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LA GNOSIS Y SUS REBROTES EN NUESTROS DÍAS

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Una vieja leyenda de origen e impronta hindú cuenta que hubo un tiempo en el que los hombres eran dioses. Pero abusaron tanto de sus poderes sobrehumanos que osaron enfrentarse a la divinidad. Enojado Brâhman, lo Uno-Todo y señor de los dioses, se los arrebató para esconderlos donde no pudieran encontrarlos. Preguntó a los dioses que le dijeran un lugar que los hombres fueran incapaces de descubrir. Le contestaron: ”En la entrañas de la Tierra”. Brâhman replicó: “No. El hombre entrará en todas las cuevas y simas, excavará la Tierra y terminará por encontrarlos”.  Los dioses marinos le indicaron: “En el fondo de los océanos”. “No basta, respondió Brâhman. Antes o después el hombre explorará las profundidades marinas y, un día, los hallara, los sacará a la superficie y abusará de su poderío”. Por fin, Brâhman decidió: “Conozco un lugar donde el hombre no los encontrará. Los voy a esconder en el hombre mismo, en lo más profundo de sí mismo. Es el único lugar donde no se le ocurrirá buscarlos”.

La leyenda concluye: el hombre ha perforado las entrañas de la tierra, ha buceado las profundidades marinas e incansable -cual Prometeo- no cesa de explorarlo todo, pero rara vez se le ocurre entrar dentro de sí mismo. Y, cuando lo hace, se encuentra solo consigo mismo, que no es sino vacío, y se idolatra a sí mismo o algo suyo (Poder, Placer, etc.). Se cae así en el egocentrismo autocéntrico, en la idolatría del “Sí mismo”. Una vasija rota ya no es una vasija, sino sus fragmentos. Perdida la unidad ético-religiosa y cultural, queda su fragmentación, tantos fragmentos como “egos” o “yo mismos” imantados no todos hacia Dios (teocentrismo, cristocentrismo), sino cada uno en torno a sí mismo. Es lo que ha pretendido la gnosis de todos los tiempos y lo que ha realizado en sus periodos de esplendor, el s. II  d. C. y nuestros días.

 ¿Por qué los “intelectuales” hispanos se desentienden de la gnosis?

Hace ya casi una década,  en un estudio sobre “el gnosticismo antiguo y moderno”, alertaba sobre “el despertar” y el “retorno” del gnosticismo y de la gnosis. Para captar la actualidad de la gnosis basta leer los artículos y libros de Carl Gustav Jung, Joan Petru Culianu, Hans Jonas, Jakob Taubes, Giovanni Filoramo, Eric Vögelin, Hans Blumenberg, Peter Koslowski, Étienne Couvert, Claude Labrecque, Gian Carlo Benelli, A. del Noce, etc. Pues no elaboran sus estudios con intenciones simplemente “arqueológicas” ni de mera erudición. Descubren huellas gnósticas en casi todas las secciones del pensamiento y vida modernos (filosofía, teología, política, poesía, novela, etc.). Pero suelen hacerlo no sin cierto reducionismo. Pues usan, como señal de identidad gnóstica, no las notas definitorias de la gnosis ni, menos aún, la compleja estructura del gnosticismo, sino uno o dos rasgos, por ejemplo: el dualismo.

Entonces preguntaba extrañado: “¿Por qué no se da un fenómeno similar en las revistas y libros en español?”, si bien subrayaba la excepción confirmatoria de la regla general. Algunas figuras de indiscutible mérito respecto al gnosticismo antiguo han puesto sus fuentes al alcance de los hispanohablantes. Pero seguimos careciendo de perspectivas y de profundizaciones no tanto respecto del gnosticismo cuanto de la caudalosa corriente subterránea de la gnosis que de mil formas aflora a la superficie. Como sigue siendo esotérica, no siempre resulta fácil acotar su variable identidad proteica. No obstante, está ya hecho el muestrario de sus sectas con sus ramificaciones e innumerables escisiones, unas 50 en los países de lengua española. Ahora no voy a insistir en esta sección ni, menos aún, en las personalidades, también políticas, algunas de primerísima línea e influjo, que configuran la red gnóstica, incluido uno de sus nudos, el del neocatarismo. Prefiero describir los rasgos prototípicos de la gnosis, a saber, la gnóstica, y las principales variantes de su paradigma que permiten conjugar las formas quizás más condicionantes e influyentes del entorno socio-cultural de nuestros días.

  1. LA GNOSIS GNÓSTICA O DE LOS GNÓSTICOS DE LA ANTIGÜEDAD Y DE NUESTROS DÍAS

1 GNOSTICISMO, GNOSIS, GNÍSTICO

1.1. ¿Si todo es gnosis, nada es gnosis?

No han faltado los que (el rumano J. P. Culianu), no sin cierto humor, zahieren el daltonismo de los que no ven sino el color gnóstico en todo y en todos. Al leer los libros citados y otros de fuste menor, a veces se tienen la impresión de que todo era y es gnóstico. La gnosis antigua es ciertamente gnóstica. Pero serían gnósticos también los escritos cristianos de los primeros siglos (el Nuevo Testamento, etc.), el neoplatonismo, la Reforma, el comunismo, el nazismo, el liberalismo, el existencialismo, el nihilismo, el psicoanálisis, la biología moderna. Gnósticos serían Blake, Yeates, Kafka, Camus, Leopardi, Proust, Joyce, Hesse y Thomas Mann. En autorizados intérpretes de la gnosis se lee que, además, son gnósticos la ciencia y la superstición, el poder y el contrapoder, izquierda y derecha, Joaquin Fiore, Kant, Hegel, Marx, Freud, Jung y Monod. Cualquier realidad y su opuesta serían gnósticas o al menos eco de la sempiterna gnosis. Según Vögelin y Taubes la gnosis es una levadura histórica que está fermentando al mundo occidental y configurando el rostro del hombre occidental u occidentalizado. Pero la visión positiva de Taubes sobre su influjo acelerador del proceso y desarrollo histórico se vuelve negativa en Vögelin, deformadora de su belleza connatural.

Por eso, tal vez no le falten razones a Michaele Allen Williams para escoger: Rethirking “Gnosticism” (“Repensar el gnosticismo”). An Argument for dismanling  a dubious Cathegory (University Press, Princeton 1996) como título de su interpretación del gnosticismo, apto para “mostrar la inutilidad de una categoría o noción ambigua” como supuestamente sería el gnosticismo. Desde esta perspectiva no extraña la pregunta: “¿Valentín gnóstico? de Christoph Markschies, aunque todos los manuales de Patrología catalogan a Valentín (s. II) como el principal o, al menos, uno de los más destacados protagonistas del gnosticismo de origen e impronta cristianos, que pretendían ser “más perfectos que los `perfectos´, más gnósticos que los `gnósticos’”. En su monografía titulada así: Valentinus Gnosticus? le considera no un gnóstico, sino un pensador cristiano de tendencia platónica que practicó la exégesis “filosófica” de la Biblia por influjo del alegorismo vigente en la Alejandría de su tiempo. Tampoco sorprende que se discuta y a veces se niegue la condición gnóstica de autores tradicional y generalmente catalogados como tales. Ciertamente la gnosis es un conocimiento “peculiar”. Pero, si todo es gnosis, la peculiaridad se universaliza y esfuma. Luego ya nada sería gnosis.

1.2. La importancia de las palabras y de su precisión semántica

De ahí la oportunidad y hasta necesidad de perfilar los rasgos definitorios tanto de los de los términos básicos “gnosticismo, gnosis y gnóstico” como de otros usados por la gnosis en sus diversas modalidades: “Cristo, Jesús, Dios, salvación, revelación, iluminación, astral, etc.”. Su significante es el mismo en los textos de la gnosis del gnosticismo, de New Age, etc., que en los cristianos, pero su significado totalmente  diferente. Sócrates inmediatamente antes de beber la cicuta y de morir, advierte a sus discípulos: “No hablar con propiedad daña al lenguaje y, además, al alma”. Cuando, hace casi cuatro décadas, traduje esta frase del Fedón platónico (115c) en las aulas helmánticas de Filología Clásica, me sorprendió tanto por su contenido cuanto por el momento en el que fue pronunciada y por ser como la firma del testamento del gran Sócrates. No obstante, cuesta poco darle la razón ahora tras el zumbido del enjambre de las ciencias del lenguaje y de su manipulación en el ámbito de “lo políticamente correcto”.

1.3. El “gnosticismo”

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El término “gnosticismo” apareció en época tardía. Al parecer lo usó por vez primera en el año 1669 Henry More en la polémica protestante con y contra el catolicismo, al cual califica como “a apice of the old abhorred Gnosticism”. En el s. XVII y ahora designa un sistema filosófico-religioso de la Antigüedad. Sus elementos estructurales pueden reducirse a los siguientes: la gnosis como autoconocimiento salvífico; la creencia en un Dios transcendente, ajeno a lo material; el Pleroma (= “plenitud”, gr.) o ámbito divino (los eones emparejados, etc.) procede por emanación; la distinción entre el Dios Sumo y el Dios Inferior, creador del mundo (Demiurgo, el Dios del AT.); la presencia de una “chispa/luz” pleromática o divina en el hombre, la cual, caída, sepultada en el cuerpo y despertada mediante una iluminación, retorna a su lugar originario tras un viaje astral después de la muerte. El gnosticismo, aparecido en el siglo I d. C. (Simón Mago), floreció en los siglos II-III d. C. y fue extinguiéndose en los dos siglos siguientes. Pero ha rebrotado posteriormente, por ejemplo: los bogomilas y los cátaros o albigenses medievales, los grupos gnósticos y neocátaros de nuestros días, etc.

El gnosticismo ha sido catalogado tradicionalmente como dualista. Pero este tópico, como tantos otros, no refleja la realidad. Pues la conceptualización de lo divino en el gnosticismo no es dualista, o sea, no cree en dos Principios óntica y cronológicamente iguales, preexistentes a todo, aunque de naturaleza contrapuesta: el Principio de Bien y el del Mal, el Espíritu y la Materia, la Luz y las Tinieblas. Si hay dualismo no es originario ni en el Pleroma, sino solo secundario (A. Orbe), “de tejas abajo” (Antonio Piñero/José Monserrat), o sea, fuera de lo divino, en el ámbito “kenomático” = “vacío” de lo material, tanto en el universo como en el hombre mismo por su cuerpo. Su dualismo puede calificarse de “demiúrgico”, pues parece solo al iniciarse la creación del mundo y de lo material por el Demiurgo, deidad inferior y no buena.

1.4. “Gnóstico”

Aunque testimoniado ya en el s. V a.C. (Anaxágoras), es un término no frecuente en griego. Figura menos de 1.500 veces en los textos literarios no gnósticos. En virtud de su mismo sufijo: griego – iko  puede designar todo (doctrina, rito, personas) perteneciente o relacionado con el significado de su primer elemento componente. De hecho “gnóstico” es “el conocedor”, “el iniciado”, “el perfecto”, pertenezca o no a alguno de los grupos del gnosticismo antiguo y actual. El cristiano “gnóstico” es el santo. En los primeros siglos cristianos era un apelativo que distinguía con una aureola honorífica al gnóstico del que no se llama así o no lo es, el sumido en la “ignorancia (ágnoia, agnosía). Esta distinción honorífica suele ser irónica y, por lo mismo, denigratoria cuando los autores cristianos hablan de los afectados por los errores gnósticos. “Los mal llamados Gnósticos”, a pesar de ser “multitud, brotados como las setas”, se llaman a sí mismos “elegidos, espirituales/ pneumáticos, los hijos del Padre, aquellos sobre los cuales ha descendido el Espíritu, etc.”, muy pocas veces “gnósticos”. Los gnósticos tal vez se hayan llamado “Prisciliano (s. IV), priscilianistas” en el extremo occidental del Imperio romano, en Hispania.

1.5. La “gnosis”

La palabra “gnosis” es una transliteración de la griega gnôsis, que figura por vez primera en Anaxágoras (1ª mitad, s. V a. C.) y más de 11.000 veces en los textos griegos. El abanico de sus valores semánticos se abre desde el originario “conocimiento” hasta el actual de “gnosticismo”, sin olvidar el de gnosticismo en cuanto talante en nuestros días, llamado por algunos escritores “pseudo-gnosis, neognosis”. Piénsese, por ejemplo, en la comunidad y reuniones de “Eranos”  con sede en Monte Verità, que han influido en no pocos de los actuales maestros y portavoces de NE e impulsaron la formación de las escuelas de Esalen y Findhorn.  Piénsese también en la Gnosis de Princeton, nombre impuesto por sus opositores en 1969. Este grupo, formado en 1965, está integrado por científicos (astrofísicos, biólogos, médicos, cosmólogos, etc.), originariamente de las universidades de Princeton y Pasadena (EE.UU.). Por reacción contra el materialismo y agnosticismo occidental sostienen una gnosis o peculiar conocimiento y sistema científico-religioso, algo tan nueverano como la presencia de conciencia en todos los seres y cosas (Tierra, astros, etc.), así como la existencia de Dios y del alma espiritual e inmortal como postulados científicos, o sea, demostrables por las ciencias positivas. Convierte la ciencia en metafísica y en religión.

Según la propuesta A) del Coloquio de Mesina “gnosis” puede y debe aplicarse a todo “conocimiento de los misterios divinos reservados a una elite”. Aunque todo gnosticismo sea gnosis y gnóstico, no toda gnosis es gnóstica ni gnosticismo. Así lo muestra su tipología o clases de gnosis, diseñada a continuación, que al mismo tempo permite captar sus matices semánticos.

Puede leer la bitácora completa aquí

3 comentarios en “LA GNOSIS Y SUS REBROTES EN NUESTROS DÍAS
  1. Buenos días.

    Estoy muy interesado en leer este artículo suyo “El satanismo y el luciferismo dos formas de religiosidad alternativa y mágica en nuestro tiempo”. ¿Hay alguna manera de acceder a èl online?

    Un saludo

  2. Padre. Ud sabe teoria e historia dd gnosis. Ud no sabe nada de Doctrina Gnostica. La doctrina Gnostica acerca a Dios demasiado como para que los religioso puedan soportarlo. Debe ser la relacion de Dios como los protestantes quieren? Debe ser como los catolicos quieren.? Los unos quieren que creamos que confesando que Jesucristo es nuestro señor y salvador (asi sigamos siendo viles) es suficiente… y ustedes que yendo a misa y tomando la eucaristia y teniendo poses misticas vamos a llegar a Dios. Donde queda «De mil que me buscan, uno me encuentra; de mil que me encuentran, uno me sigue; de mil que me siguen, uno es mío». Donde?. Claro que la vasija sd destruyo y eso es una doctrina antiquisima. La gnosis es interna, solo la comprueban los que la viven, no los que la teorizan. Los grandes relugiosos de todas las religiones han sido Gnosticos. SAN AGUSTIN, SAN FRANCISCO, DALAI LAMA, JESUS, BUDA.Ustedes abran podido acabar y podran acabar con las formas religiosas pero nunca con la Gnosis, porque ella es el anhelo profundo del hombre por llegar a la verdad.

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