¡Vaya error el del párroco de Caná!

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Se hacen lenguas de él pero no se las merece. Porque cometió un error de esos que son parecidos al pecado original, que dura para siempre. Ayer., hoy de madrugadísima, llegué a la conclusión de que no se lo perdonaré jamás. Y creo que todos los sacerdotes de la parroquia, los fieles ya no digamos, coinciden conmigo.

El triduo pascual fue horroroso. Y el culpable de todo es el de la fotografía. Jesús Higueras, párroco de Caná.

Ha pasado a ser expresión general de nuestra lengua lo de las sardinas en lata. Pues, felices sardinas, tan holgadísimas en su lata. Lo nuestro en Caná, mucho peor.

No falta quien asegura que el tan mediático párroco tiene una línea directa con Dios y que así cualquiera. Pues yo estoy en condiciones de desmentir eso. Porque Dios no anima equivocaciones. Y menos si son tan inmensas y de tan penosas consecuencias.

El error imperdonable de Jesús Higueras es Caná. No puede ser inteligente quien quiso algo tan pequeño. Y hasta alguno podría pensar que lo que pretendió fue alejar a los fieles con un recinto en el que cómodamente sólo estarían unas seiscientas personas. Pues ayer deberíamos ser casi dos mil. Las comuniones repartidas fueron mil cuatrocientas. Y el jueves y el Viernes Santo, igual. Como para no ir.

Todos los cananeos, yo el primero, jamás perdonaremos a ese párroco su enorme error de no haber hecho su iglesia, nuestra iglesia, con el doble de cabida. Y aún así en días señalados habría sido escasa.

Y eso no sólo en las grandes celebraciones. Mi mujer en la noche del Jueves Santo fue, intentó ir, a una hora santa. Como a la media hora regresara a casa me sorprendió una hora santa tan escasísisima.  La había sido imposible aparcar incluso en inmediaciones algo lejanas.

Sin embargo Caná tiene el efecto Duracel. Ese de que dura, dura y dura. Pues el fiel de Caná vuelve, vuelve y vuelve. Y además contentísimos en unas condiciones de presión y temperatura inhumanas.

He asegurado que nada de conexión divina pero ahora me viene una constatación que me hace dudar. Lo lógico sería que hubiera cuarenta o cincuenta desmayos o lipotimias. Pues ni uno. Raro también.

Ancianos, medianos, jóvenes, niños, todos aguantando dos horas y además repitiendo, repitiendo, repitiendo.

Pues eso es Caná. Iba a decir que si alguien ajeno quisiera comprobarlo que viniera. Pero, por favor, no. No cabe salvo que nos pongamos ya en dos pisos. Y dos horas con un señor o una señora, aunque no fueran gordos, sobre los hombros es evidentemente imposible.

Pues eso es el horrible Caná, el insoportable Caná… el maravilloso Caná. En esos días se nos dijo que hubo siete sacerdotes confesando horas y horas con una media de doscientas confesiones, más o menos, por confesor. Pues millar y medio de confesiones. En esos días. Que en mi misa dominical de nueve, por supuesto de la noche, hay siempre cuatro curas confesando, con cola. Y en las restantes misas, igual.

Lo dicho. Inmenso e irrecomponible error de Jesús Higueras el haber hecho tan pequeña la catedral de Pozuelo.

Pese a eso, imperdonable, gracias Don Jesús. Por tanto. Que eso es Caná: tanto.

Cierro con una fotografía del exterior de la iglesia. Para quienes no la conozcan

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Un amigo me envía dos fotografías por correo de lo que fue ayer a partid de las once de la noche. Yo no sé reproducir fotografías del Correo pero hoy estaba en mi casa mi nieto Fernando y ahí las tenéis.

En la de las velas se ve que no se ve el pasillo central. Que se abrió con dificultades para permitir el acceso de los sacerdotes al altar y luego volvió a macizarse. Pues ya veis que no exagero.

 

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