Unos indígenas colombianos denuncian al Papa el genocidio cometido con ellos por unas religiosas y por los capuchinos

La noticia sería un chiste si no llegara a haber sido una costumbre que amenaza saturar la correspondencia del Papa. Los indios motilones, los seguidores de Ganesh, quienes no aceptan que el obispo les cambie el párroco, los transexuales casados, los casados o  juntados con personas del mismo sexo, los divorciados que quieren comulgar, los padrinos de una boda o bautizo a los que se les negó el padrinazgo por vivir manifiestamente al margen de la moral de la Iglesia,  al menos hasta la AL, los que pretendieron ocupar las más altas jerarquías en Hermandades y cofradías hallándose en igual caso, los que se oponen al nombramiento de un obispo o de un sacerdote porque no aceptan a alguien que sostenga la fe y la moral de la Iglesia, los que acusan a sacerdotes de pederastia sin la menor causa y sólo con ánimo de extorsión,  las madres, ya bisabuelas, de  Plaza de Mayo, los maderistas, evomoralistas, kirchneristas y castristas, las mujeres sacerdotisas u obispesas…

Y si tiene que ser insoportable recibir tal cantidad de cartas de esa calidad de gente ya agotador pienso que será leer unas cuantas y contestar algunas haciendo equilibrios o ni siquiera haciéndolos para que se queden felices con la respuesta. Antes había un filtro que enviaba  todo eso a la papelera y no se enteraba ni el secretario del secretario del Papa. Ahora una cuantas no sólo llegan al Papa sino que algunas hasta las contesta. Y próximos colaboradores, interpretando lo que creen la voluntad del Papa responden en su nombre con bendiciones que luego hay que desmentir.

Se ha abierto el melón y ahora hasta los indios motilones escriben al Papa para contarle que las lauritas y los capuchinos intentaron acabar con su tribu envenenándoles y casi lo consiguen al menos consiguieron matar a un buen número.

Muchos se han dado cuenta de que con escribir a un Papa tan receptor de todo lo que le llega consiguen una publicidad gratuita e importante. Pues, a por ella. Las cosas más peregrinas, como esta historia de los motilones, pueden tener eco mundial. Imagínense si una religiosa, verdadera o falsa, escribe al Papa denunciando que su superiora, al tiempo que le prohíbe dejar un hábito tan obsoleto como el que lleva y que tanto aleja de las jóvenes, tampoco le permite que una vez a la semana se beba una lata de Coca Cola porque le hace muy bien al estómago pues dice que va contra la pobreza. Y que el Papa le conteste, cosa que es posible dados los antecedentes, que deje el hábito sin problema alguno y que se tome una Coca Cola al día porque efectivamente él la toma desde que se la recomendó una psicóloga paraguaya y le sienta estupendamente. Pues qué mas quisiera la Coca Cola. Y algunos piensan, tal vez erróneamente, que cosas peores ha recomendado.

Pues a ver que hace Su Santidad con los motilones, las lauritas y los capuchinos. Contentar a todos es imposible, callar ante un genocidio de motilones puede ser un escándalo y hacerle parecer mucho más identificado con el genocidio rohingya que con el motilón. Cosa que en Myanmar no parece haber caído nada bien.

Si lo mejor es que al lado del otro el Papa ponga un segundo letrero que diga: Al Papa no se le escriben cartas. Se ahorraría mucho trabajo. El de leerlas y contestarlas. Y alguna experiencia ya tiene de ello. Al menos con cuatro cardenales.

http://www.periodistadigital.com/religion/america/2017/09/06/religion-iglesia-colombia-indigenas-bari-denuncian-al-papa-francisco-haber-sido-envenenados-por-monjas-genocidio-viaje-apostolico-colombia.shtml

 

 

 

 

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