Corría el año 1906, cuando el 23 de octubre tendría lugar en Madrid la bendición e inauguración de nuestro seminario conciliar, construido en los terrenos que adquirió la entonces Diócesis de Madrid tras ser desgajada de la Archidiócesis de Toledo.
Los Osuna habían perdido, al no poder hacer frente a sus elevadas deudas, el que fuese palacio del Duque de Osuna. Lo que permitió a nuestra archidiócesis poder adquirir dicho terreno. Una vez derrumbado el palacio del Duque, emergió pabellón a pabellón nuestro actual seminario conciliar de la Inmaculada y San Dámaso.
Como ya sabrán, esta semana desde Roma ha llegado el decreto de suspender las órdenes presbiteriales y diaconales en la diócesis de Fréjus-Toulon. En un gesto sinodal de transparencia, Roma dictamina y la diócesis de Fréjus-Toulouses obedece sumisa.
Suponemos que ya nuestro rector José Antonio Álvarez, se ha puesto en contacto con el señor rector del seminario francés, el padre Benoît Moradei, para mostrarle la solidaridad del rector de la capital de España.
Es probable, que temeroso de que en nuestra archidiócesis de Madrid pudiera suceder lo mismo que en Francia, José Antonio Álvarez haya llamado inmediatamente al sacerdote jesuita Germán Arana, no deja de ser un «Arana boys», para suplicarle que interceda para que la Santa Sede, mientras él sea rector, no le impida la ordenación de ninguno de nuestros seminaristas.
Teniendo en cuenta que nuestro actual rector, anteriormente había sido director espiritual del seminario, por lo tanto tenía en sus manos la situación de conciencia de aquellos seminaristas a los que él dirigiese espiritualmente y confesase, lo que podría ser un impedimento objetivo para que el cardenal Osoro lo hubiese nombrado rector del seminario, por aquello que se hacía antes de que se implantase la sinodalidad, que no era otra cosa que separar y respetar el fuero interno del fuero externo.
La nueva Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis, del Papa Francisco, nos dice en el número 135, “el rector es un presbítero que se distingue por su prudencia, sabiduría y equilibrio, altamente competente, que coordina la actividad educativa en el gobierno del seminario”
El Derecho Canónico en el canon 985 dice específicamente “se prohíbe al rector del seminario confesar a los alumnos a no ser que lo pidan espontáneamente en casos particulares”. En el canon 984 prohíbe a cualquier superior el uso de conocimientos adquiridos en confesión para la función de gobierno.
La actual Ratio, hace referencia en dos ocasiones al “fuero de la conciencia”, la primera para Indicar cómo debe ser el gobierno del rector respecto del director espiritual indicando que deberá regir “respetando con escrupulosidad el fuero de la conciencia”; la segunda mención es respecto a los informes que el rector debe de recoger previos a los escrutinios donde se indica que se presentarán “guardando siempre escrupulosamente el fuero de la conciencia”
Osoro que fue 20 años rector de seminario, no sabía que un director espiritual no debe ser nombrado rector, o es que nunca leyó el derecho, ni la anterior ratio o lo más probable, que no tenga escrúpulos. Tenemos una joyita de rector, fruto de los criterios de nuestro arzobispo, porque no es que no tenga criterios, el problema es que son estos sus criterios.
El actual rector es bachiller en teología por San Dámaso y tiene un Master en discernimiento vocacional y acompañamiento espiritual en el centro de espiritualidad San Ignacio de la Universidad Pontificia de comillas, de verdad que con la cantidad de sacerdotes que somos en Madrid no encontró otro que destacase por su “prudencia, sabiduría y equilibrio, altamente competente”. ¿Tan mal informado está? ¿Con tan poco criterio nos gobierna? A la vista está.
Estamos en la época de la condena del carrerismo, y está muy bien, pero vemos más carreristas que nunca y aún no han llegado a su meta, nombrados por el carrerista mayor del reino tras el susurro jesuítico.
En Madrid no se ha “guardado escrupulosamente el fuero de la conciencia” de muchos de los sacerdotes ordenados en los últimos años. Pero donde se han prohibido las órdenes es en Francia.
Todavía estamos esperando que nos expliquen qué pasó con ese último formador Andrés García Serrano que tuvo que salir rápidamente, sin dar la cara ni explicación alguna a sus seminaristas, haciéndoles creer lo que no es. Su historial es más que conocido entre nosotros, pero Osoro ha preferido taparlo.
Estaremos ante otro «Arana boys» y por eso se le tapa o es que fue dirigido espiritual del actual rector y ahora sí se respeta el fuero interno.
Lo evidente es que nuestro rector es “altamente competente” por eso estamos como estamos.