
La escribe el presidente de la Fundación Luis de Trelles dirigida a los miembros de la misma y me parece que en la tragica situación que hoy vivimos deberíamos leerla todos.
Por eso os la traigo al Blog:
DESDE LA FUNDACION LUIS DE TRELLES
CARTA DEL PRESIDENTE
Queridos amigos: En estos momentos trágicos que estamos viviendo, me ha parecido oportuno, como español y cristiano comprometido e impulsado por el recuerdo y el ejemplo del Venerables Luis de Trelles en circunstancias idénticas a las que en este momento sufrimos, dirigirme a esta gran familia que somos sus seguidores con una reflexión sobre esta catástrofe que nos aflige, su origen, actitud de los responsables públicos, ambiente que la rodea, consecuencias y decisiones a tomar como creyentes.
No pretendo dogmatizar. Soy consciente de mis limitaciones y escasa autoridad, pero ante la ausencia de un análisis serio de la situación y de sus responsables, quiero haceros partícipe de la preocupación que siento, repito como cristiano y español y de manera especial como Presidente de la Fundación que, precisamente busca divulgar la memoria de un seglar del siglo XIX que la misma entrega amorosa y absoluta que sintió hacia la Eucaristía la profesó desde la política hacia los hombres y especialmente los más débiles, los perseguidos, enfrentándose a los poderosos de la época, reclamando honradez en el gobierno y denunciando toda suerte de injusticias que sufría la Nación.
Y repito, me mueve de manera especial la ausencia de una postura enérgica ante los responsables de esta situación que está poniendo en peligro la estabilidad social y moral, para algunos ética, de la sociedad, fundamento de la paz de la Nación, porque, como dejó escrito Trelles: “el retraimiento, en política como en religión, o es señal de cobardía y desaliento, o camino recto de formal y rebelde apostasía: como quiera, merecedor de viva y enérgica repulsa.”
A mediados del siglo XIX, ante la peste que asoló a la España rural, [víctima de la desamortización, desprovista de todo sistema asistencial y caritativo] Luis de Trelles, recién establecido en Madrid, además de denunciar dicha situación, movilizó al mundo científico, al gobierno y a los políticos, incluso a la Reina Isabel II, a favor de las zonas afectadas, entre las que se encontraba Galicia, [situación agravada por el hambre] consiguiendo la exención de impuestos y ayudas en todos los ámbitos, que atenuaron aquella dramática situación. También se inscribe en las Conferencias de San Vicente de Paul, recién establecidas en España por el científico y músico Santiago Masarnau en 1849 en la Iglesia de San Sebastian de Madrid; Conferencias que fueron suprimidas y sus bienes incautados por la Revolución de 1869, aunque años más tarde, por las gestiones de Concepción Arenal y presumimos, también, de Trelles, se restauraron y sus bienes devueltos.
Trelles en la denuncia de la peste y el hambre estuvo acompañado por clérigos, prelados y seglares comprometidos, que mas tarde serían sus colaboradores en las dos grandes tareas, entre las muchas que protagonizó: el canje de prisioneros en la III Guerra Carlista y la fundación de la Adoración Nocturna a Jesús Sacramentado. Aunque es conveniente recordar que en aquella época, el pueblo, que, como siempre, es el que más sufre estas desgracias, aun conservaba un sentido religioso de la vida en el que se protegía y actuaba como bálsamo que atenuaba sus desgracias. Aun conservan algunos lugares de nuestra Patria el Voto a distintas advocaciones de la Virgen y a San Roque [precisamente abogado de la peste y ahora olvidado] por beneficios recibidos cuando las pandemias azotaban a los pueblos o con ocasión de alguna desgracia.
Con independencia al verdadero, o, cuando menos dudoso origen comunista de la peste y su rápida propagación, [seriamente no se puede descartar ninguna hipótesis, incluso un ensayo de un nuevo tipo de guerra] a los numerosos interrogantes sobre los que se extiende un sospechoso silencio, y a la dolosa, o, cuando menos, irresponsable pasividad de quienes venían obligados a anticiparse a sus previsibles y catastróficos efectos, se ha puesto de manifiesto la fragilidad de la sociedad actual, aparentemente suficiente y opulenta, pero débil, y, en muchos aspectos, indefensa ante las incontrolables fuerzas de la naturaleza o ante la manipulación científica, sin límites morales, que terminará por destruirnos. Una sociedad sensiblera, pero en el fondo carente de valores morales o éticos, deshumanizada, cuyo ejemplo ha sido, en estos momentos, el abandono criminal de los ancianos por parte de los poderes públicos de algunas Comunidades, salvo honrosas excepciones, cuando, paradojas de la política, esos mismos políticos pretenden aprobar una ley de “muerte digna”, dicen a favor de esos ancianos que han dejado morir sin la asistencia a la que tenían preferente derecho, como hacedores de la sociedad del bienestar que disfrutamos.
Además de la peste y de la criminal frivolidad con que inicialmente fue tratada por las autoridades, es igualmente grave, la pandemia que pretende vaciar de toda trascendencia al hombre de hoy, dejándole a la intemperie de todas las ambiciones que mueven el mundo, Se pretende crear una sociedad sin Dios, o contra Dios, que al final se volverá contra nosotros, con un precio nada halagüeño: una situación que escape a nuestro control.
Ante tanta desventura reconforta la reacción de la gente: [Dios que buen vassallo, si oviesse buen señore”] en su disciplina y reconocimiento hacia todos los que vienen combatiendo esta epidemia desde la primera línea médica y desde los servicios que permiten que el hombre siga esperanzado y venza esa angustia y soledad que nos aflige; soledad reflejada en esa imagen del Papa al atardecer , caminando solo bajo la lluvia sobre la empedrada plaza del Vaticano al encuentro con Dios Eucaristía.
Sin embargo no comprendo porque desde el primer momento no se organizó bien a nivel de España o de toda la Cristiandad, dados los actuales medios que permiten comunicarnos, un movimiento de caridad/oración diocesano y parroquial que transmitiese el Mundo el mensaje de nuestra Fe, tal como hicieron nuestros antepasados en idénticas situaciones, pues volviendo a Trelles: “Pasamos por días de prueba y amargura, pero seamos guardadores de la fe que nunca se extingue, y que arraigan en su pecho hombres y mujeres a quien ni la seducción corrompe, ni la ambición ofusca, ni la contrariedad abate; ostentemos nuestra fe y pensemos que con fe no hay contradicción que no venza, ni esperanza legítima que no se cumpla”.
Por ello os invito que mientras dure esta situación, además de la práctica de la Caridad en su amplio sentido [no exclusivamente limosnera] a las seis de la tarde, hora en la que nos examinarán en el amor, imploremos de Nuestro Señor Jesucristo, por mediación de venerable Luis de Trelles, el descanso en paz de los fallecidos y la salud espiritual y material de toda la Humanidad.
Vigo Semana de Pasión 2020.
Antonio Troncoso de Castro.
Presidente Fundación Luis de Trelles.