Infovaticana
Manuel Guerra

El resentimiento islámico

D. Manuel Guerra
14 Septiembre, 2016

Inicialmente este trabajo se titulaba “El resentimiento yihadista”. Pero el yihadismo es lo islámico llevado al “paroxismo”, palabra definida en el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia Española (en su 22ª edición, año 2001) como “exaltación extrema de los afectos y pasiones”, también “exacerbación de una enfermedad”.

Las citas coránicas están tomadas de El Corán, traducción, introducción y notas de Juan Vernet (Planeta, Barcelona 19733). Como bibliografía, cf. M. Guerra, Historia de las Religiones (B.A.C., Madrid 20104, pp.277-304) y la enunciada en sus pp. 275-276. Suele alabarse la musicalidad, etc., de la lectura del Corán en su lengua original, pero resulta árida y difícil en su traducción, sobre todo si es excesivamente literal, por ejemplo la de R. Cansinos-Assens (Aguilar, Madrid 1973).

  1. En torno al resentimiento

¿Quién no ha padecido las consecuencias de una muñeca resentida? ¿Quién no ha sufrido y hasta ha pedido perdón a Dios por su resentimiento, por la animadversión demasiado sentida respecto de alguien o de algo (acontecimiento, situación, etc.,)? El resentimiento afecta o puede afectar tanto a los individuos como a grupos o colectividades (familias, naciones, etc.,).

1.1. ¿Pero, qué es el resentimiento?

Etimológicamente el término “resentimiento”  es un compuesto evidente del substantivo “sentimiento” y del prefijo “re-“, que puede tener valor intensivo (“bueno-rebueno”), iterativo (“pedir-repetir” lo pedido otra vez en la comida, “reconstrucción”) y reactivo (“reacción”). A poco que se reflexione se caerá en la cuenta de la presencia de estos tres valore semántico en el prefijo re-” en la palabra “resentimiento” o se dice de alguien (individuo, grupo) que es o está “resentido”. Realmente una persona, mucho más si es un personaje, dominado por el resentimiento, es peligroso en la medida de su ambición, de su envidia y rencor, de su poder y de su orgullo herido.

El aquejado de resentimiento se parece al ave con uno o más perdigones en las alas. Dolida y resentida, por mucho que se empeñe, jamás conseguirá volar hacia las alturas con la soltura anterior. La inercia del resentimiento con el peso acumulado de rencor, frustración, envidia, complejo de inferioridad, orgullo herido y hasta de odio más o menos diluido debilita y abate al resentido (individuo, pueblo), provocando a veces sacudidas bruscas y descontroladas, especialmente en los más sensibles y manipulables. Desde el relato genesiaco del pecado original la forma instintiva, más superficial y cómoda de reaccionar contra los real o supuestamente responsables consiste en disculparse culpando a los demás.

1.2. ¿Un modelo de resentimiento: el emperador Tiberio?

Así lo piensa y lo dice el médico escritor Gregorio Marañón  en una de sus sugerentes biografías: Tiberio. Historia de un resentimiento (Espasa, Madrid 1939), quien sentencia: “El resentido siempre será un fracasado -fracasado en relación con su ambición-“, (cf, pp. 24-37). Tiberio, sucede a su padrastro Octavio Augusto y será emperador desde finales de agosto (mes llamado así en honor del Augusto muerto el día 19 dedicho mes) del año 14 hasta el 37 de la era cristiana. Tiberio fue un personaje de excelente inteligencia, pero de mal carácter. Orgulloso, reconcentrado, cada vez más desconfiado, suspicaz. rencoroso y despiadado. Su gobierno degeneró n un régimen de terror y de sangre derramada. Claro que algo han contribuido los rasgos de su biografía, trazados por un hábil y conciso historiador psicólogo, Tácito, sin olvidar el verse ridiculizado por las burlas incluso de sus legionarios que, a partir de su afición a la bebida, transformaron su nombre completo: Tiberius Claudius Nero en Biberius (de bibere = “bebedor”), Caldius (“caldo, más caliente”, alusivo también a “ponerse caliente”) y Mero (vino puro, sin mezcla de agua, que solo bebían los borrachos) (Suetonio, Tiber 9s.,), anécdota ocurrida probablemente cuando acompañó a Octavio Augusto en la guerra contra los cántabros (en la actual Cantabria más la zona norteña de las provincias de Burgos y Palencia).

  1. La raíz del resentimiento islámico

Mahoma (Muhammad en árabe, “el Alabado” en su traducción), nacido en La Meca  hacia el 570 d. C., huérfano de su padre ya antes de nacer y de madre desde los seis años de edad. fue recogido por su abuelo y, tras la pronta muerte de este, por un tío materno. A los 20 años de edad se pone al servicio de Jadicha una viuda, rica y 15 años mayor que él. Cinco años más tarde se casa con ella. Al frente de las caravanas de su patrona y luego esposa viaja hasta Siria. Conoció así el judaísmo y el cristianismo, si bien este generalmente por el trato con monjes herejes, huidos fuera de las fronteras del Imperio bizantino, no el cristianismo ortodoxo o de la Iglesia católica.

Ya nadie llama impostor a Mahoma, como acaecía en siglos pasados. Fue un caudillo político y religioso de indiscutible personalidad. Tuvo sus defectos, que él mismo admitió; se reconoció pecador. Hasta la muerte de su primera esposa, Jadicha, fue monógamo; después, legalizó la poligamia. Incluso tuvo más esposas (hasta doce) que las que permitió a sus seguidores. Para estos es su modelo (“en el Enviado tenéis un modelo perfecto” Corán, 33,21), también su intercesor ante Alah, ciertamente más eficaz que los “santones”, pero jamás “Dios”. Su divinización iría contra su dogma básico: el monoteísmo estricto y transformaría el “islamismo” en “mahometismo”. A los musulmanes les disgusta que los llamen “mahometanos” y “mahometismo” a la “religión fundada por Mahoma”, como hace el Diccionario de la Lengua Española (Real Academia Española), pues, según la fe islámica, el islam fue fundado por Alah, no por Mahoma.

2.1. Su resentimiento contra las tribus idólatras de Arabia

En torno a sus 40 años de edad, Mahoma experimenta una crisis religiosa. Sintió el hastío de la vida comercial, la atracción de la vida de los monjes cristianos de vida eremítica en cuevas del trayecto casi desértico entre Arabia-Damasco y especialmente el temor del juicio divino, del que le había hablado uno de los monjes cristianos. Se retira a una cueva de las cercanías rocosas de La Meca. Allí tuvo visiones, revelaciones   auditivas y sobre todo vio escrita en el frontal del trono de Alah la Madre del Libro, es decir, parte del Antiguo Testamento, del Nuevo (varias escenas evangélicas) y el Corán. Se lo dictó el arcángel Gabriel. Es lo que compone el Corán actual.

Al principio aceptan su mensaje y misión su esposa, algunos familiares y amigos, así como gente sencilla y esclavos. Las tribus arábigas eran todas politeístas, menos la de los hanifes, cuyo concepto de la divinidad no era el monoteísmo estricto, como suele afirmarse, sino la monolatría (un solo Dios para cada tribu o pueblo). Abrahán habría sido hanif y su fundador. Incluso los de su tribu y clan rechazan lo esencial del mensaje de Mahoma: “No hay más Alah (Dios) de Alah” y consecuentemente que Mahoma sea su profeta o portavoz. Los directivos de su mismo clan le privan de sus derechos tribales, dejándole a la intemperie, sin la única protección que un árabe podía tener entonces.

Como la hostilidad crecía, sus 150 fieles recorren en pequeños grupos la distancia (unos 260 km) entre La Meca y Yatrib, llamada desde entonces “Madinat (> Medina = “ciudad”) del Profeta”. Esta hégira (= “emigración”) en el año 622 d. C. señala el comienzo de la era islámica. El último en llegar fue Mahoma. En los diez años siguientes se sucedieron escaramuzas entre los musulmanes de Medina y los idólatras de La Meca, entre otros motivos porque los seguidores de Mahoma eran de la clase social baja, pobres, y necesitaban asaltar las caravanas a fin de vivir del botín. Mahoma, entre el 622 (hégira) y 632 (su muerte), realizó unos sesenta razias (del árabe rashuá) o incursiones contra las caravanas. Son las descritas en “El Libro de los saqueos”, escrito por al-Waqidi en torno al año 750. Hacían las razias por varios motivos; principalmente por el “saqueo” (es significativo que esta palabra se derive del árabe) o el botín (dividido en cinco partes; Mahoma, sus allegados, etc., tenían derecho a  una quinta parte, al 20%; Corán 8,42/41); también para la conversión de los idólatras mecanos y de los beduinos. El Corán le dedica una azora o capítulo, el VIII, titulado precisamente El botin.

Los triunfos logrados les infundieron una gran confianza en Alah, en sí mismos y en su suerte, por ejemplo, cuando unos 300 con Mahoma bajaron a los pozos de Badr donde imprevistamente les esperaban mil mecanos (de La Meca), a los que derrotaron. En el 627 diez mil mecanos aliados con los beduinos  sitiaron Medina, pero la hábil estrategia de Mahoma consiguió vencerlos. Entonces se apoderó de un cuantioso botín y practicó lo que luego será norma ordinaria de comportamiento con los idólatras: quitó la vida a todos menos a uno que se hizo musulmán. Una y otra vez insiste Mahoma en la eliminación de los idólatras: “Matadlos donde los encontréis, expulsadlos de donde os expulsaron (de La Meca)” “Corán 187/191),”Matad a los asociadores donde los encontréis” (9,5; también 4,89 y 91, etc.,).

En el Corán hay versículos que hablan de paz, pero proliferan los que “ordenan matar”, confirmados por la práctica. A veces recurren a la misericordia y compasión de Alah, pero aplicadas solo a los que se conviertan al Islam, aunque sea únicamente para evitar la muerte. La jihad (de donde “yihadismo”), “guerra santa”, en su acepción  belicosa, ha sido considerada un medio eficaz de proselitismo, o sea, para que “todos los hombres” reconozcan lo que en realidad son: “musulmanes”. En su sentido originario, el ascético, se convierte en el recurso para que “todo el hombre”, el hombre en todos los estratos de su psiquismo, sea de veras musulmán.

Mahoma consiguió adueñarse de La Meca. Según las  creencias islámicas, Adán habría construido  el primer templo al Dios único en el emplazamiento posterior de la Kaaba (= “cubo”, de donde Caaba). Destruida por el diluvio, habría sido reconstruido por Abrahán y usado “como oratorio” por Abrahán  e Ismael (Corán, 2,119/125). En la Caaba, piedra sagrada de 60 por 90 cm., se conserva la impronta de una especie de pie humano, que sería del de Abrahán. Mahoma destruyó todos (más de 360) los betilos (betel = “casa/morada de Dios”), residuos de la religiosidad neolítica, menos la Caaba. Habría restaurado así el monoteísmo adámico u originario en el año 6º de la hégira (630 d.C.). Mahoma murió el 8-VI-632 después de haber hecho en este mismo año la llamada “peregrinación de despedida” en compañía de un grupo muy numeroso de sus fieles. Las ceremonias hechas entonces por Mahoma se convirtieron  en normas rituales para todas las peregrinaciones posteriores a La Meca.

2.2. La emigración de La Meca a Medina para regresar y adueñarse de La Meca, modelo de los yihadistas emigrantes y refugiados de nuestros días.

La sunna (= “camino transitable, tradición”) trata de responder a la pregunta: “¿Qué diría o haría el Profeta en este caso concreto, no regulado en el Corán? Los dos compiladores de los “hadices” (hadith> “hadiz”  = “narración” d los dichos y hechos de Mahoma), muertos en la segunda mitad del siglo IX, consideraban auténticos 7.000 de los 60.000 hadices examinados.

Hace ya varios años en un viaje, en autobús, desde Burgos-ciudad a Medina de Pomar me tocó como compañero en el asiento contiguo un joven argelino. Al decirle que no entendía lo ocurrido en su patria (derrocamiento del gobierno islámico elegido democráticamente) se explayó un tanto exaltado. Precisamente era sobrino de uno de los directivos del FIS (Frente Islámico de Salvación), el partido político derrocado, que entonces estaban encarcelados. Él, como otros jóvenes, había salido de la ciudad a zonas desérticas de su país y ahora se habían exiliado para curtirse en la adversidad y luego volver a su patria para conquistar el poder. Así imitaban a Mahoma que había emigrado de La Meca a Medina para regresar y conquistar La Meca. Supongo que este será uno de los hadices, constitutivos de la Sunna islámica.  Él estaba al frente de algunas células islámicas en la provincia de Alicante. Hacía aquel viaje, en el puente de la Inmaculada y de la Constitución, para formar a los componentes de una célula que habían trabajado en la recolección de patatas en los Altos, zona norteña y fría de la provincia burgalesa. Fuera, cellisca, o sea, temporal de agua y nieve menuda, lanzada por el viento contra los cristales del autobús.

2.3. El resentimiento contra los judíos

Mahoma se traslado a Medita invitado por unos setenta medineses convertidos al islam por el trato con Mahoma en los días de mercado en La Meca. Además, aparte de unos pocos cristianos, en Medina había  dos tribus árabes relativamente numerosas y una colonia judía, integrada por varios clanes judíos. Mahoma admiraba al judaísmo y al cristianismo. Confiaba en el apoyo de los judíos y lo tuvo al comienzo. Pero pronto, en cuanto fueron más numerosos y, en teoría, más poderosos los árabes medineses aliados con los mecanos idólatras, se sintió traicionado por ellos. Su temor aumentó durante el sitio de Medina por el ejército procedente de la Meca y al comprobar que ningún judío había abrazado el islam. Más aún, los judíos comprobaron el deficiente conocimiento de su Biblia (el Antiguo Testamento) por parte de Mahoma y cometieron la torpeza más irritante para un resentido, a saber, se unieron a los árabes idólatras, burlándose de él, de sus visiones y del castigo divino anunciado, pero que no llegaba (Corán 38,15/16; 70,6).

Lea el artículo completo aquí.

D. Manuel Guerra