PUBLICIDAD

Recuerdos del Camino de Santiago en bicicleta, por don Enrique Vilchez Sánchez

|

En nuesta sección de Plumas invitadas, hoy tenemos a don Enrique Vilchez Sánchez, profesor de Ciencias Sociales, del IES “Miguel Sánchez López’, de la villa de Torredelcampo, en la provincia de Jaén. Don Enrique es un gran humanista, profesor, pintor y amante de las bellas artes y un excelente compañero de claustro.

“Si tuviera que elegir algún viaje que me haya dejado un recuerdo especial ese seria el Camino de Santiago en bicicleta. Hacia mucho tiempo que deseaba hacerlo pero por diversas circunstancias (a veces una enfermedad, otras una caída) lo fui aplazando hasta que el 1 de Julio de 2008 me lance a la aventura.

Mucha gente cree que hacer el Camino en bici requiere tener unas condiciones físicas especiales pero no es así. Yo, que tengo 50 años, me prepare durante algo mas de dos meses haciendo una media diaria aproximada de 30 Km. y en los fines de semana algo mas, combinando la vía verde y la carretera con algunos tramos de cuestas. No tenía experiencia previa pero había leído bastante del trayecto, llevaba un buena guía (algo imprescindible) y esperaba aguantar lo mejor posible. En caso necesario descansaría algún día para reponer fuerzas.

Salí desde Jaén en dirección a Pamplona en autobús con todo preparado en las alforjas de la bici según las recomendaciones que había leído en algunas guías y páginas Web. Mi plan era simple: si un caminante recorría diariamente a pie una media de 25 Km. aproximadamente yo con mi bici de montaña podría hacer tranquilamente el doble (45 – 50 Km.) y en unos 15 o 20 días llegaría a Santiago. No quería hacer un “viaje-zapping” al uso sino un camino tranquilo disfrutando de todo (paisaje, arte, historia, etc.) y la verdad es que aunque salí solo nunca estas solo en el camino porque casi todo lo hice en compañía. A la misma salida de Pamplona me “enganche” con un joven ciclista italiano llamado Federico que había venido desde Florencia y las primeras etapas las hicimos juntos. Más tarde me integre con otro grupo y así cambie de grupo varias veces hasta el final. Recomiendan hacer el viaje en compañía “por si acaso” pero yo quería ir a mi aire sin compromisos porque también deseaba parar cuando me apeteciese para dibujar y escribir un cuaderno de viaje del Camino.
Lo primero que aprendes en el viaje es la importancia de la hospitalidad. Sin la red de albergues tan completa y el trabajo de tanta gente que los atienden no seria posible hacerlo. Unos están en mejores condiciones que otros pero gracias a ellos puedes descansar, guardar la bici y mantener tu higiene a un precio más que asequible (entre unos 3 y 6-7 euros aprox.). Hoy día la mayoría esta preparados con todo incluyendo cocina e Internet y algunos tienen extras increíbles, por ejemplo, descanse en uno que tenia piscina y en otro situado junto a un río con playa fluvial tenia un pequeño puente de origen romano que era una joya de piedra.

Cada día me levantaba hacia las 6,30 o 7 de la mañana y tras el aseo y el desayuno preparaba las alforjas y empezaba el pedaleo diario. Al principio tienes que acostumbrarte a buscar las flechas amarillas que te indican la ruta y evitar confusiones como me ocurrió el primer día saliendo de Pamplona: por la falta de experiencia mi amigo y yo nos equivocamos tanto que adelantamos a un mismo peregrino de a pie tres veces. Luego todo fue mejor, por eso una buena guía es fundamental porque no solo ayuda sino que te explica todo lo que vas descubriendo: los pueblos, los monumentos, las historias mas relevantes etc.
Durante las primeras horas de pedaleo vas adelantando a los peregrinos que vistes ayer en el albergue y que se levantaron una o dos horas antes para no sufrir el calor del mediodía, gente que hacen el Camino a pie, solo o en grupo. Me sorprendía la gran variedad de edades y procedencia. Muchos eran extranjeros y en los albergues descubrí que venían de todos los sitios: California, Checoslovaquia, Polonia, Canadá… y por supuesto españoles. Todos hacemos “nuestro” Camino y cada uno tiene sus motivos. Recuerdo que entrando en Santiago una joven de Canadá me dijo que hacia el viaje para “pensar” y quería seguir hasta Finisterre.

Hay días más duros que otros debido a que el trayecto cruza por zonas más desoladas, tiene más pendientes o simplemente estas mas cansado pero siempre hay algo interesante que recordar. Hay momentos que te dejan imágenes imperecederas: un paisaje, un pueblo, una plaza o una calle, un monumento o simplemente alguna persona con quien te cruzas o charlas…Vi algunos tramos de bosque en Galicia parecían sacados de alguna historia de Tolkien y puentes y edificios de piedra que parecían de cuento. ¡Son tantas las estampas con las que te cruzas que es difícil elegir!.

La magia del Camino engancha y siempre te deja con las ganas de volver. Un guía de un grupo de peregrinos me dijo en un albergue que llevaba varios años repitiendo y creo que es porque durante el trayecto desconectas de tu vida anterior y te sumerges en una experiencia nueva que siempre te sorprende. La diversidad de paisajes y de monumentos que recuerdan otros tiempos te traslada a una aventura que miles de personas vivieron antes y de la cual tú solo eres uno más en la ruta de las estrellas que es el Camino. Por eso mas tarde lamente no haberme detenido en esos sitios que tienen ese encanto especial pero este año, si repito, lo haré y con la experiencia del año pasado seguro que disfrutaré más.”

Enrique Vilchez Sánchez

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *