En la naturaleza con Dios

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Cuando el día acaba, tambien ha terminado una jornada junto a un grupo de alumnos de cuarto de sencundaria por el interior de uno de los parques naturales de Andalucía.

El paisaje en otoño tiene un color amarillento. La mayoría de las hojas han caido de sus estables lugares en las copas de los árboles que mudan su follaje desde ahora hasta la primavera. En otras especies de hoja fija se mantiene el verde, pero al darles el sol otoñal el cromatismo es especial.

El paseo por la naturaleza en otoño es un regalo para la vista, el oido, y el olfato. Las especies animales siguen sus cursos vitales, lo mismo en unas estacandas aguas de una picifactoría, que en las corrientes y rumorosas de un río que casi acaba de nacer y alberga alevines de truchas.

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Una larga jornada, deteniendose en los centros de interpretación de las especies de flora y fauna; observando las fotografías que han dejado para siempre esa pareja de buitres leonados, o de los recién llegados quebrantahuesos, que son los reyes del aire de la sierra.

En varios momentos hemos detenido nuestra marcha. Hemos elevado el corazón al Señor para darle gracias por sus grandes maravillas, que a veces manchamos con el fuego, con la basura, con el ruido y con la contaminación. La naturaleza nos ha elevado el espíritu, nos ha hablado de la obra creadora de Dios, nos ha traido al recuerdo a San Francisco de Asís o a San Juan de la Cruz, quienes en sus secillez de pobres frailes nos dejaron en la palabra escrita el sentimiento cristiano ante la naturaleza bella creada por Dios para nuestra satisfacción espiritual y nuestra expansión material y cognoscitiva.

Realmente la jornada ha valido la pena. Hemos dado y damos gracias al Señor por un día de trabajo fuera del aula de cuatro paredes y entrar en el inmenso salón que es la naturaleza salida de las manos creadoras de Dios. El gran libro abierto del paisaje nos ha hablado de Dios en la pequeña seta, en el regato de agua cristalina, en el ave ráuda camino de su nido, en el diálogo compartido y en el silencio buscado.

El viento nos traía el diálogo de lo creado con el Creador, quien nos ha invitado a volver por aquellos parajes, donde en otoño nadie acude y los pocos que pasamos podemos oirle mucho mejor. !Gracias, Séñor¡.

Tomás de la Torre Lendínez

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