Me envían el siguiente artículo:
FRANCISCO Y EL OPUS DEI
A juzgar por los dos “motu propio” que Francisco ha dedicado al Opus Dei en el plazo de un
año, no parece que el Pontífice tenga especiales simpatías por el Opus Dei. Bajo una forzada
argumentación de carácter jurídico-canónico, el Papa altera significativamente el carisma de la
Obra, cosa que ningún Papa anterior había hecho con los carismas que han surgido en la
Iglesia. Al contrario, los Pontífices han ido ajustando el Derecho Canónico a las nuevas
realidades que el Espíritu Santo ha ido suscitando en la Iglesia, y no al revés, como en este
caso.
San Josemaría Escrivá forma parte de la nómina de santos que han conformado realidades
eclesiales nuevas, rompiendo moldes. San Benito, San Francisco, Santo Domingo, San Ignacio
de Loyola, son ejemplos de grandes innovadores, fundadores de formas pastorales
completamente nuevas en la Iglesia. Los Papas entendieron que estaban ante el soplo de
Espíritu, acogieron estas novedades y les dieron un cauce jurídico acorde con su carisma.
Pero con el Opus Dei, no es así. San Josemaría fundó una realidad eclesial completamente
nueva en la Iglesia, formada por laicos y laicas comprometidas a santificarse en medio del
mundo. De esos laicos saldrán algunos sacerdotes, con la misma vocación que los laicos, para
atender sacramentalmente a sus hermanos. Así lo vio Pio XII quien creó una figura jurídica
nueva (los institutos seculares) para proteger el carisma de la nueva realidad eclesial. Y San
Juan Pablo II dio un paso más convirtiendo el Opus Dei en prelatura personal. Aunque,
efectivamente, las prelaturas personales están formadas por clérigos, en la Bula de erección de
la Obra en prelatura se habría la vía para una vinculación de los laicos, que, en los Estatutos
aprobados también por el Papa, se perfilaba mejor. El carácter laical y secular de la Obra es un
elemento básico de su carisma que Francisco liquida con su motu proprio. De ser un gran
movimiento laical, pasa a ser clerical, con los laicos en un papel secundario.
¿Puede un Papa ahogar por razones estrictamente jurídicas un carisma como el del Opus Dei?
Militan de una forma o de otra en la Obra unas 90.000 personas. Los medios de apostolado de
la Obra son enormes: universidades, colegios, centro de capacitación agraria y de promoción
de la mujer, dispensarios, clubs juveniles, iglesias públicas, parroquias, centros de retiros y un
largo etcétera que convierten a la Obra en la institución más importante de la Iglesia. ¿Puede
un Papa ignorar todo esto?
Pues parece que lo ignora. Parece estar más preocupado por cambiar la forma jurídica de una
institución que ya tenía una, que funcionaba bien, fiel a la Santa Sede y al Magisterio, que por
el cisma alemán. Sorprenden estas prioridades en una Iglesia que necesita evangelizar. El
propio Papa, por ejemplo, en la última JMJ (donde por cierto había muchos jóvenes
provenientes de centros vinculados al Opus Dei) ha insistido en la evangelización. ¿No es el
Opus Dei un magnífico instrumento de evangelización en todo el mundo?
El fin de la evangelización, que ha de ser prioritario, ha cedido a una disputa académica entre
canonistas. El jesuita y canonista Ghirlanda ha encabezado una persistente campaña para
forzar estos motu propio. Y el Papa, a quien se le supone una mayor altura de miras, ha
sucumbido a la presión. Algo incomprensible, si consideramos que lo prioritario es la
evangelización, el apostolado y, sobre todo, el que realiza la Obra desde las mismas entrañas de
la sociedad.
En este caso, la Iglesia no ha actuado como en otros momentos de la Historia: adaptando el
Derecho a los carismas que han ido surgiendo. La Compañía de Jesús, por ejemplo, fue una
novedad eclesial en muchos aspectos y bastante rupturista frente las Órdenes religiosas de su
época. Un Ghirlanda del siglo XVI quizás hubiera ahogado el carisma de San Ignacio. Se ha
hecho con el Opus Dei una interpretación rígida del Derecho Canónico, lo cual contradice las
repetidas manifestaciones de Francisco contra la rigidez. No parece que predique con el
ejemplo.
El Papa advierte constantemente contra el clericalismo. Y, sorprendentemente, un carisma
eclesial sustancialmente laical y secular lo convierte en clerical, colocando a los laicos en
posición subordinada a los clérigos, cuando el carisma fundacional y novedoso del Opus Dei es
precisamente que unos y otro comparten el mismo carisma y la misma vocación y así, los
laicos, pueden tener cargos directivos en la Prelatura.
La Obra acatará y obedecerá al Papa, sabiendo que tras un Papa viene otro y lo que ha hecho
uno lo puede corregir otro. Pero hay algo que el motu proprio no podrá cambiar: el sentido de
pertenencia. Los miles y miles de laicos católicos que han encontrado su hogar espiritual en el
Opus Dei, seguirán sintiéndose miembros de la Obra, por supuesto no desde el punto de vista
jurídico canónico, pero sí en el espiritual. En la Obra, sacerdotes y laicos, aunque unos
canonistas hayan querido trastocar su espíritu, seguirán compartiendo el mismo carisma y la
misma vocación. Y el tiempo irá poniendo las cosas en su sitio. Clemente XIV disolvió la
Compañía de Jesús en el siglo XVIII. Cuando unos decenios más tarde, Pío VII restableció la
Compañía, resurgió con mucho más vigor y convirtiéndose en la institución más numerosa de
la Iglesia.