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¿Cómo estaba la plaza? ¡Abarrotaaaa!

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Corría el año 1824, cuando el 7 de mayo, en el teatro de la corte imperial de Viena, abarrotado de un público selecto, tuvo lugar el estreno de la novena sinfonía en re menor, de Ludwig van Beethoven. A partir del segundo movimiento, un público asombrado y embelesado por la riqueza y amplitud de lo que escucha, estalla en aplausos. Al final del concierto, un Beethoven emocionado verá entre lágrimas, a todos los asistentes puestos en pie que no paraban de ovacionarle.

El pasado sábado, Osoro entraba en la plaza de la armería, situada entre la catedral de la Almudena y el Palacio Real, rodeado de un grupo de jóvenes, mayores, niños, familias, vida consagrada … sólo faltaba a su alrededor, ironías de la vida, que le rodease algún sacerdote. ¿Por qué los organizadores de tan multitudinario evento no quisieron que hubiese ningún sacerdote alrededor de él en su entrada en la plaza?, ¿quizá para que tuviera él todo el protagonismo clerical?, ¿quizá por qué no encontraron ninguno dispuesto, ni entre sus estrechos aduladores?, ¿quizá por qué está sinodalidad de conchaveo excluye al clero? …. pierdan cuidado que nadie nos responderá.

El caso es que Osoro, entró así a la plaza donde tendría lugar la celebración de la clausura de la fase diocesana del sínodo. Y, lo hacía, como dice la página web de la archidiócesis al ritmo de la canción “celebra la vida” a todo volumen auditivo, pero con volumen presencial irrisorio por no decir vergonzante. Vamos que había muy poquita vida en la plaza para celebrarla.

Como se puede ver en la cuenta de YouTube de la archidiócesis de Madrid, Osoro a los pies de las escaleras de nuestra Catedral de la Almudena, celebra la vida, sin mostrar ni una sola sonrisa, perplejo contemplando con sus propios ojos el panorama de una plaza prácticamente vacía, la evidencia no se puede negar ni hay sinodalidad que la maquille. Osoro estaba tan apesadumbrado que ni siquiera le salía un gesto de ternura hacia los cuatro niños que lo rodeaban.

Se ve en el vídeo como le acercan un folio, suponemos que con el saludo que tendría que leer, el cual mira por ambas caras, muestra de que él no había escrito ni una sola letra de aquel saludo.

Incluso se le ve dudar de si eso era lo que que tenía que leer.

Cuando le dejan sólo, se ve como contempla la plaza de la armería atónito del triste panorama que tiene ante sus ojos. Rostro serio, duro, con expresión de fracaso, aprieta sus labios, mira a derecha y a izquierda, como no… decepcionante vacío sinodal.

Comienza a dar las gracias a todos por su participación en esta asamblea del final de la fase diocesana del Sínodo. Osoro, sin mirar en ningún momento el folio que él no escribió, afirma en primer lugar que “caminar juntos es sínodo” así comienza su discurso pobre y populista. Y si no hay con quien caminar, ¿qué es sínodo?

Le seguirá la afirmación que nuestro Señor hizo a sus discípulos “Id por el mundo y anunciad el Evangelio”, quizá esa sea la causa por la que la plaza estaba vacía, porque en Madrid, ya desde antes de que Osoro llegase anunciamos el Evangelio, no la sinodalidad. Y prueba evidente de ello era que se llenaban las plazas, atraído el pueblo de Dios por el anuncio del Evangelio… imagínense cómo sería la motivación que hasta Osoro acudía.

Continuaría su discurso con la populista frase “una época nueva que está ya entre nosotros”, no sabemos qué época es esa, pero está claro que si está ya entre nosotros no es nueva. Con afirmaciones de una bajísima altura teológica como que “la Iglesia es sínodo” y que sínodo “significa ponernos en camino”, con interpretaciones Cristológicas como que el “deseo del Señor es que caminásemos juntos, de la mano”, mira que es difícil la exégesis de la Palabra de Dios para el resto de los mortales, pero Osoro es capaz de interpretar no sólo la Palabra sino los deseos de Dios.

Al fin leyó algo del folio, la oración al Espíritu Santo, con la que concluía su intervención. Concluía pidiendo al Espíritu Santo “no desviarnos del camino de la Verdad y la Justicia”, suponemos que con mayúsculas y “esfuerzo para alcanzar la vida eterna”.

Mario Alcudia y su señora Sandra Madrid, profesionales de la comunicación, y como tales venían, supieron adaptarse escrupulosamente a los criterios del cliente, con las afirmaciones que se les indicaron, tales como “absoluta libertad” y otras que ustedes mismos pueden escuchar. Ya se sabe el que paga manda.

Saltaba al escenario el famoso cantante, suponemos que por su trayectoria sinodal en operación triunfo, Jorge Fernández.

Sí, miembro de la Iglesia Evangélica, y que cobra profesionalmente como todos sus músicos, pero por amor de Dios ustedes no olvide poner la X en su declaración de la renta que estamos en campaña de “x tantos”, sí x tantos …. con balcones sinodales a la calle.

Era el momento del genio del evento, el gran impulsor, el teólogo insigne de la archidiócesis, el elegido por el dedo sinodal, el dinosaurio resucitado por Osoro, vestido como acostumbra de laico sinodal porque ninguna de las propuestas proponía que el clero vista como tal, porque eso por muy propuesto que fuese no sería sinodal.

Comenzaría Antonio Ávila afirmando que la participación había sido “suficientemente alta y significativa como para que estemos toda la Iglesia de Madrid representada”, y yo que pensaba que Iglesia sólo había la católica, aquella plaza vacía, era un botón de muestra de alta y significativa participación.

Según decía Antonio Ávila, parece ser que él es el único que ha leído todas las aportaciones, menudo egocentrista, quizá por eso lo eligió Osoro, suponemos que sinodalmente y que habrá hecho el equipo sinodal al que él daba las gracias, ¿abrirle los sobres y los correos electrónicos para quitarle trabajo?. Que sinodalidad la suya. Pero estamos de acuerdo en algo que también dijo, que era un jubilado, creo que también se adjetivó como “venerable” … menos lobos caperucita.

Nos alegramos que Osoro cuente ahora con los jubilados, quizá así se acuerde de nuestro emérito ¿o su sinodalidad no da para tanto? De cualquier modo la jubilación y el ser emérito antes o después, nos llega a todos, no lo olvidemos.

Y como la tarde iba de Toños, pues allí también estaba otro profesional de los escenarios y su grupo, el cura obrero en moderno. Quien ya presentara en la catedral su viacrucis particular con intención de hacer caja. No, si estos son todos muy sinodales, pero con cuenta corriente.

Y si la plaza estaba vacía en el acto de clausura, fue más lamentable aún ver como se vaciaba, más si cabe, en el momento de la Eucaristía de clausura del proceso diocesano del sínodo de la sinodalidad.

Todos nos preguntamos qué hace falta para que aquellos que son corresponsables junto con Osoro de la situación que atraviesa nuestra archidiócesis, tengan la humilde dignidad de levantar la voz o la humilde valentía de renunciar a sus cargos. A Osoro no le queremos volver a pedir su renuncia, la anhelamos, sabemos que el final está más cerca, y llegará aunque sea de sorpresa.

Sentimos que el público de Osoro no rompiese en ovaciones como le sucedió a Beethoven, le animamos a que revise si la pieza que está sonando, la sinodalidad, es una obra maestra. La sordera a Beethoven no le impidió crear la maravillosa 9ª sinfonía ni sentir las ovaciones del público, aquí el asunto es más serio porque viendo y oyendo se puede estar cometiendo un pecado de omisión, por el bien que no se hace . ¿O todo es sinodal menos el pecado?

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Comentarios
3 comentarios en “¿Cómo estaba la plaza? ¡Abarrotaaaa!
    1. Dedo en el ojo:

      ¿Por qué «Infovaticana Blogs»??
      ¿Estamos en Inglaterra?
      (la misma a la que se refería Blas de Lezo)
      ¿No es más correcto «Los ‘blogs’ de Infovaticana»?
      (Y cogiendo con pinzas eso de «blogs»)
      (Sí: «cogiendo». Palabra castellana perfectamente decente y limpia, sin el menor contenido malsonante que en otros parajes hayan venido a darle).

      «Oiga, pero ¿viene a darnos lecciones usted aquí?, ¿qué mosca le ha picado hoy?. Váyase con viento fresco, hombre. Que yo le pongo a mi revista el nombre que me dé la gana.»

      «Bueno, mire usted, yo sólo lo decía por aportar. (Así, en plan sinodal). Rásquese si le pica.»

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