PUBLICIDAD

Entre herencia con veneno, y horizonte de esperanza

|

Si las encuestas publicadas se cumplen, esta noche puede cambiar el color del gobierno en España. Después de siete años del martillo pilón se impone mirar la herencia dejada a los posibles sucesores y al resto de la sociedad española.

El cuadro económico lo conocemos de sobra. Existe otro cuadrilátero donde nos han colocado en forma boxística con la envenenada ley de memoria histórica. En un rincón está el ciudadano vulgar y corriente, en el opuesto está todo seguidor de una ley que carece de sentido común, pues nos ha colocado los guantes de boxeo y la división trágica se mastica en el humoroso ambiente iluminado por unos focos anhelantes de ver el siguiente asalto.

Ayer y hoy, en El Valle de los Caídos se han presentado las dos Españas: la nacida de la ley de memoria histórica, descendiente de uno de los bandos que luchó hace 75 años por hlos suelos de la península; y la nacida de los rescoldos de un bando que ganó aquella guerra fratricida de la década de los años treinta.

La herencia que recibe el posible nuevo gobierno lleva el veneno metido en las tripas, que es por donde nunca se piensa, sino que es por donde se deglute la alimentación para ser expulsada en el momento oportuno y aliviar así el vientre.

El hacedor de semejante ley de la memoria histórica ha vuelto a dividir a la sociedad española, que había sellado en el inicio de la Transición las barricadas y las trincheras, y había archivado para el estudio de los investigadores aquellos acontecimientos de hace setenta y cinco años.

El rebrote de los odios mutuos, el renacimiento del anticlericalismo, el emergente ambiente hostil a la Iglesia Católica y el olvido de la paz sellada, están borboteando sobre la superficie de una sartén llena de un aceite capaz de quemar a quien se acerque, o a quien le caiga una sola gota encima.

A partir de mañana, se impone volver a recuperar el sentido común; entrar en la senda de la sensatez; alegrarse de ser españoles habitantes de una gran nación; y buscar los puntos que unen a los diversos sectores de la sociedad manteniendo la propia identidad dentro de una sana y respetuosa pluralidad.

En esta misión la Iglesia Católica, cuyos obispos iniciarán mañana lunes la reunión de otoño habitual cada año en Madrid, tiene un papel de mediadora, de madre, de procuradora, de pacificadora, de caritativa y dispuesta a llevar la paz a los espíritus de todos los ciudadanos de buena voluntad.

Ruego a todos los lectores amigos una oración por el presente y el futuro de España. Estamos en un momento crucial de nuestra historia. En tiempos similares hemos salido a flote. Esperemos que el Señor nos ayude una vez más a la convivencia pacífica entre todos los hombres y las tierras de España.

Tomás de la Torre Lendínez

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *