Infovaticana
Manuel Guerra

EL DIÁLOGO INTERRELIGIOSO Y EL INTERFILOSÓFICO EN LOS PRIMEROS SIGLOS DE LA IGLESIA EN CONTRASTE CON NUESTROS DÍAS

Gabriel Ariza
16 Octubre, 2015

En las últimas décadas se ha puesto de actualidad, por no decir de moda, el diálogo interreligioso. Cualquier celebración, esté directamente relacionada o no con el pluralismo religioso, es coronada con un acto interreligioso. Hasta el “Camino de Santiago” ha sentido las pisadas de una peregrinación interreligiosa. En ella un grupo de católicos, protestantes, judíos, musulmanes y budistas han recorrido este verano un trecho del Camino. Los medios de comunicación social informaron de su comienzo, pero no he visto ni leído nada sobre su desarrollo posterior. No obstante, la experiencia muestra que, con ocasión de la celebración de actos interreligiosos, son más los que se alejan de la fe católica que al revés, al menos en países mayoritaria y tradicionalmente católicos como son los hispanohablantes. Es un fenómeno -a mi parecer- lógico.

  1. EL DIÁLOGO INTERRELIGIOSO o desde la fe y creencias religiosas
  2. ¿Los primeros siglos de la Iglesia, una especie de ADN o código genético de la Iglesia?

Las raíces de cualquier realidad individual o colectiva contienen cifrado su código genético, que condiciona y regula su desarrollo normal posterior. En atención a su origen divino, esto es aplicable –si cabe- mucho más a la Iglesia de Jesucristo, al menos en cuanto a sus elementos esenciales. ¿Puede aplicarse también respecto a las líneas maestras  de la pastoral eclesial o sería caer en la investigación de un yacimiento  arqueológico más o menos interesante, pero desconectado de la realidad actual? Además, un experto en la materia y con instrumental adecuado puede ver la encina prefigurada en la bellota  y el organismo humano en su ADN presente y actuante ya en el cigoto o célula primera de un nuevo ser.

  1. La dinamicidad interna de la semilla más importante que su entorno

Es más importante el “yo” que “su circunstancia” según la sentencia orteguiana. Lo decisivo es la semilla y su dinamicidad interna. Quien siembra trigo cosecha trigo, no patatas ni racimos de uvas. Pero la cantidad de la cosecha depende, en gran medida, de su entorno: calidad del terreno, el clima, etc. Jesucristo comparó su Iglesia con una “buena semilla” y con “un grano de mostaza” (Mt 13.24ss., y 31-32). Lo realmente decisivo e importante en la Iglesia es su ser mismo y  su dinamicidad interna, recibidos de Jesucristo. Como el clima no cambia el ser del grano de trigo, tampoco las mudables circunstancias históricas son capaces de alterar el ser de la Iglesia ni su dinamicidad interna y, si lo consiguieran, dejaría de ser la Iglesia de Jesucristo. Por eso, es merecedor de compasión y de reacción el preocuparse mucho más por adaptar la Iglesia y su pastoral a la circunstancialidad de su tiempo que de ser verdaderamente cristianos, o sea, santos y apóstoles o misioneros. Ciertamente es necesario adaptarse a cada tiempo. Pero esto no es lo principal, sino “la añadidura” (Mt 6,33). ¿En los primeros siglos de la Iglesia hubo diálogo de los cristianos? Si lo hubo, ¿fue interreligioso o interfilosófico? ¿Estos dos tipos de diálogo pertenecen al ADN de la Iglesia, o solamente uno de ellos, o ninguno?

  1. La pluralidad de religiones y el pluralismo religiosos, dos presupuestos del diálogo interreligioso

La coexistencia de varias religiones es un requisito sin el cual no puede haber diálogo interreligioso. ¿Pero, qué religiones hubo en los primeros siglos cristianos y cómo se relacionaron? 3.1. La pluralidad de religiones Hablando con la gente he llegado a la conclusión de que, para muchos, en los primeros siglos de la Iglesia solo había dos religiones, a saber, la tradicional de Roma (veneradora de Júpiter, Juno, Apolo, Venus, etc.,) y el cristianismo. Algunos se acuerdan de mencionar el judaísmo. Pero, además, coexistieron otras muchas, por ejemplo las numerosas religiones mistéricas o los misterios de Eleusis ( a unos 21 kilómetros de Atenas), los frigios de Cibeles-Atis, egipcios de Isis-Osiris, cabíricos de Samotracia, mesenios de Andania, los de Sabazio, iranios de Mitra, los sirios de Atargatis-Adonis, los dionisiacos o báquicos, las colíridas, etc. Son las estudiadas en sendos capítulos por Ángel Álvarez de Miranda (Las religiones mistéricas, Madrid 1961). Aunque su cuna y centro se halle en una región determinada –ahí indicada- su influjo se extendió por toda la cuenca mediterránea, especialmente por su mitad oriental. Además, hay que añadir las incontables sectas del gnosticismo. Según san Epifanio en su Aduersus haereses, su número asciende por lo menos a 72, o sea, prácticamente las mismas que las del gnosticismo moderno implantadas en los países de lengua española desde su restauración en las últimas décadas del siglo XIX por el masón Jules Doinel). El elenco de religiones de los primeros siglos cristianos se completa con las incontables “herejías” o “sectas” de origen e impronta cristiana: los monofisitas (actualmente unos 13 millones; de ellos, 8 millones  de la iglesia etiope, 3.500.000 coptos, 1.200.000 jacobitas o sirioortodoxos), nestorianos (80.000), montanistas, marcionitas, arrianos, semiarrianos, monotelitas, macedonianos, apolinaristas, pelagianos, priscilianistas, etc., casi todas subsistentes en nuestros días de una forma residual en su mayoría. Añádase el maniqueísmo. En total  un hormiguero de religiones; fundamentalmente como ahora en cualquier región de la Tierra. A partir del siglo V d. C., las oleadas de los Bárbaros impusieron sus religiones (el arrianismo y las numerosas de índole étnico-política de sus pueblos) en la mitad occidental del Imperio romano ya derrumbado y fragmentado. Lea el artículo completo aquí.

Gabriel Ariza