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CONCILIO VATICANO II. UNA HISTORIA NUNCA ESCRITA (I)

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Roberto De Mattei, Homo Legens, Madrid 2018

 

CONTINUIDAD Y RUPTURA, LA TRAGEDIA DEL CONCILIO

Introducción bibliográfica

Se han publicado obras magníficas, aunque pocas, sobre el Vaticano II, señalaremos dos especialmente ignoradas por la prensa progresista. La primera cronológicamente fue la del sacerdote norteamericano y misionero del Verbo Divino Ralph Wiltgen, El Rin desemboca en el Tíber[1]. Se trata de un periodista imparcial pues, en modo alguno puede calificársele de tradicionalista, y que relata, en forma de crónica periodística, las luchas que se produjeron dentro y también fuera del aula conciliar. Su relato es vivo y ágil, de fácil lectura, revela claramente la maniobra trazada por la minoritaria alianza progresista para adueñarse de la dirección del concilio, así como de su ejecución. Escrito en una fecha tan temprana como 1967 ejerce como prólogo involuntario a la hecatombe que se estaba desarrollando en el postconcilio y que Wiltgen, como la inmensa mayoría de obispos, sacerdotes, religiosas y fieles ni tan siquiera podían imaginarse entonces en sus peores pesadillas. A primera vista puede parecer una obra menor, sin embargo, es de «capital importancia»[2].

El otro trabajo de referencia hasta la fecha para estudiar el concilio es la del profesor Romano Amerio, Iota Unum[3]. Este autor fue un seglar, gran filosofo y filólogo, consultor del obispo de Lugano durante los trabajos de la comisión preparatoria. Su estudio se sitúa más que en el plano histórico en el teológico y principalmente en el filosófico. Obra sólida, densa y enjundiosa requiere una serie de conocimientos filosóficos previos lo que no la hace demasiado asequible al gran público.

Por otra parte, el profesor De Mattei ha incorporado a su monumental estudio científico lo mejor de ambas al mismo tiempo que ha trabajado en profundidad las actas del concilio, así como cientos de fuentes primarias y secundarias, tanto obras históricas, como filosóficas, teológicas y biográficas en varios idiomas, así como la prensa de la época. Lo cual ha producido un volumen de más de 500 páginas y un aparato crítico donde podemos encontrar 2.557 citas a pie de página. Todo ello convierte este libro en la obra histórica de referencia sobre el Vaticano II hasta la fecha pues, aunque se encuentren otras más voluminosas, de las que trataremos posteriormente, a priori, el fuerte sesgo de sus planteamientos ideológicos les incapacita para comprender la realidad unitariamente. Y es que no hay que olvidar que la ideología es una deformación de la realidad.

El motivo no es solamente metodológico sino también evidente, incontrovertible, la obra de Roberto De Mattei se posiciona absolutamente en el ámbito del pensamiento católico, es decir del pensamiento objetivo, realista y por lo tanto no influenciado por las filias y fobias irracionales de la modernidad como sucede con otros autores. El mejor caso de este tipo, en lengua española, lo tenemos en José Luis Martín Descalzo, cuyas conferencias, artículos en la prensa y su libro, abiertamente maniqueo, fueron el filtro por el que muchos sacerdotes se acercaron al concilio: tanto a sus documentos como a las noticias que la prensa comunicaba, así como a la «buena nueva» que se difundía desde los obispados, congregaciones religiosas y los medios de comunicación de la Iglesia[4]. De este modo se introducía en sus mentes el siguiente razonamiento nominalista que llevó a la inmensa mayoría a dar un giro de 180º:

  1. El Santo Padre por una suerte de iluminación divina había decidido que la Iglesia debía modernizarse, ponerse al día, «aggiornarse» (primer «mantra» de la época postconciliar), abriéndola al mundo moderno, lo cual dada la «papolatría» (confundiendo la institución del Papado con la persona) en la que todos habían sido formados, por el mero hecho de ser un simple deseo del Papa era considerado bueno y apenas ninguno se planteaba si dicho deseo en sí mismo era o no acertado.
  1. Una minoría de obispos y teólogos tradicionales con los que identificaban plenamente su pensamiento estaban siendo contestados y arrinconados en el concilio además de ser demonizados por los medios de comunicación. Es decir, la enseñanza doctrinal que ellos habían recibido estaba siendo desechada, rechazada, repudiada y denigrada. Otro tanto habría que decir del modus operandi sacerdotal que hasta la fecha habían desarrollado en la liturgia, la catequesis, la piedad popular, etc. Todos lo métodos anteriores, independientemente de sus buenos frutos, eran considerados como triunfalistas, desfasados, no era actuales sino arcaicos y por lo tanto no podían ser buenos, de lo que se deducía que debían ser eliminados y sustituidos por todo tipo de disparatadas novedades.
  1. Por otra parte, una minoría de teólogos y prelados progresistas de centro Europa, que se presentaban a sí mismos como la vanguardia de la intelectualidad católica, encabezaban dicha línea y eran apoyados por los gestos y palabras del Pontífice. A esto se unía el complejo de atraso e inferioridad español que había calado después de siglos de leyenda negra, así como a una idealización bastante pueblerina de todo lo europeo debido, principalmente, a su desconocimiento.
  2. Luego el cambio de rumbo estaba claro: el Papa lo quería, los «sabios» europeos lo encabezaban, el mundo lo pedía, se trataba de «los signos de los tiempos» y por si fuera poco resultaba más fácil que nadar contracorriente del mundo que era elevado a nueva y única categoría teológica. De esta forma, el clero asumió que lo nuevo era bueno por el mero hecho de ser nuevo, luego el progresismo era el futuro y esto, en definitiva, era lo que pedía el concilio, lo que necesitaba la Iglesia. La Tradición ya no era el camino sino un lastre insoportable del que había de desembarazarse, el camino de la Iglesia ahora pasaba a serlo la modernidad. De este modo, la desacralización, la mundanización en todos los ámbitos de la vida cristiana, la ideología del diálogo que iguala la verdad y el error, aunque parezca increíble, fue percibida como la respuesta de fidelidad a la Iglesia.

El gran mérito del profesor De Mattei y lo que hace realmente necesario leer y releer esta obra es porque realmente estamos ante un estudio inédito: «Una historia nunca escrita». Nunca escrita porque se había impuesto la apisonadora de la versión de una determinada escuela. La analogía de lo sucedido en España nos ayudará a comprenderlo. La versión de la historia de España durante la II República, la guerra y el franquismo ha sido manipulada por la historiografía izquierdista desde sus cátedras y terminales mediáticas con el fin de justificar sus posiciones ideológicas sin que sus opositores hicieran apenas nada para contrarrestarla. Ulteriormente, ha sido impuesta por ley de «memoria histórica» como la versión oficial.

Un proceso análogo ha sucedido en la Iglesia. La historia del concilio ha sido manipulada sistemáticamente por el sector modernista-liberal-progresista sin apenas respuesta proveniente del sector tradicional-conservador. Esta versión idealizada fue asumida por la jerarquía, inmediatamente, con el fin de canonizar y envolver en una aurea sobrenatural cuanto ocurrió en la Iglesia desde la convocatoria del concilio. Así se impuso de forma oficial. Sin embargo, la tesis que la jerarquía conciliar tanto se ha esforzado por vender con el slogan: «la primavera de la Iglesia», se estrella contra la tozuda realidad de estos 50 años de postconcilio. Lo cual lleva a que, si alguno se atreve a afirmar: «lo que ocurrió después del concilio fue la consecuencia coherente del mismo» y por lo tanto, las raíces del suicido eclesial se remontan a las decisiones del concilio[5]. Es automáticamente objeto de todo tipo de ataques, descalificaciones y amenazas, pero sin que se presente ningún argumento que valide y pruebe, por ejemplo.

  1. En dónde se encuentra exactamente la continuidad para que aquello que era blanco antes ahora se haya convertido en negro: la Misa tradicional, el concepto de libertad religiosa, el ecumenismo, la pena de muerte, etc. «Lo que para las generaciones anteriores era sagrado, también para nosotros permanece sagrado y grande y no puede ser improvisadamente totalmente prohibido o incluso perjudicial»[6].
  1. Que la desoladora situación actual no tenga absolutamente nada que ver con el concilio: ni con los papas y padres conciliares que lo llevaron a cabo, ni con los teólogos que lo influenciaron decisivamente.

 

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[1] Cf. Ralph Wiltgen, El Rin desemboca en el Tíber, Madrid 1999.

[2] Roberto De Mattei, Concilio Vaticano II. Una historia nunca escrita, Madrid 2018, 29.

[3] Cf. Romano Amerio, Iota Unum. Estudio de las transformaciones de la Iglesia Católica en el siglo XX, Madrid, 1999.

[4] Cf. José Luis Martín Descalzo, Un periodista en el concilio, Madrid, 1963.

[5] De Mattei, 25.

[6] Benecidto XVI, Carta a los obispos que acompaña el Motu proprio Summorum Pontificum, 7-VII-2007.

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