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Allí me hice psicólogo de verdad: 11 de marzo

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Entrevistamos a Lucas García Berlanga, es un psicólogo amigo que hace cinco años estuvo como voluntario en Ifema, en Madrid, atendiendo a los familires de las víctimas del 11 de marzo. Estamos sentados en su casa.

P.:Cual consideras, después de cinco años, es la experiencia más impactante de aquellos días en Madrid

Tengo, en primer lugar, que agradecerle que se acuerde de las víctimas de aquel fatídico día. Bien, la experiencia más imborrable fue ver la hilera de personas desarmadas que acudieron a Ifema en busca de algún familiar y se encontraban restos humanos díficles de identificar.

P:¿Recuerdas algún caso en especial?

Sí, no se olvidará nunca un matrimonio que buscaba su hijo de poco más de veinte años, que a última hora no había entrado en ninguno de los trenes siniestrados. Los saltos que daban de alegría, los abrazos y los besos eran singulares.

P: ¿De qué modo entraste en este asunto de poner tus estudios al servicio de las víctimas?

Bueno…yo estaba desayunando para irme a la facultad donde estaba haciendo la tesis doctoral. Tenía la radio encendida. Recuerdo que era Radio Nacional de España. Dirigía el programa Antonio Jímenez. De pronto, indicó que había habido unas explosiones en Atocha…y con el paso de los minutos toda la información se precipitó por el receptor. Tomé la decisión de irme a Ifema cuando llegué a la facultad y los mismos compañeros nos largamos a ofrecernos a los familiares de la tragedia.

P: ¿Cómo era tu misión en Ifema.?

Al llegar, todo era un caos, había algunos miembros de la policía y del Samur, que nos enviaron a los psicólogos a buscar por nosotros mismos a los familiares. Con el paso de las horas, la situación se fue clarificando y pusieron unos lugares donde atendíamos a las personas que buscaban apoyo y consuelo.

P:¿Que “razones” utilizabas para ayudar a los damnificados?

Dos, por lo menos. La primera, era dejar que contaran lo que querían decir. La segunda, era utilizar sus propias palabras para “equilibrar” su estado de ánimo. Tengo que decir que allí me hice psicólogo de verdad, en aquella dramática realidad humana, hasta entonces era un psicólogo de salón universitario.

P.:¿Al paso de cinco años has seguido en contacto con algunas de aquellas personas?

Sí, con varias. Con quien más sigo en coloquio por teléfono es con una madre viuda que perdió a su hija, que iba a trabajar. Son inmigrantes. Me llama y sigo dándole pautas de conducta para asumir una tragedia tan dificil de asumir.

P.:¿El sentido cristiano que tu llevas en tu vida lo volcaste sobre los familiares?

Por supuesto. Aquel día, me parece, que es el que más hablé de Dios, como Padre, amigo, compañero, de Jesús que murió en la cruz, y de la Virgen Madre y protectora de todos los que andamos por este valle de lágrimas.

P.:¿Algún mensaje, después de cinco años de aquel 11 de marzo?

A todos: que no olvidemos nunca a las víctimas y sus familiares, que recemos por ellas al Señor como hago yo cada día, porque de los políticos poco o nada se puede esperar.

Nos despedimos de Lucas y su esposa que ha sido testigo muda de nuestra conversación. Les deseamos que sigan ayudando a tantas personas en su gabinete de psicología.

Y a los lectores y amigos de El Olivo les invitamos a que escriban los comentarios que deseen. Muchas gracias.

Tomás de la Torre Lendínez

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