en el domicilio del pastor, desde el 2015 tiene su local (c/ Caja de Ahorros Municipal, 9) casi junto a mi vivienda. Su pastor, el suizo Guido Schulthess, persona muy amable, dotada de dinamismo misionero, me dice que cuenta con treinta y dos feligreses, aunque ha bautizado a unos cien; de ellos bastantes emigrantes latinoamericanos como su ayudante, el ecuatoriano Roddy Pérez. Hace unos días antes me invitó a un vino español y tapas tras un concierto Góspel en su local de reuniones. Se lo agradecí y siento no haber podido asistir. Si lo hubiera hecho, no sé qué habría experimentado si alguien, pasado un tiempo, me hubiera dicho: participé en ese acto porque vi que lo hacía un sacerdote católico; fue el primer paso hacia mi ingreso en ´la iglesia evangélica. Conozco algún caso. Una pregunta: ¿Es indiferente ser católico o protestante evangélico? Evidentemente no.

  1. ALGUNAS OBSERVACIONES PRELIMINARES

1.1. El tábano socrático y el corcel  latinoamericano  adormilado

Un amigo sacerdote me ha sugerido que, desde la perspectiva católica, el título suena destemplado; no sería el apropiado. En cambio, miembros del laicado me aconsejan conservarlo, no sustituirlo por otro menos deprimente y más indiferente, por ejemplo: “Los católicos y los evangélicos en Latinoamérica”. Más aún, una de las persona laicas, católica comprometida, me ha recordado una de las definiciones que, no sin ironía, Sócrates hizo de sí mismo y de su misión cuando se comparaba con un tábano encargado de picar al adormilado corcel ateniense de su tiempo. Lo hacía consciente de que, en un momento de descuido, un coletazo del corcel haría caer al tábano con zumbido agónico.

Ojalá esta bitácora (artículo digital) logre aguijonear a sus lectores si se hallan en estado un tanto adormilado como ha estado el corcel del catolicismo latinoamericano hasta hace pocas décadas por el clima calmoso de cristiandad que identificaba su sentido religioso con lo católico cuando la Iglesia católica tenía el monopolio de la religiosidad en América Latina o al menos un influjo hegemónico con las escasas y casi desconocidas excepciones de religiosidad indígena de origen prehispánico.

1.2. ¿América Latina, Latinoamérica. latinoamericano?

“La soberanía, el derecho y la norma del lenguaje dependen del uso”, sentenció Horacio (Ars poetica 72). Por eso empleo los términos “Latinoamérica, latinoamericano, América Latina“, aunque su nacimiento haya sido ilegítimo e intruso. Pero lo ha legitimado su uso ya generalizado, especialmente en el lenguaje eclesiástico, pues figura en el CELAM (Conferencia Episcopal Latino-Americana). Más aún, por su uso está recogido en el registro oficial de las palabras españolas, en el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia Española (Espasa, Madrid 200122).

Habría sido más correcto el uso de Hispanoamérica, Iberoamérica, términos originariamente sinónimos, pues proceden de Hispania y de Iberia, designaciones de la misma realidad (la actual España y Portugal) si bien el primero es de origen latino, griego el segundo. Este trabajo, como en general en todos los restantes, se refiere a los países y gentes de lengua española y portuguesa (Brasil) en América, incluidos los hispanos de Estados Unidos.

1.3. ¿En qué se diferencia una “iglesia” (la católica, las ortodoxas) de una “comunidad eclesial” (protestante, anglicana)?

Seguramente más de un lector se está preguntando en qué se diferencian “comunidades eclesiales” e “iglesias” y por qué catalogo como iglesia a la “Iglesia católica” y a los catorce patriarcados “ortodoxos”; en cambio, llamo “comunidades eclesiales”, no iglesias, a la anglicana y a las protestantes.

Vulgarmente se llaman “iglesia” tanto la Iglesia católica y las ortodoxas autocéfalas, que se separaron definitivamente a mediados del siglo XI (año 1054), como las protestantes (desde el año 1517, este 2017 es su quinto centenario) y las anglicanas con sus innumerables divisiones y subdivisiones. Más aún, el nombre  de al menos 171 sectas empieza por “iglesia” en singular o en plural: “iglesias”.

Pero una cosa es el uso vulgar de una palabra y otra su acepción teológica, técnica. La fórmula “iglesias-comunidades eclesiales” figura seis veces en los documentos del Concilio Vaticano II. La Congregación para la Doctrina de la Fe elaboró, en el año 2000, dos documentos definitivos en esta materia, a saber, la Nota de la Congregación para la Doctrina de la Fe sobre la expresión “Iglesias Hermanas” y la importante declaración Dominus Iesus (6, agosto, 2000). Ambas fueron aprobadas y mandadas publicar por san Juan Pablo II Magno. La Nota fue enviada a los presidentes de las Conferencias episcopales de todo el mundo; la Dominus Iesus a obispos, teólogos y a los fieles católicos.

En la Dominus Iesus se afirma que la Iglesia de Cristo subsiste en la Iglesia católica, y que las Iglesias que tienen sucesión apostólica y una Eucaristía válida son auténticas Iglesias particulares. “Por otro lado, las comunidades eclesiales que no han preservado el episcopado válido y la sustancia genuina e integral del misterio eucarístico, no son Iglesias en sentido propio”.

  1. LAS NUMEROSAS “DENOMINACIONES” PROTESTANTES

En su significado genérico, “denominación” es el nombre, título o sobrenombre con que se distinguen las personas y las cosas. Como tecnicismo, designa las agrupaciones de comuniones eclesiales, generalmente protestantes, que, aunque con distintas formas institucionales, tienen un “aire” (rasgos) común de familia. He aquí las principales en lo referente a este trabajo.

  1. El llamado “protestantismo histórico”

En general, protestantismo designa el movimiento religioso puesto en marcha por el religioso agustino Martín Lutero a partir del año 1517. El nombre proviene de la “protesta” de los representantes de los príncipes alemanes contra las conclusiones de la Dieta de Espira (año 1529). En ellas se declaraba prófugo y hereje a Lutero. Además, se pretendía anular el principio cuius regio eius religio, que, en 1526, establecía que “la religión” de cada alemán fuera la de “su región”, o sea, que el príncipe podía extender a sus súbditos los cultos luteranos o conservar la religión tradicional católica.

Al protestantismo histórico pertenecen las comunidades eclesiales originarias o primeras en el tiempo (siglo XVI), a saber, las luteranas; también las “reformadas”, es decir, las calvinistas en Ginebra y en los Países Bajos, etc., y sus derivadas inmediatas (siglo XVII): anabaptistas, el pietismo alemán; el anglicanismo (siglo XVI) y su reforma: el metodismo en el siglo XVIII, etc.

Son las llamadas también “iglesias históricas” e “iglesias de trasplante” en cuanto habían sido trasplantadas por distintos grupos de emigrantes europeos, a veces también por destacamentos militares, especialmente ingleses y franceses. Son grupos sin importancia numérica, pues su proselitismo era nulo o muy bajo. Sus pastores se dedicaban a atender las necesidades de los mismos emigrantes y de sus descendientes.

  1. Los evangélicos, un movimiento transversal”

Se dice “transversal” porque atraviesa todas las denominaciones protestantes. Es un movimiento de renovación constante, cuyo desenlace suele ser una nueva escisión o cisma e iglesia. Hay “iglesias evangélico-luteranas, evangélico-reformada, anglicana, etc. En Latinoamérica se llaman “protestantes” estas comunidades eclesiales, implantadas allí a partir de mediados del siglo XIX, o sea, desde la independencia de los distintos países o poco antes.

CELA I recomienda el uso de “evangélico” porque “el Evangelio es lo que nos une y nos distingue en el ambiente latinoamericano y está consagrado por un largo y honroso empleo”. Además, recomienda que “a nuestra obra, en América Latina, se le designe como el `cristianismo evangélico´” y que “al referirse a las iglesias en particular se anteponga el adjetivo `evangélico´ al nombre denominacional respectivo”. En CLA II (Lima 1961) sugiere que “·se anteponga IGLESIA EVANGÉLICA”.  Evidentemente hay también iglesias denominadas “evangélicas” sin más y sus miembros, “evangélicos”.

2.1. ¿Evangélicos o evangelicales?

El significado originario y básico de “evangélico” designa lo relacionado con el “Evangelio”, o sea, con el mensaje y la persona misma de Jesucristo, conocidos por medio de los Evangelios. Ya Martín  Lutero usaba “evangelische Kirche” (“Iglesia evangélica”) para distinguir a los protestantes de los católicos, de la “Iglesia católica”. De modo derivado designa un gran número de grupos (más de 5.000) cristianos protestantes, diferenciados del protestantismo histórico (luteranismo, calvinismo, etc.,), caracterizados, entre otros rasgos, por el retorno a los “Evangelios” y a su mensaje, interpretado literalísimamente.

Para evitar la ambigüedad semántica de evangélico” y “evangelismo”, se están introduciendo, aunque muy lentamente, las designaciones “evangelical” y “evangelicalismo”. La palabra “evangelical” era usada en inglés ya en el siglo XVIII y se adapta a la idiosincrasia del español (“angelical, espiritual, material, etc.,). Pero “el uso, dueño del lenguaje” augura corto porvenir a esta distinción, aunque sea razonable. Pérez Guadalupe llama “evangelicales” no a todos los protestantes evangélicos de Latinoamérica, sino a los de su matriz norteamericana.

2.2. Algunos rasgos de los evangélicos

“El movimiento evangélico es como un río en el cual han confluido varias corrientes, cada una de las cuales aporta a la fisonomía propia de esta realidad. Ser evangélico es una forma especial de ser protestante” (Samuel Escobar, pastor bautista). El evangélico es el rostro más conocido y más difundido del protestantismo desde el siglo XIX. Según el pastor metodista José Míguez Bonino, lo es ahora y lo será en el porvenir: “El futuro del protestantismo latinoamericano será evangélico o no será” (o. c. 1995, p. 51). Pérez Guadalupe lo aplica al porvenir político: “el futuro político del movimiento evangélico latinoamericano será neopentecostal o no será” (o. c. 2017, p. 195).

2.2.1. “Allein-sola”, la raíz doctrinal del cisma protestante y de sus errores

Desde el punto de vista doctrinal la raíz del “cisma”, “escisión” o separación y herejía del protestantismo respecto de la Iglesia católica enraíza en la traducción torcida de una palabra. Lutero condensa el ideal y los criterios de la traducción perfecta en una palabra “verdeutchen”, que, según él,  no significa solo, “traducir al alemán”, sino “germanizar”, es decir, traducir desde los idiomas originales con exactitud y en sintonía con el alemán hablado por el hombre de la calle. Por  eso “no hay que preguntar a las sílabas de la lengua latina cómo se debe traducir (práctica de los católicos, según Lutero). Hay que preguntar a la madre de familia en su casa, a los niños en la calle, al hombre ordinario en la plaza, mirarles a la cara (traducción literal: “a la boca”) para ver cómo hablan y, según eso, traducir”. De esta manera justifica la introducción de palabras inexistentes en el texto original, palabras explicativas o complementarias según Lutero; pero que de hecho alteran, a veces substancialmente, las ideas del “hagiógrafo”, “autor sagrado”, inspirado.

El mismo texto inspirado nos ofrece un ejemplo inequívoco y central para su doctrina. “Me preguntáis por qué he traducido (verdeutsch) las palabras de san Pablo arbitramur hominem iustificari ex fide absque operibus por wir halten, dass der Mensch gerechtwerde ohne des Gesetzes Werken ALLEIN durch den Glauben”. Esta traducción sería correcta si no hubiera añadido una palabra: allein = “solamente, solo”. No es lo mismo afirmar: “nos justificamos por la fe” que “solo (exclusivamente) por la fe”

A continuación reconoce que, según los católicos, “esta añadidura del vocablo sola (adjetivo latino correspondiente al adverbio alemán allein) a la palabra de Dios es intolerable”. Como respuesta y justificación se limita a recordar la necesidad de “germanizar” el latín, así como las palabras del poeta latino Juvenal (siglo I-II d. C.): Sic uolo, sic iubeo, sit pro ratione uoluntas, con las cuales Lutero erige su “voluntad” en “razón”, justificación y norma suprema de traducción.

Queda así formulada la sola fide (sin las obras), que extiende a la sola Scriptura (sin la sagrada Tradición), sola gratia (sin el esfuerzo ni la ascesis humana) y solus Christus (sin la Virgen María,. ni los santos). He aquí la dogmática y el catecismo básicos del protestantismo, profesado por todos los protestantes, tanto los históricos, como los evangélicos, los pentecostales, los neopentecostales, carismáticos e independientes. Baste este enunciado de la nervadura de la fe y creencias protestantes que resaltan con las católicas en un contraste evidente, aunque implícito.

El proceso de subjetivación del sentido religioso cristiano, iniciado por Lutero, fue acelerándose en el devenir histórico del protestantismo con una repercusión cada vez mayor del sentimiento en la fe, aunque esta sea asentimiento, no necesariamente sentimiento. Protestantes históricos, evangélicos, pentecostales, neopentecostales, carismáticos e independientes son como el título, que podría figurar en cada peldaño de la escala de ascenso a la cima del predominio de la fiducia y del sentimiento o del ingrediente emocional en la fe y religiosidad protestante. Este proceso ha estad entreverado a veces con periodos de fría interpretación racionalista y liberal.

Puede leer la bitácora completa aquí

D. Manuel Guerra


2 COMMENTS ON THIS POST To “Latinoamérica está dejando de ser católica”

  1. natanael dice:

    Alguien me puede decir dónde ha ido el comentario que ha aparecido publicado hace unos minutos.

  2. natanael dice:

    Excelente y docto artículo. Con respecto a la traducción de la Biblia pretendida por Lutero, “germanizante”, estamos asistiendo cada vez más a esa idea de traducir, no el texto, sino el sentido para el pueblo. Pero así se va deformando lo que dice la Escritura, dejando además la traducción muchas veces a personas que no son expertos en lengua Española y que traducen a su aire. Algo de eso ha pasado con los textos litúrgicos bíblicos que se leen en Misa. Sin embargo -y aparte la manipulación según “ideologías” religiosas del momento- se priva al pueblo de dos cosas, ciencia y respetuosidad. Ciencia porque era bueno que el sacerdote (¿mejor formado antaño?) explicara a veces el texto aunque, claro , tenía que preparar más los sermones. Respetuosidad a los textos originales en todo lo posible, porque es lo que se hace con cualquier escrito de los clásicos ¿o acaso se traduce a Aristóteles, a Homero o a Cicerón según el parecer de cada uno?, porque una cosa es adecuar lenguajes y otra cambiarlos. No se sabe si estamos asistiendo a una protestantización de las traducciones , pero parece que sí, según el parecer y la ocasión.