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Dúos papales, la sonrisa, el escalafón y el Espíritu Santo

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En la historia eclesial que he vivido encuentro a los dúos. Dos personas diferentes que los une el Espíritu Santo para realizar un gran papel en ese momento histórico dentro del mundo y de la Iglesia Católica.

El primer dúo del que soy plenamente consciente fue el formado por Juan XXIII, hombre providencial, quien convocó el Concilio Ecuménico Vaticano II, lo abrió, lo presidió en su primera sesión. Su muerte en 1963 parecía que la reunión universal iba a caminar a la suspensión sine die, o a su continuación. El desánimo se palpaba.

Un cardenal entró en aquel Cónclave, muy diferente al Papa anterior, de formación y familia, de biografía y carácter, resultó elegido Pablo VI, quien tomó las riendas del Concilio hasta su culminación.

José Luis Martín Descalzo los retrató a ambos en sus crónicas para Abc, que culminaron en aquel libro titulado: El Concilio de Juan y Pablo.

La sonrisa veneciana de Juan Pablo I no tuvo tiempo de expresarse pues duró poco más de un mes. Pero dejó una estela inolvidable de humildad.

El segundo dúo comenzó en octubre de 1978. De aquel Cónclave apareció un huracán de nombre Juan Pablo II, quien tras más de veintiséis años al frente del timón de la nave de San Pedro, el Señor lo llamó a su seno. Durante su pontificado tuvo un suave, pero inteligentísimo colaborador de nombre cardenal Ratzinger, quien al fallecer su predecesor salió elegido con el nombre de Benedicto XVI.

Este dúo ha sido estudiado, biografiado, entrelazado y analizado muy serenamente por muchos periodistas e historiadores.

Tras la inesperada, pero profetizada por él mismo, renuncia a las sandalias del pescador, Benedicto XVI, ha cerrado una puerta. Lo hizo ayer en el palacio de verano de los Papas. El dúo ha terminado. Comienza otra etapa histórica.

Los señores cardenales deben elegir a un nuevo Papa que tenga el perfil que demanda la Iglesia Católica y el mundo actual donde está implantada para seguir evangelizando hasta el final de los tiempos.

Tendrán en cuenta que el elegido sea el primero de otro dúo eclesial para la segunda década del siglo XXI. El Espíritu Santo lo sacará. Yo no dudo que será así.

Bastantes lectores amigos me han pedido que haga pronósticos sobre equis cardenales electores. Les contesto con una anécdota de mi infancia de monaguillo parroquial.

Octubre de 1958. En una madrugada muere el Papa Pío XII. Llego a la iglesia parroquial para la misa de 8 de la mañana. El párroco don Antonio está rezando su Breviario lentamente. Me llama y me estampa la noticia en la cara. No sé responder. Ante mi mudez responde con su tradicional retranca:

-Tranquilo, Tomás, que el escalafón es el escalafón. Ya te queda menos.

No pillé el doble sentido de aquella sentencia. El paso del tiempo me explicó cómo funciona la Iglesia Católica, nunca con los parámetros humanos, siempre con la asistencia del Espíritu Santo.

Tomás de la Torre Lendínez

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